El día en que encargaron a Juan de Mesa el Cristo de la Conversión

Es difícil empezar a leer este artículo sin observar durante unos segundos esta exuberante instantánea del misterio de la Conversión del Buen Ladrón. La imagen presenta el paso de misterio con una riqueza exquisita, muy similar a la que presenta en nuestros días. Como el lector puede imaginar, la fotografía esconde una historia tras de sí. Es Viernes Santo de 1900 y los hermanos de Montserrat saben que han dejado atrás el siglo más importante de su historia. 

Las primeras Reglas como Hermandad de Penitencia fueron aprobadas por la Autoridad Eclesiástica, concretamente por el canónigo D. Antonio Luciano de Negrón, gobernador sede vacante, el día 10 de abril del año 1601. En el archivo de la Hermandad se conserva una copia de estas reglas, en un valioso ejemplar datado cien años más tarde, en 1701, que transcribe literalmente las originales. En estas Reglas ya se prescribía la estación a la Santa Iglesia Catedral en la tarde del Viernes Santo, con cofrades de sangre y de luz. La túnica de los hermanos se describe con exactitud: «todos los hermanos así de sangre como de luz an de llevar túnicas i capirotes llanos de lienso blanco i escapularios azul i un escudo con un monte Calvario i dos ángeles ensima con una sierra i en el Buen Ladrón i en la procesión an de llevar un paso de el dicho escudo i una imagen de Nuestra Señora i un Christo crucificado (…)».

La Hermandad de Penitencia se constituyó en la Iglesia Parroquial de San Ildefonso, predominando los vecinos de la zona, entre ellos numerosos curtidores, boteros y odreros, oficios relacionados con la vecina Carnicería (en la actual plaza de la Alfalfa). Allí permaneció hasta el año 1650, en que acordó trasladarse a la Iglesia de San Pablo de los Padres Dominicos, al parecer por las molestias que ocasionaban unos baños públicos contiguos a la Capilla que ocupaba en San Ildefonso, quedando afectados por la humedad los enseres de la Hermandad.

Curiosamente los beneficiados de la Iglesia de San Ildefonso se negaron al traslado de la Cofradía de Montserrat al Convento de San Pablo. Con tal motivo, y dada la actitud intransigente de los citados beneficiados, el Provisor del Arzobispado otorgó un mandamiento con fecha 16 de noviembre del año 1650, amenazando con pena de excomunión al que se negase a esta traslación. De los orígenes catalanes de la Hermandad habla un elocuente dato: el 5 de febrero de 1611 se produce la agregación de la Cofradía al Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat en Cataluña.

El 5 de mayo de 1619, Alonso Díaz, mayordomo de la Hermandad de Montserrat, realizó al imaginero Juan de Mesa y Velasco el encargo de “una hechura de Cristo Nuestro Señor crucificado, de madera de cedro de indias, de estatura natural, que tenga nueve cuartas de alto desde la punta de los pies hasta la cabeza, quedando en postura de vivo, hablando con el buen ladrón clavado en la cruz”, 400 años después rememoramos la firma de ese contrato. La imagen fue tallada por el escultor Juan de Mesa entre los años 1619 y 1620, siendo realizada en madera y policromada, de 1,92 metros de altura. Representa a Cristo crucificado vivo, en actitud dialogante, en el instante en el que habla con San Dimas, el Buen Ladrón, que en ese momento está a su lado.

En 1650 la Comunidad del Real Convento de San Pablo otorgó a la Hermandad escritura de cesión de un solar en el compás del referido convento para edificar la nueva Capilla, que se concluyó en el año 1656. La Cofradía adquirió auge a mediados del siglo XVII, al trasladarse a San Pablo. Comenzaron a ingresaron en ella los mercaderes de lienzos, sosteniendo el culto y gastos de la Hermandad. El historiador Bermejo señala que “la procesión del Viernes Santo, con los intervalos propios de los tiempos y de las circunstancias salió hasta el año de 1761”.

En 1761 sufrió un fuerte revés cuando el gremio de mercaderes de lienzos – la última agrupación que entró a formar parte de la nómina de esta cofradía – se subrogó en la propiedad de la Capilla, las Imágenes y enseres de la Cofradía; manteniendo sólo los cultos internos. Así numerosos enseres pasaron a formar parte de la Hermandad del Valle como el paso del Señor, obra de Martínez Montañés, así como varas e insignias.

Pocas noticias nos llegan sobre la cofradía de Montserrat en la primera mitad del siglo XIX hasta 1849. En la Semana Santa de aquel año varios jóvenes devotos pretendieron restablecer la Hermandad para restablecer el culto a sus Imágenes, considerando que la corporación no estaba canónicamente extinguida. No obstante tuvieron un obstáculo en la reorganización de la cofradía, el cual tenía el nombre del gremio de los mercaderes de lienzos. Estos mismos que subrogaron las propiedades casi un siglo antes, se opusieron a estos jóvenes y pleitearon con la hermandad por la propiedad de la Capilla y las Imágenes ante la Jurisdicción Civil. Sin embargo, el pleito fue ganado por la Hermandad en 1850 y con ello se aprobaron las nuevas Reglas.

La nueva junta encargada de la Hermandad con la idea de recuperar el auge perdido, buscaron patrocinio en la burguesía local que se extendía en la pequeña Corte de los Montpensier en Sevilla. Esta ayuda se vio manifestada inmediatamente siendo nombrados Hermanos Mayores Perpetuos Antonio María de Orleáns y Luisa Fernanda de Borbón,   Duques de Montpensier. Asimismo la Reina María Amelia, madre del Duque de Montpensier, sirvió como Protectora de la Cofradía y Camarera de la Santísima Virgen.

La primera que vez que Montserrat vuelve a procesionar en este siglo es el Viernes Santo de 1851. La cofradía realizó estación de penitencia a la Catedral con nuevos pasos, un cortejo de 150 hermanos – una cifra elevada para la época – y con la representación de los Duques de Montpensier. Los años posteriores al renacer de esta cofradía están marcados con la adquisición de un patrimonio de gran valor y la distinción de su idiosincrasia romántica. Son las décadas que marcaron el camino de la Hermandad de Montserrat tal y como hoy la conocemos. El cortejo incorporó nuevos acompañamientos, uno desapareció como el cuerpo de soldados romanos, y otros que aún siguen procesionando cada Viernes Santo como es la representación simbólica de la Virtud Teologal de la Fe encarnada por una joven y de la Santa Mujer Verónica. Incluso llegó a sacar tres pasos a la calle desde 1960. El primero y desaparecido de ellos era de carácter alegórico y representaba a San Isaías escribiendo su profecía.

El siglo que vio resurgir a esta hermandad terminó con una Semana Santa protagonizada por un grave incidente en esta cofradía. El paso de palio ardió tras la caída de uno de los cirios en la calle Murillo. Los daños no pasaron más allá del manto que tuvo que ser rehecho con los bordados que pudieron rescatar, mientras la Dolorosa que no sufrió graves desperfectos fue restaurada por Gutiérrez Cano. Así acabó el siglo XIX, una centuria que contempló como Montserrat pasó del olvido a ser una de las hermandades más fuertes de la Semana Santa Hispalense.