Sevilla, ⭐ Portada

El día en que la Reina de la Calzá se convirtió en la Estrella de Oriente para anunciar a Sevilla la llegada del Hijo de Dios

La mañana estaba hecha para Dios. La naturalidad del aire, el ruido de los vencejos que sobrevuelan la Plaza Virgen de los Reyes y el cielo que quería abrirse para recibir a la Virgen de la Encarnación. Todos estos exponentes se han fusionado para hacer del momento algo inolvidable. Y la mañana quería serla. Para que Sevilla comprendiera el misterio de la Encarnación en una cara Dolorosa que no deja de mirarse al vientre.

Lucía la Virgen de San Benito colores nada habituales para procesionar gracias a sus estrenos. La nueva saya de color rosa y el antiguo manto de Padilla restaurado y pasado a terciopelo azul. El exorno floral volvió a despertar comentarios tras la sofisticación y elegancia del mismo. No es extraño dado que estamos en la que pude definirse como la etapa de oro del arte floral en las cofradías. 

Salió el palio pasadas las nueve y veinte de la mañana de una manera radiante a sones de ’25 Aniversario Encarnación’ y ‘Encarnación Coronada’. Bonita estampa la que dejaba entrando en Alemanes con la Giralda al fondo y las notas toreras de ‘La Virgen de los Desamparados’. La Virgen de la Encarnación llegaba a la Cuesta del Rosario confirmando que igual que pudo dar vida a Jesús puede convertir una mañana de diciembre en primaveral.

Siguió transcurriendo por Francos aprovechando las estrecheces para dejar los momentos más melancólicos con ‘María Santísima del Dulce Nombre’ y ‘Cristo en la Alcazaba’. En la Cuesta del Rosario después de sonar ‘Candelaria’, el capataz dedicó la levantá a Manuel Cruz Freire, hermano mayor del Calvario recientemente fallecido que también pertenecía a la nómina de San Benito. En la Plaza de la Pescadería mientras el palio subía la Cuesta del Rosario, las representaciones que acompañaban al cortejo se retiraron.

Muy romántica discurría por Odreros, Boteros y Sales y Ferrer. El público no dejaba de mirar a la Virgen enamorándose a los sones de ‘Nuestra Señora de la Encarnación’ de Braña y ‘Macarena’ de Cebrián. En la Plaza de San Pedro se aglomeró una gran multitud para ver a la Reina de la calle Oriente. Ya en la calle Dormitorio el palio explotó ante una gran petalá mientras sonaba ‘Palomita de Triana’. una multitud indescriptible e incalculable acompañó a la Reina de San Benito a lo largo de todo su discurrir. «Parece Semana Santa» o «está haciendo una procesión muy sevillana», eran algunos de los comentarios que se multiplicaban con fruición por las aceras al espectacular paso del elegante y festivo caminar de la Virgen de la Encarnación. Tampoco faltaron comentarios sobre el exorno floral, sofisticado a la par que elegante. No es extraño, dado que nos encontramos en la que puede definirse como la etapa dorada del arte floral en las cofradías.

Uno de los momentos más especiales de la procesión de vuelta tuvo lugar en la calle Santiago ante la iglesia de la Hermandad de la Redención. No cabía un pétalo más en el techo del palio ni un alma en la plaza, que anoche acogió una zambombá flamenca y hoy cambiaba villancicos por el aplauso hacia la Madre que llora por el Hijo muerto. Si en la noche el público fue pastor de una incipiente Navidad en la mañana acogió el dolor de María como propio. Avanzaba por las estrecheces de Muro de los Navarros con la mirada baja, como la Guadalupana que en azulejo oteaba desde lo alto, rodeada de ese azul que no pintó el cielo porque estaba en la tierra: en la mirada de Agustina, de 95 años, que lloraba y pedía por sus nietos cuando la vio pasar o Joaquín, que llevaba a su primer hijo en brazos tras la Virgen de la Encarnación, con un traje de lana y lazos azules anudados en los tobillos. 

Minutos más tarde, cuando el cortejo se adentraba en Luis Montoto, la Banda de Música Municipal de La Puebla del Río regalo a la Virgen la marcha ‘Madrugá Macarena’. Quizá fuera la emoción de acercarse a su barrio pero los presentes no duraron en comentar que la marcha pareció sonar como pocas veces lo había hecho al rotundo compás interpretado por la formación musical. fue precisamente en ese enclave cuando se produjo uno de los incidentes de la jornada cuando parte de la policía que tenía encomendado ir abriendo paso a la procesión hubo de trasladarse a La Florida tras el atropello de una mujer por parte de un conductor.

Ya en su barrio, entrada la tarde, el palio dejó instantes para el recuerdo, cómo ir el instante imperecedero en el que la Virgen puso a Sevilla boca abajo al son poderoso de «Encarnación de la Calzada» entre la ovación y la aclamación enfervorizada de sus fieles. El más esperado fue la visita a la Residencia de las Hermanas de los Pobres. La Virgen que visita cada año a estas hermanas no se olvidó de ellas en esta efeméride. El cielo seguía gris, pareciendo la saya rosa del mismo color que aquellas paredes de los patios en los que se le rezaba cuando era «Palomita de Triana», la que cruzó el puente para anidar en el corazón de los vecinos de la Calzá. Se marchaba la dolorosa a los sones «Pasan los campanilleros», interpretada por la Banda «Santísimo Cristo de la Sangre», de la residencia para enfilar su sede canónica.

A las 15:42 la Cruz de guía entraba en la Parroquia de San Benito. La Virgen de la Encarnación regresó a la iglesia de San Benito dejando grandes momentos que siempre estarán en las retinas de sus hermanos. Accedió a su sede canónica tras ‘Encarnación Coronada’, ’25 aniversario Encarnación’ y el himno nacional. La Reina de la Calzá fue la Estrella de Oriente que ha anunciada a Sevilla que pronto llegará el Hijo de Dios. Mientras, Ella seguirá estando en su barrio para el rezo de todas las madres que en esta tarde se identificaron con la Virgen que siempre llevará el vientre lleno del amor más grande que habita entre nosotros.

 

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