El hermoso gesto de la Paz y Esperanza con la única Esperanza de la capital ausente en el Vía Crucis Magno

Entre los múltiples detalles que acompañan la celebración del Vía Crucis Magno de Córdoba, destaca uno particularmente significativo por su carga simbólica: el gesto de la Hermandad de la Paz y Esperanza hacia la Hermandad de las Palmeras, cuya titular, María Santísima de Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra, no figura entre las imágenes participantes en este magno acontecimiento conmemorativo del VI centenario del ejercicio piadoso promovido por el beato Álvaro de Córdoba. Se trata, además, de la única Esperanza de la capital ausente en la cita.

Durante este Vía Crucis Magno, la Paloma de Capuchinos ha querido recordar a su homónima claretiana luciendo un broche cedido por la Hermandad de las Palmeras, un gesto fraterno que refleja la unión espiritual entre ambas corporaciones, hermanadas por su común advocación mariana y su salida procesional el Miércoles Santo.

La ausencia de María Santísima de Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra supone una ocasión devocional y artística desaprovechada, pues habría sido la única imagen bajo esta advocación integrada en un paso de misterio. Su presencia habría permitido, además, la contemplación del Santísimo Cristo de la Piedad, imponente obra de Antonio Bernal Redondo, cuya fuerza expresiva y hondura teológica la convierten en una de las referencias mayores de la escultura sacra contemporánea cordobesa.

La dolorosa, imagen de candelero anónima del siglo XIX, fue tallada en madera de cedro y procede de la casa-capilla de los Padres Claretianos de la calle Doña Guiomar de Sevilla. Incorporada en 1983 al conjunto del misterio, pasó a situarse a los pies del Crucificado. Su advocación original de Nuestra Señora de la Esperanza fue sustituida, tras la aprobación de los nuevos estatutos, por la actual de María Santísima de Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra, denominación tomada de la antífona de la Salve Regina, que subraya el papel de la Virgen como fuente de consuelo, vida y esperanza para los fieles.

En 2015 fue restaurada por el propio Antonio Bernal, quien recuperó la serenidad y dulzura original de su semblante. Su ausencia en este Vía Crucis Magno deja un vacío sensible entre las Esperanzas cordobesas, aunque el noble gesto de la Paz y Esperanza ha servido para mantener viva su presencia simbólica en una jornada marcada por la fe, la fraternidad y la devoción compartida.