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Sevilla, ⭐ Portada

El incendio de 1893, el triste suceso que padeció la Virgen de la Amargura

Las actas de la corporación recogen cómo se vivió este acontecimiento

El Domingo de Ramos tan solo dos hermandades salieron a la calle. Las Aguas y la Amargura dispusieron su cortejo con la finalidad de hacer estación de penitencia hacia la Santa Iglesia Catedral pero el segundo de los pasos de la corporación de San Juan de la Palma no pasó de la Plaza de San Francisco, donde había instalados 84 palcos y 800 sillas.

Apunta Mejías Torres que aquel año se estrenaron los respiraderos y la peana del paso de palio, ambas realizadas por Cristóbal Ortega Chacón. Cuando la cofradía llegó a la Plaza de San Francisco, uno de los acólitos que portaba un cirial avisó de un extraño humo que ascendía por la saya de la dolorosa. Una lámpara que alumbraba a los costaleros provocó que el paso comenzase a arder, ascendiendo el fuego rápidamente por las ropas de las imágenes. Esto provocó que tuvieran que quitarle con inusitada celeridad las ropas tanto a la Virgen de la Amargura como a San Juan, para evitar así que el fuego alcanzase el rostro de las imágenes. El discípulo amado fue sacado con tal fuerza que acabaron partiéndole una pierna y ocasionándoles daños en un brazo, mientras que el fuego alcanzaba ya las manos de la Virgen. Desde el Ayuntamiento sacaron una enorme alfombra roja para cubrir las imágenes, que quedaron frente a los fieles sin ropas, observándose los candeleros.

Estado en el que quedaron las imágenes tras el suceso. Obsérvese San Juan sin su mano derecha.

San Juan, que sufrió además desperfectos en la encarnadura, acabó siendo vestido con túnicas de nazarenos. La Hermandad de Pasión ofreció un manto perteneciente a la Virgen de la Merced para cubrir a dolorosa, que regresó hasta su sede canónica por Entrecárceles, Cuna, Universidad, Encarnación, Coliseo, Alcázares y San Juan de la Palma. La imagen de San Juan iba sostenida por un hermano mientras la Virgen llevaba el manto de la dolorosa de Pasión. El paso llegó con todas las velas apagadas acompañado por parte de los nazarenos. Otros continuaron acompañando al paso del Señor, que prosiguió con la estación de penitencia.

Una vez en el interior del templo, pudieron comprobar que el humo había afectado más de lo que se pensaba al rostro de la dolorosa, echando en falta además la desaparición de algunas alhajas, como una pulsera de brillantes, un alfiler y varias perlas. Por su parte, el manto, valorado en 16.5000 pesetas y la saya, que costó 4.000 quedaron inservibles. El fuego había provocado tales desperfectos que hacía imposible una restauración de las piezas.

En el interior de San Juan de la Palma se llevó a cabo un cabildo de urgencia para tratar este suceso. Se decidió que un número de hermanos recorriere la carrera oficial acompañados por un sacerdote pare pedir donativos con el objetivo de paliar los gastos. Días más tarde se abrió una bolsa con igual fin, encabezando esta iniciativa la infanta María Luisa, quien donó 500 pesetas.

La noticia corrió pronto entre la ciudad. Incluso Gabriel de Astorga se ofreció gratis a restaurar la imagen de la dolorosa y Elisa Rivera también contactó con la corporación para ejecutar una nueva saya bordada. El suceso, acontecido el 26 de marzo de 1893 volvió a ser tratado en un cabildo celebrado el 14 de abril, acordó que Antonio Susillo y Manuel Rosso efectuasen la restauración sobre la Virgen de la Amargura, labrándole nuevas manos, que vinieron a sustituir las anteriores. También fue consolidada la imagen de San Juan Evangelista.

Desde aquel suceso la Virgen de la Amargura ha sido restaurada en diversas ocasiones. En 1913 y 1917 por José Ordóñez Rodríguez, en 1928 por Manuel Galiano, en 1950 y 1974 por Francisco Buiza, en 1980 por Francisco Peláez del Espino, en 1995 por Fuensanta de la Paz Calatrava -en el IAPH- y más recientemente por Gutiérrez Carrasquilla, regresando al culto el pasado 4 de febrero. El restaurador recuerda en cuanto a la policromía original que “no es que no se pudiera llegar, es que no había tal policromía”. Tras el incendio se le añadió una segunda capa, por lo que a pesar de los adelantos y las intervenciones realizadas, las imágenes también guardan en su interior las heridas del pasado.

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