Córdoba

El letrero del Paseo Virgen de la Merced sufre un acto vandálico

En los últimos tiempos se multiplican los actos vandálicos de los que son objeto edificios de índole civil o religioso así como el mobiliario urbano que preña nuestras ciudades, que sufre la falta de educación y la ira de sujetos de dudosa calaña, que coexisten con las personas normales, destrozando todo aquello cuando les rodea y evidenciando su falta de civismo y el más mínimo respeto por sus semejantes.

El último de estos actos vandálicos, seguramente no el más importante pero sí muy significativo, lo ha sufrido el letrero que nomina el «Paseo Virgen de la Merced», en la capital cordobesa que ha sufrido la sinrazón de algún o algunos individuos, que son incapaces de entender que sus actos tienen consecuencias en forma de gasto público para el resto de ciudadanos que religiosamente pagan sus impuestos y con ellos, el mantenimiento de todos aquellos bienes y servicios que nos rodean. El último letrero que queda con vida -ahora maltrecha- toda vez que el que existía en el otro extremo de la vía hace mucho que fue arrancado.

Fue el 22 de marzo de 2013, Viernes de Dolores, cuando tuvo lugar la inauguración oficial del «Paseo Virgen de la Merced», situado frente a la parroquia de San Antonio de Padua, sede canónica de la Hermandad del Lunes Santo. Todo ello en virtud del acuerdo adoptado en los primeros días de septiembre del año previo, por la comisión de gobierno de la Gerencia de Urbanismo, y ratificado el 21 de septiembre por la junta local del Consistorio, para que el paseo y los jardines de la Avenida Agrupación Córdoba adoptasen esta nomenclatura. Un acuerdo que materializó el anhelo de cientos de vecinos que, con sus firmas, así lo solicitaron.

El destrozo causado propiciará que haya que reparar o sustituir la vertical del letrero, algo que, más allá del coste que pudiera suponer, vuelve a demostrar que algo está podrido en la sociedad en que nos ha tocado vivir cuando algunos de los presuntos ciudadanos que nos rodean se permiten el lujo de destrozar lo que encuentran a su paso por capricho o divertimento.

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