El Capirote, Opinión, Sevilla

El mundo al revés

Asiste quien suscribe con asombro a los devenires sobre el Santo Entierro Grande. Desde que saltara la noticia en los medios de comunicación no han cesado de sucederse teorías, hipótesis y demás planteamientos sobre el que será el gran acontecimiento cofradiero del próximo año. No hay círculo en el que no se haya abordado los pasos invitados, los itinerarios o las bandas que acompañarán a las sagradas imágenes. Desde la playa hasta el más céntrico de los bares tradicionales, pasando por medios de transporte o en las casas de hermandad.

Si algunas de las cábalas que se hacían en los círculos eran de lo más rocambolescas no menos han sido las informaciones con cuentagotas que han ido desvelando los medios. Puede escaparse la intencionalidad con la que se lleva a cabo tal fin, pero no hay nada como esperar el devenir de los acontecimientos para que entonces entendamos cómo comienza a recomponerse el rompecabezas.

Resulta que una vez que los pasos son invitados a formar parte del Santo Entierro Grande llega el turno de elegir el espacio. Y cuando se rechaza el plan de la Alameda, que no dura en pie ni 24 horas, se pone en marcha todo un engranaje que escapa a los lectores y que tiene un único objetivo: desprestigiar a las hermandades. Algo inusual. Asistimos a un espectáculo imparable. Porque durante semanas estamos –y estaremos– leyendo –y escuchando– cómo cierran filas en torno al Consejo y se afanan en sacar a relucir el nombre de las hermandades que se negaron a aceptar el plan de la Alameda o las que estuvieron a punto de rechazar su asistencia después del circo mediático formado que ha vuelto a poner en el punto de mira al universo cofradiero.

No hay que ser muy hábil para predecir cómo se desarrollarán los acontecimientos. Defendamos a un Consejo que a pesar de meter la pata cuenta con un determinado número de medios que hacen lo blanco negro con tal de tener las novedades en torno a un organismo al que no puede negársele que la gestión de este acontecimiento ha sido de todo menos discreta. ¡Y hasta eso ponen en duda algunos periodistas! Y a cada paso que se da, allí aparecen para dejar manifiestamente clara una postura que nos quieren meter con calzador: la de un Consejo que está haciendo todo lo posible frente a unas hermandades que parece que están empeñadas en cargarse el Santo Entierro Grande. El mundo al revés, señores. Ataques impropios nada permisibles que cuentan con la anuencia de aquellos que mueven los hilos –y que se pirran por la foto cual postureadores– y que aplauden en la sombra viendo cómo se da la vuelta a la tortilla para que no acaben siendo señalados mientras que ríen con sorna desde su poltrona. Uno se pregunta si este es el tipo de prensa que merecemos.