El ciclo ‘Diálogos con la Fe’ ha arrancado en Almonte con una reflexión de Santiago Gómez Sierra sobre la conversión personal, su dimensión social y la responsabilidad de preservar la identidad cristiana de El Rocío, en un tiempo jubilar que el prelado ha planteado como una oportunidad para volver a situar la fe en el centro.
Una oportunidad para volver a lo esencial
El Salón de Actos de la Casa Hermandad Matriz ha acogido la primera conferencia de ‘Diálogos con la Fe en el Año Jubilar del Rocío’, una iniciativa promovida por la Hermandad Matriz que pretende generar espacios de formación y reflexión durante este periodo extraordinario. La apertura del ciclo ha corrido a cargo del obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, con una intervención titulada ‘El Año Jubilar del Rocío. Una oportunidad y una responsabilidad para Almonte y para las hermandades del Rocío’.
Junto al obispo han participado en la mesa el presidente de la Hermandad Matriz, Santiago Padilla, y el párroco de Almonte y rector del Santuario del Rocío, Francisco M. Valencia. Ante los asistentes, Gómez Sierra ha presentado el Jubileo como un momento propicio para regresar a lo fundamental de la vida cristiana y emprender un nuevo comienzo, vinculando esta experiencia a la reconciliación, la oración y la renovación interior.
Dentro de su exposición, el prelado ha abordado asimismo el significado de la indulgencia, subrayando que el tiempo jubilar en torno a la Virgen del Rocío constituye para los creyentes una ocasión extraordinaria de renovación personal y de encuentro con Dios.
Sin embargo, el obispo ha advertido de que esa transformación no puede circunscribirse exclusivamente a la esfera individual. La forma en que cada persona vive, decide y ejerce su libertad, ha señalado, termina teniendo una incidencia sobre el entorno social, de manera que el cambio interior puede proyectarse también sobre la sociedad. Desde esta perspectiva, ha defendido que el Jubileo debe ser entendido como una oportunidad para contribuir a la regeneración social desde la responsabilidad personal.
“Conservar no basta”
Uno de los ejes centrales de la intervención ha sido la responsabilidad que el Año Jubilar plantea a la Hermandad Matriz, la Parroquia de Almonte, las Hermandades del Rocío, la Diócesis y el propio pueblo. Gómez Sierra ha reclamado una mirada que vaya más allá de la mera preservación de las tradiciones y del patrimonio, estableciendo una diferencia entre conservar las manifestaciones culturales vinculadas a El Rocío y mantener viva la raíz cristiana que sustenta su identidad.
El obispo ha sintetizado esta cuestión con una afirmación particularmente significativa: “Conservar no basta”. A partir de ella, ha planteado que el verdadero desafío consiste en preguntarse cómo conseguir que El Rocío continúe siendo un lugar en el que las personas puedan encontrarse con Dios a través de la Virgen.
Esta reflexión le ha llevado a situar la misión evangelizadora como uno de los principales horizontes para las hermandades, una tarea que, a su juicio, debe impregnar sus ámbitos de culto, formación y caridad. La evangelización, ha explicado, no puede medirse únicamente por el número de personas que participan o acuden a El Rocío, sino por la capacidad de ayudar a quienes llegan hasta este enclave a comprender el significado de aquello que contemplan y viven, de modo que la devoción a la Virgen conduzca hacia su Hijo.
El reto de transmitir la fe a las nuevas generaciones
Gómez Sierra ha advertido además sobre una realidad que considera especialmente relevante: el creciente desconocimiento de los contenidos y símbolos fundamentales de la fe cristiana. Muchas personas se aproximan actualmente a las manifestaciones religiosas sin conocer el significado de los elementos que las integran, una circunstancia que, según ha señalado, sitúa la formación ante uno de los grandes retos de las hermandades.
En este contexto, ha reclamado que el patrimonio espiritual recibido no se limite a ser reproducido de generación en generación de manera automática. El obispo ha reivindicado el valor de la devoción mariana, la peregrinación, la extensa red de hermandades y el legado espiritual vinculado al Rocío, pero ha advertido de que la transmisión de una tradición exige también comprender aquello que debe permanecer en su núcleo.
“La fidelidad no es inmovilismo”, ha señalado, defendiendo la necesidad de distinguir entre lo esencial y lo accesorio para encontrar formas adecuadas de comunicar la fe en el contexto contemporáneo. Se trata, por tanto, de conservar la identidad sin convertir la tradición en una repetición desprovista de significado.
Cuidar el “ecosistema espiritual” del Rocío
En esa misma línea, el obispo ha llamado a preservar el “ecosistema espiritual” que rodea a la Virgen del Rocío, procurando que las distintas dimensiones que confluyen en este lugar puedan desarrollarse de manera equilibrada. La dimensión social de El Rocío, ha planteado, debe poder convivir con la oración, la celebración y el sentido religioso que constituyen su razón de ser.
La propuesta formulada por Gómez Sierra parte así del reconocimiento de una realidad profundamente arraigada, pero incorpora al mismo tiempo la necesidad de garantizar que su dimensión cristiana permanezca viva y pueda ser comprendida por quienes se incorporan a ella.
Su reflexión ha terminado condensándose en tres conceptos: “gracia, conversión y misión”. Con estas palabras, el obispo ha resumido el sentido que, a su juicio, debería orientar este tiempo jubilar y ha expresado su deseo de que la valoración del Año Jubilar no se limite a contabilizar la afluencia de personas o el número de actividades desarrolladas.
El verdadero balance, ha defendido, deberá atender a los frutos producidos en la vida cristiana, entre ellos un crecimiento de la oración, la formación, la caridad y la comunión entre las hermandades, así como la posibilidad de que personas que se acerquen al Rocío puedan reencontrarse con Dios.
Seis encuentros entre octubre y febrero
La intervención de Santiago Gómez Sierra ha inaugurado el programa ‘Diálogos con la Fe en el Año Jubilar del Rocío’, promovido por la Hermandad Matriz y concebido para desarrollarse entre los meses de octubre y febrero mediante seis encuentros.
El ciclo pretende aprovechar las posibilidades que ofrece este tiempo jubilar para abrir espacios destinados a la formación, el diálogo y la reflexión, poniendo en relación la fe con distintas cuestiones de actualidad y con algunos de los desafíos que afrontan actualmente la Iglesia, las hermandades y el conjunto de la sociedad.
Con esta primera cita, el Año Jubilar ha encontrado así en Almonte un espacio de reflexión sobre qué significa conservar una tradición, cómo transmitir su contenido cristiano y cuál debe ser la responsabilidad evangelizadora de quienes están llamados a custodiarla, situando la conversión personal y su proyección social como uno de los principales ejes de este periodo extraordinario.
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