El Santísimo Cristo de la Caridad, venerado en la parroquia de Santa Catalina de Alejandría de Pozoblanco, preside desde hoy un majestuoso altar de cultos en la parroquia de San José y Espíritu Santo, situada en el corazón del Campo de la Verdad, a las puertas mismas del casco histórico de Córdoba.
Una jornada que entra en la historia de la Cofradía
La mañana del 5 de octubre amaneció bajo un cielo de intenso azul que acompañó el inicio de una jornada histórica para la Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad en su Vía Crucis. Alrededor del mediodía, un nutrido grupo de hermanos se reunió ante su Titular para rezar y encomendar el traslado que estaba a punto de comenzar. Poco después, y con el templo cerrado al público, se procedió a la delicada maniobra de descenso del Crucificado desde su retablo, un trabajo minucioso que exigió precisión y una profunda devoción.
Todo fue preparado con esmero: herramientas dispuestas, embalaje acolchado y vehículo preparado. Pasadas las tres de la tarde, comenzaba el viaje hacia Córdoba, escoltado por varios coches en los que viajaban numerosos hermanos, dando testimonio de fe y hermandad.
La llegada al Campo de la Verdad
A la llegada a la parroquia de San José y Espíritu Santo, aguardaban alrededor de medio centenar de personas entre las que se encontraban hermanos del Descendimiento, feligreses, el sacerdote don Juan Luis Carnenero y varios seminaristas, entre ellos los pozoalbenses don Florencio y don Alejandro, también hermanos de La Caridad.
El Señor fue introducido en el templo y, tras una compleja labor que requirió la fuerza y coordinación de una docena de cofrades, quedó elevado sobre una gran tarima situada a varios metros del suelo, presidiendo así el presbiterio con toda su solemnidad.
Un altar de belleza clásica y devoción compartida
La Hermandad del Descendimiento, en un gesto de generosa colaboración, puso a disposición de la Cofradía todo su patrimonio de candelería y estructura ornamental. Bajo la dirección de don Javier Arroyo, prioste de dicha corporación, y con la ayuda de su equipo, se levantó un altar de cultos de impecable equilibrio visual. El arreglo floral corrió a cargo del profesor pozoalbense don Desiderio Dorado y su grupo, quienes aportaron su maestría para realzar la composición.
Mientras tanto, otros hermanos se afanaban en trasladar enseres, limpiar y colocar elementos, contribuyendo a la armonía final del conjunto. En total, cuarenta y cuatro puntos de luz, acompañados de orquídeas, rosas, helechos, claveles y flores de cera, componían el entorno del Señor, enmarcado por un dosel de terciopelo negro con agremanes dorados que dotaba al altar de un aire de sobriedad elegante y sacra.
Un final de jornada para el recuerdo
Cuando todo estuvo dispuesto, el presbiterio se transformó en un espacio de equilibrio perfecto y espiritualidad contenida, un altar que conjuga proporción matemática y belleza católica. La jornada culminó con el rezo de antífonas y un Padrenuestro, signo de gratitud y comunión fraterna.
Así, en un día que quedará grabado en la memoria cofrade, la Hermandad del Padre de La Caridad ha comenzado a escribir un nuevo capítulo en su historia, con el Cristo de la Caridad erguido ya en el Campo de la Verdad, donde su presencia llena de sentido y devoción el templo cordobés de San José y Espíritu Santo.





