El polémico y famoso «cura de Valdepeñas» arremete contra la Semana Santa de Sevilla e impone que la Borriquita vaya a ruedas para evitar la presencia de costaleros

«Ya está bien tener que pasar todo el mundo por el aro de Sevilla» o «yo entiendo que haya un grupo de gente de nuestra ciudad a los que Sevilla les vuelve locos», son algunas de las perlas que el cura de la parroquia del Santo Cristo de Valdepeñas, Emilio Jesús Montes, ha regalado a sus feligreses para justificar su imposición de que la procesión de la Borriquita de este año dure escasamente hora y media y vaya ruedas por sus santos reales.

El sujeto que ha defendido que «en Valdepeñas los pasos siempre han ido a ruedas» y que no había costaleros cuando el Señor entro en Jerusalén a lomos de un borrico, ridiculizando con sus gestos el oficio de costalero, ha querido salir en defensa de la otra Semana Santa, «la castellana o la de Valdepeñas» a costa de atacar a la Semana Santa de Sevilla.

Su imposición, tiene como objetivo, asegura, que «el pueblo llano, el que no entra por el aro de Sevilla, pueda ir por lo menos a una procesión», dejando claro que él y solo él tiene en su mano la verdad absoluta y conoce a la perfección cuál es el sentir mayoritario de los ciudadanos de la localidad que tienen la desgracia de tener que soportarle.

No es la primera vez que esté sujeto se hace famoso a través de barbaridades proferidas desde el altar que han tenido su eco a través de las redes sociales. En una ocasión recriminó a los feligreses de su parroquia «el poco dinero que daban al templo cuya reforma costó más de un millón de euros». En otra, vetó el acceso a su templo al canal local Televaldepeñas, esperándole un significativo «no sois bienvenidos».

En otras salidas de pata de banco, el polémico sacerdote, al que al parecer nadie le para los pies, ha llamado «tontos mu’ tontos» desde el altar a algunos de sus semejantes o ha cargado contra los musulmanes y las series turcas en algunos de sus habituales sermones incendiarios. Ahora le ha tocado Sevilla quién sabe a quién le tocará mañana…