Córdoba

El Prendimiento nombra vestidor a Manuel Jiménez

El arte de vestir a las imágenes devocionales es una de esas manifestaciones artísticas singulares, asociadas irremediablemente al sentimiento, en muchas ocasiones no ponderadas suficientemente por el gran público acaso por su carácter efímero, cuya influencia siempre fue decisiva a la hora de concretar la estética asociada a una imagen sagrada y por extensión a toda una cofradía. Los vestidores, creadores capaces de trascender al paso del tiempo con obras temporales, tienen como labor esencial potenciar la belleza de una talla y al mismo tiempo la unción sagrada de la que el imaginero hubo de dotarla para convertirla en la representación de la Madre de Dios.

Uno de los máximos exponentes contemporáneos de este arte maravilloso es el cordobés Manuel Jiménez cuyas manos son capaces de provocar la admiración y al mismo tiempo servir de cauce y elemento sustancial para convocar a la oración sincera y a la introspección. Su capacidad, consecuencia directa de una indiscutible condición innata alimentada por sus vastos conocimientos, logra concebir una vez tras otra creaciones en las que alcanza la perfección para deleite del espectador y alimento del alma. 

Jiménez acaba de ser noticia en virtud de la decisión adoptada por la Junta de Gobierno de la Hermandad del Prendimiento, que preside Juan Manuel Baena, de confiar en su sabiduría y su contrastada capacidad para ser el nuevo vestidor de la cofradía y aportar la magia que nace de sus manos para potenciar la belleza de Nuestra Señora de la Piedad, relevando en esta maravillosa tarea a otro importante nombre propio de este arte, Eduardo Heredia, que no podrá continuar con esta tarea por motivos laborales. Ante esta tesitura, el equipo de gobierno de la corporación del Martes Santo ha apostado sobre seguro, eligiendo para esta misión a un vestidor que logra la admiración en cada ocasión en la que sus manos crean devoción para mayor gloria de la Madre de Dios.

De este modo, Manuel Jiménez, que mantiene con la casa salesiana -a la que pertenece la hermandad. una vinculación sentimental muy especial derivada de su formación académica, ya que allí desarrolló toda su trayectoria escalar, se convierte en nuevo vestidor de la Virgen de Piedad, una condición que ya detenta con La Esperanza del Valle, la Virgen del Amor de San Basilio, Nuestra Señora de la Estrella y Nuestra Señora de las Angustias en la capital, La Virgen de los Dolores de Écija, la Virgen de Nazaret de Montilla y la Victoria de Puente Genil.

Se da la circunstancia de que la Virgen de la Piedad fue la primera dolorosa que Jiménez, con nueve años, vio vestir a manos de Antonio Muñoz, en un cuartito pequeño contiguo al Santuario, donde Muñoz la ataviaba, lo que incorpora un componente cargado de especial emotividad para Jiménez que, de algún modo, volverá a estar de nuevo ante la Virgen de su niñez, la Virgen de su colegio, a la que iba a ver cada Semana Santa desde la casa de su abuela. Recuerdos que ahora, qué duda cabe, retornarán al pensamiento del nuevo vestidor de la dolorosa salesiana.