Córdoba, 💚 El Rincón de la Memoria

El recuerdo de la Misericordia en la Magdalena

Fue una de las célebres iglesias fernandinas fundadas a fines del siglo XIII tras la reconquista cristiana de la ciudad, si bien seis siglos más tarde comenzaría a larga decadencia de varias décadas que la llevó prácticamente a la desaparición. La Iglesia de Santa María Magdalena perdería el rango parroquial en favor de San Pedro en 1890, tras haber sufrido un incendio unos años antes. No obstante, el templo continuaría la actividad religiosa hasta 1929, cuando comienza a ser clausurada de manera asidua. Pero en 1937, un nuevo halo de vida volvía a la feligresía con el germen de una cofradía, casi veinte años después de que se fundara la última hermandad cordobesa, La Expiración.

En febrero de aquel año, el alcalde José Castanys Jiménez ansiaba restaurar el fervor religioso de la ciudad califal tras varios meses de guerra civil, proponiendo el proyecto de crear una nueva corporación a Francisco Melguizo Fernández. El fundador de la futura Hermandad de la Misericordia conocía la existencia del entonces advocado Cristo de la Salud de la Iglesia de la Magdalena, conocido popularmente como el Cristo del Sagrario, puesto que se encontraba en la capilla sacramental del templo. ‘Me dio pena verlo tan abandonado’, alegaba. En un primer momento se pensó en el pasaje del descendimiento, que finalmente se materializaría meses después en el Campo de la Verdad.

Tras el visto bueno del párroco de San Pedro, Juan Jaén Abril, igualmente el obispo Adolfo Pérez Muñoz acogió la idea con entusiasmo, procediéndose a formar una junta provisional. Con escasos preparativos, apenas un mes después tuvo lugar la primera estación de penitencia del Santísimo Cristo de la Misericordia. Fue el 24 de marzo, Miércoles Santo. Una cruz de madera ilustrada con un crucificado abría el cortejo procesional, contando con la única insignia de un sencillo estandarte blanco. Para la ocasión, la imagen salía desde la Parroquia de San Pedro, armándose el paso procesional en el cancel trasero ante las dimensiones del mismo. El cortejo se encaminaba hacia la Iglesia de la Magdalena, desde donde accedió a la collación de San Lorenzo para marchar hasta la Plaza de las Tendillas. La procesión fue acogida con admiración por el pueblo cordobés, llamando la atención la estricta organización de la cofradía. No obstante, las reglas no serían aprobadas hasta días más tarde, el 3 de abril.

La ilustración que encabeza este artículo se trata de la segunda fotografía más antigua de la que se tiene constancia respecto a la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia. Corresponde a la celebración del besapiés extraordinario que tuvo lugar en la jornada del 18 de julio de 1937, organizado en forma de rogativas por el final de la guerra civil, cuando se cumplía un año del golpe de Estado del general Francisco Franco. No obstante, en los días previos a la estación de penitencia tuvo lugar el primero de estos actos. Durante los primeros lustros, la hermandad levantaba majestuosos altares de cultos para deleite de devotos y cofrades, no escatimando en gastos de preparativos para ofrecer los mayores honor a la imagen titular de la corporación.

No era la primera vez que el crucificado recorría las calles cordobesas. En 1650 se tiene constancia de una salida en rogativas de la imagen con motivo de la peste negra que asolaba a todo el reino, provocado un importante derrumbe demográfico. La última de esta tipología de procesiones se documenta a fines del siglo XIX, volviéndose a repetirse en 1949, cuando el obispo sugirió la salida del Santísimo Cristo de la Misericordia en rogativas por la extrema sequía que sufría Córdoba.

Entre 1937 y 1956, la hermandad realizaba estación de penitencia entre la Parroquia de San Pedro y la Iglesia de Santa María Magdalena, donde recibía culto la mayor parte del año. Ya en 1950 se había incluido como titular la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas en Su Desamparo, que formaba parte de una extinta cofradía originada en la Iglesia de San Jacinto, advocada entonces como Virgen de los Dolores. No obstante, los cultos penitenciales tenían lugar en el templo parroquial ante las dimensiones de la sede canónica, hacia donde se trasladaba en los días previos en solemne vía-crucis. Además, la corporación contaba entonces con una capilla musical propia, que llegó a alcanzar el centenar de componentes.

Peor en 1956 la Iglesia de la Magdalena inicia una época oscura, la última como lugar religioso: era cerrada al culto de manera definitiva. La hermandad se vio obligada a trasladarse hasta la Parroquia de San Pedro, convertida entonces en sede canónica de la cofradía a perpetuidad. El templo entraría así en una fase de decadencia, sufriendo saqueos continuos y el progresivo desmontaje de enseres. No obstante, en 1982 era declarado BIC.

En 1985, la Parroquia de San Pedro fue clausurada por encontrarse en un deficiente estado de conservación. La Hermandad de la Misericordia se vio obligada nuevamente a buscar un exilio que se antojaba prolongado. Parecía una ocasión especial para regresar a las raíces de la cofradía, si bien el estado de la Iglesia de la Magdalena desaconsejaba completamente la vuelta al templo. En un primer momento pasa a la antiquísima Ermita de San José, de propiedad privada, localizada en la propia Plaza de la Magdalena. Sin embargo, las reducidas dimensiones del oratorio hacía urgir un nuevo traslado. Tras el rechazo de varios templos, finalmente las imágenes fueron trasladadas hasta el Convento de Santa Marta, si bien la estación de penitencia se realizaba desde la propia Catedral. No volvería a la Parroquia de San Pedro hasta 1998.

No hay mal que por bien no venga. Y el imposible regreso a la Iglesia de la Magdalena parecía haber sido obrado por la Providencia. En 1990 sufría el segundo incendio de su historia, quedando reducido a un deplorable estado de conservación que amenazaba ruina inminente. Desacralizada, el edifico antaño colmado de gloria a Dios se veía completamente restaurado en 1998, pasando a ser gestionado por la Fundación Cajasur, que lleva a cabo distintas actividades culturales a lo largo del año.

En 2012, la Hermandad de la Misericordia conmemoraba el setenta y cinco aniversario fundacional. Entre los múltiples actos extraordinarios celebrado por tan especial efemérides, la imagen del crucificado presidía un Vía-Crucis hasta la Iglesia de la Magdalena en la tarde del Viernes de Dolores, después de celebrarse el tradicional besapiés. La corporación parecía regresar a casa más de medio siglo más tarde, aunque apenas fueran unos minutos. Pero serían suficientes para hacer el esfuerzo de recrear aquellos primeros momentos del germen de la cofradía, setenta y cinco primaveras atrás, en los últimos días del mes de febrero de 1937.

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