El sacerdote y cofrade de Jesús Nazareno José Antonio Rojas Moriana denuncia el ataque perpetrado contra la estatua del Padre Cristóbal de Santa Catalina

El sacerdote y cofrade de Jesús Nazareno José Antonio Rojas Moriana ha denunciado a través de una carta pública difundida a través de las redes sociales el ataque perpetrado contra la estatua del padre Cristóbal de Santa Catalina situada en pleno barrio de San Agustín que ha amanecido mancillada por un grupo de totalitarios que pretenden imponer por la fuerza sus ideas destruyendo las de los demás. 

En la carta el sacerdote explica por qué no es éste el camino hacia el respeto y la igualdad subrayando que «lo único que le produce una imagen como ésta es una enorme pena por la ignorancia que supone atentar con la figura de un hombre que ya en el siglo XVII luchó por la dignidad de las mujeres sin recursos y totalmente abandonadas por la sociedad cordobesa de aquel tiempo, especialmente evitando que cayeran en las redes de la explotación sexual, de la prostitución, al carecer de recursos para subsistir. Un hombre que recorrió los barrios más ignorados de la ciudad llevando dignidad de consuelo. Un hombre que tuvo tanta libertad en su cabeza y en su corazón que en la casa de Jesús Nazareno unió mujeres y hombres, laicos y religiosos, en una familia dedicada a acoger a quienes nada tenían». 

«Lo segundo que me produce – prosigue Rojas Moriana – es indignación porque nunca he entendido que para reivindicar la causa más justa que exista haya que ensuciar y maltratar el patrimonio de una ciudad que es de todos». «No – concluye el cofrade de Jesús Nazareno – así no se camina hacia el respeto y la igualdad. Yo no quiero estar en igualdad con quienes van por la vida de esta con esta forma de avasallar y denigrar la convivencia. Yo no voy a ninguna manifestación con esta compañía». Un contundente mensaje que ha sido aplaudido por muchos que comparten con Rojas Moriana la visión de una jornada que ha vuelto a separar a la sociedad en dos grupos enfrentados y diferenciados, politizando una causa que de otro modo podría ser la más noble del mundo.