Es la escultura novohispana más antigua de las que se conservan en la provincia
Cuando en 2021 la escultura del crucificado llega a la capital de España para formar parte de una muestra organizada por el Museo del Prado aumentó su popularidad más allá de sus fronteras. Una de las obras mejor documentadas de la época colonial se convertía en la primera de Montilla en ser seleccionada por una de las mejores pinacotecas del mundo.
A pesar de su gran envergadura —mide 2,10 m— es de escaso peso. Se debe a que la imagen fue realizada a partir de un moldeado de papel vegetal mexicano y conocido como amate, y otros materiales como la caña de maíz y maderas ligeras. Su historia está ligada a la vida de Andrés de Mesa, un montillano que marchó a las Indias. Embarca en Sevilla en 1564, instalándose en la ciudad de México. Allí se casó con una descendiente de Hernán Cortés, Francisca Cortés, e hizo fortuna. En 1576 decide regresar con su familia al lugar que lo vio nacer, y trae consigo la imagen de un Cristo muerto, que se policromó siguiente las formas habituales de la imaginería española del siglo XVI. El 10 de septiembre de ese mismo año se procede a la donación de la imagen por parte de Andrés a la cofradía de la Vera Cruz. Entre los acuerdos alcanzados, el donante se reservaba su preferencia a portar la imagen en las procesiones que se organizasen.

Según los cronistas indianos más de un centenar de obras de esta tipología partieron de las Indias hacia España. Es el caso del Santo Cristo de Pedraza, en Segovia, el del ático del retablo mayor de la iglesia de San Antonio, en Toledo, el transformado en yacente de la iglesia de la Candelaria de Zafra. De pequeño formato, el Cristo de la Salud de la ermita de San Lázaro, en Trujillo. En Europa hay presencia de estos crucificados en lugares como Croacia.
El Santo Cristo de Zacatecas es una de las piezas más sobresalientes, por lo que su origen se situaría en un obrador destacado que se conoce como Taller del Cristo de Cortés. El nombre proviene del Cristo de la capilla del Señor de la Misericordia, de la catedral de Tlaxcala, en México, denominado Cristo de Cortés. Las obras que guardan similitudes con él habrían sido realizadas en el mismo taller.
El Santo Cristo pasó a presidir el altar mayor de la desaparecida ermita de la Vera Cruz, uno de los espacios más antiguos de la época, en un lugar que hoy se conoce como Cuesta del Silencio. En 1720 lo cobijaría un nuevo retablo, y siete años más tarde se recoge su intercesión para frenar la sequía que asolaba los campos montillanos. Durante la primavera de aquel año salió en procesión, tras haber presidido solemnes cultos, y la lluvia fue tal que el cortejo tuvo que refugiarse en el convento de Santa Clara. En 1809 la invasión francesa provocó que fuera trasladado de urgencia hasta la parroquia de Santiago para que pudiera salvarse de la destrucción. Allí se colocó en la capilla que hasta entonces había presidido el Cristo de la Yedra y que se encontraba donde hoy está el sagrario.
Tras las reformas de 1932 es trasladado junto con el retablo a la capilla que hasta entonces fue del Santísimo o del Sagrario. La corporación fue conocida entonces como cofradía de Ánimas o del Señor de Zacatecas. Durante la Cuaresma, se celebró un quinario en su honor cada uno de los cinco viernes. Más tarde presidió el altar mayor hasta 2003, pasando después a presidir la capilla lateral donde se ubica en la actualidad.
Dos años más tarde, Juan José Asenjo, por entonces obispo de Córdoba, confirmaba la erección canónica de la que había sido la hermandad más antigua de Montilla —las primeras referencias datan de la primera mitad del XVI—. El grupo de jóvenes que aquel año 2000 se propuso revitalizar una cofradía con más de cuatro siglos a sus espaldas por fin veía cumplido su sueño. El 11 de diciembre de 2005 la parroquia de Santiago acogió la bendición de la dolorosa, Santa María del Socorro, obra de Antonio Bernal. Se rescataba así la devoción a la Virgen bajo la advocación de Socorro, que durante siglos tuvo un hueco en el corazón de los montillanos.

La exposición Tornaviaje. Arte Iberoamericano en España se celebró entre el 5 de octubre de 2021 y el 13 de febrero del año siguiente. Y revelaba, entre otras interesantes cuestiones, que desde el descubrimiento de América hasta la Independencia llegaron a nuestro país más piezas artísticas de procedencia americana que italiana o flamenca. Un dato que pone de relieve que el tráfico de obras no fue solo unidireccional. En total, 107 obras de origen americano que conformaron una muestra donde había desde obras de cerámica hasta pinturas, pasando por esculturas, orfebrería o marfiles. Y entre ellas, el crucificado de Montilla que llegó de América.






