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El Taller de Restauración y Dorado Nuestra Señora del Carmen concluye la intervención sobre el paso del Cristo de las Tres Caídas

El paso de misterio del Santísimo Cristo de las Tres Caídas ha sido sometido, por partes del Taller de Restauración y Dorado Nuestra Señora del Carmen, dirigido por Manuel Verdugo Guerrero, a una serie de tareas para su perfecta conservación así como para su óptimo mantenimiento de cara a su exposición en el tesoro devocional. Las labores, que han sido realizadas en las dependencias dela Hermandad de la Esperanza de Triana por el taller de Manolo verdugo, han consistido en la limpieza de la cera caída sobre el paso así como la de los ángeles, además de repasar los rostros de varios ángeles y querubines en general y las policromías de los elementos florales y de las frutas que se muestran en la talla de las andas procesionales. Por otra parte, se ha repasado el dorado con oro de fino de ley de 23 3/4 quilates y se han lijado las zonas que estaban en peor estado.

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A mediados de la década de los setenta del siglo pasado surge en el seno de la corporación de la calle Pureza la inquietud por realizar un nuevo paso de Misterio para sustituir el anterior, ampliado y reformado de Salvago y Cía, que aún cuando cumplía muy dignamente su misión y era monumental en sus dimensiones, quedó ya atrasado con respecto al gusto de la época. Una inquietud alimentada por quien conocía perfectamente dichos gustos estéticos y avances técnicos de aquel momento, como D. Antonio Sánchez González, mayordomo que fue de la Hermandad y muy ligado a ella. De oficio dorador, ya realizó el del Paso de Cristo en su momento de ampliación y reforma. Debido a esa dedicación profesional, mantenía una estrecha vinculación con tallistas y artesanos, en especial, con Manuel Guzmán Bejarano, también trianero de nacimiento y querencia.

En la Hermandad se decide realizar dos votaciones y deshacer el entuerto, una primera para el asunto del Misterio, y otra segunda para el boceto del Paso. Ya el grupo escultórico fue objeto de comentarios y polémica dentro y fuera del seno de la Hermandad, llegando a la reestructuración del mismo de 1962. Para el Cabildo, fijado el 27 de Junio de dicho año de 1968, cada grupo de hermanos se emplea a fondo y recaban opiniones. Entre los que optaban por la supresión del Misterio, figuraba el entonces Director Espiritual Sebastián y Bandarán, y entre otros, el Hermano Mayor D. Manuel Bellido, firme defensor de la propuesta de procesionar la imagen del Santísimo Cristo en solitario, y promotor del proyecto que más abajo comentaremos. A todo esto, Cayetano González envía un escrito a la Hermandad en el que arremetía duramente contra el Misterio, considerándolo descompuesto y carente de valor artístico. En parecidos términos, se expresa en su escrito Sebastián y Bandarán. Al final, el resultado del Cabildo no dejó lugar a dudas; 65 votos a favor del Misterio y 35 a favor de la supresión. Escasos meses después, en Octubre, se vota el proyecto de Paso, siendo elegido el proyectado por Manuel Guzmán Bejarano.

A los pocos meses, se recibe otro proyecto y su consiguiente presupuesto, además de algunas consideraciones sobre el mismo. Ideado y dibujado por el propio Cayetano González, ignoramos las razones por las que llegó a la Hermandad fuera de plazo tras haberse realizado ya la elección del diseño, y después de haberse votado la cuestión del Misterio y su mantenimiento, puesto que este proyecto de Paso estaba destinado a albergar solo la imagen del Santísimo Cristo de las Tres Caídas y la del Cirineo. No obstante, la Hermandad como tal, lo acogió el 27 de Enero de 1969, y según información y tradición oral en la Hermandad, recogida por la profesora García Olloqui, estudiosa de la obra de Cayetano González, iba a ser donado a la misma por un grupo de hermanos.

Tomados y rubricados unos acuerdos en Cabildo General de hermanos, este interesante proyecto no tenía ya el cauce adecuado, con lo cual se comienza la construcción del Paso por Manuel Guzmán Bejarano. Este tallista, ya había ejecutado las andas del Cristo de las Almas de la Hermandad de los Javieres, donde había innovado en los marcados entrantes y salientes del canasto, creando claroscuros y colocando en ellos pequeños candelabros de guardabrisas. Todavía experimentando en esos años nuevas formas en los trazados de planta de sus canastos y en los juegos de luces, disponiendo candelabros de guardabrisas en lugares poco comunes pero que podían dotar de una gran riqueza lumínica al conjunto, veremos como en el Paso del Santísimo Cristo de las Tres Caídas experimentó con lo segundo, pero apenas pudo en lo primero.

Contemplando el boceto inicial del proyecto, (además de poseer maniguetas que nunca llegaron a ejecutarse, quizá por ir a lo práctico, dada la estrechez y angostura de la Capilla), podemos apreciar que Guzmán Bejarano tenía pensado una canastilla con mayores curvas en su trazado y por ello un mayor juego de planos entrantes y salientes, aún cuando el resto del conjunto se mantenía tal cual como está hoy. Pero aunque las actas silencien la intrahistoria de la construcción de este Paso, no es difícil intuir el porqué de esta modificación. Es sabido el problema ya puesto de manifiesto a la hora de ampliar el Paso en 1940, del abigarramiento y la debida y equilibrada composición de las figuras del misterio y del titular.

El tallista, probablemente advertido por el dorador y hermano Antonio Sánchez González, que conocía de primera mano todo lo referente a este particular, redujo así la superficie útil para abrir las figuras que se perderían de haberse marcado esos entrantes en el canasto. También redujo en cierta forma el movimiento del perfil del canasto, de su silueta, que aparece en el boceto con algo más de bombo, es decir, estrechando a medida que se proyecta en altura. Pero la habilidad y la sabiduría de este gran artista, hicieron que esas modificaciones fueran respetuosas en todo momento con la idea original del proyecto; que la reducción del movimiento en planta no le restara claroscuro a la canastilla, y la del perfil y el bombo, no le quitara gracia ni barroquismo. Como punto más original de la iluminación, además de los candelabros de guardabrisas consabidos en los laterales y las esquinas, que se alargan hacia los costados, añadió justo debajo de estos últimos, otros de tres brazos que le permitían bajar todo lo posible algunos puntos de luz, que se enroscaban ya entre las labores de talla de la canastilla, creando efectos lumínicos en la noche de claroscuros y por lo tanto mayor riqueza de planos.

Ese estudio de la iluminación, uno de los mayores méritos artísticos de toda la obra de Guzmán Bejarano, es uno de los principales méritos de este Paso, pues se ilumina así el misterio, la imagen titular y el propio canasto, resultando espectacular la visión del conjunto especialmente y tal como hemos anotado, de noche, momento en el cual realiza su Estación de Penitencia la Hermandad. Ya en 1970 se estrenan los respiraderos, acoplados a la antigua mesa o parihuela pero todavía con la misma canastilla. Al año siguiente, en 1971 se estrena la canastilla y los candelabros, a falta del dorado y las cartelas. Al procederse al montaje de las figuras del misterio en la nueva canastilla, es cuando se prescinde del uso de la figura del sayón negro tras probarse diversas perspectivas, composiciones y alternativas.

Finalmente, en 1973 se estrena el dorado, realizado por el hermano Antonio Sánchez, y las cartelas en plata realizadas por Villarreal, que representan los bustos de los evangelistas en los respiraderos, ángeles sosteniendo el escudo de la Hermandad en el frontal, y la idea de realizar las cartelas en plata que venía heredada del anterior canasto, donde fueron realizadas por Andrés Contreras como vimos, y donde también se incluían los bustos de los cuatro evangelistas, aunque en las esquinas y no en el respiradero. También se realizaron unos nuevos faldones de terciopelo burdeos por las camareras de la Hermandad dirigidas por Ana Ruesga Salazar, añadiéndoles bordados que provenían de las antiguas bambalinas interiores del Paso de la Virgen, que habían sido renovadas a primeros de los años setenta por el taller de Caro.

Las últimas reformas datan de la década de los noventa. En 1993, comienzan a estrenarse unos nuevos faldones de terciopelo burdeos, con broches y cartelas en el frontal y en la trasera, que presentan escenas bordadas en sedas de colores como el encuentro en la calle de la Amargura y la Crucifixión. Dichos bordados fueron ejecutados por los Talleres de Caro sobre un dibujo del orfebre Juan Antonio Borrero, y fueron concluidos al año siguiente.

Ante el desgaste y el deterioro del dorado del Paso de Cristo, se acuerda en Cabildo de oficiales volverlo a dorar, además de realizar cuatro ángeles que se colocarían en las esquinas del Paso, realizados por Luis Álvarez Duarte con distintas posturas y caracterizaciones. También se policroman las escenas realizadas por Villarreal en plata, estrenándose todo en 1996, volviéndose a platear nuevamente años después. Por último, cabe destacar el estreno de una nueva cruz de material sintético, menos pesada y más apropiada por tanto para que la porte el Señor sin daño posible, por el hermano Francisco Rodríguez Fernández, estrenada en al año 2005.


Fuente documental | Hermandad de la Esperanza de Triana

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