El tiempo y las emociones estremecieron a la Cuaresma en el Pregón del Costalero de la Ciudad de Córdoba

La tarde noche del pasado 24 de febrero, en la parroquia de la Trinidad, el tiempo y las emociones conmovieron a la vieja Cuaresma y a los asistentes que acudieron a escuchar la esencia gaditana en forma de verso del pregonero Iván Roa Rodríguez. El tiempo se sentó allí entre los asistentes y hubo momentos en los cuales dejo de latir conmovido en recuerdos y palpitaciones.

El acto comenzó con puntualidad torera. El presentador del acto, Eduardo Palomino Diéguez, tuvo un recuerdo emocionante a los fallecidos del brutal incendio de Valencia y a los dos Guardias Civiles asesinados en Barbate. Como prediciendo lo que iba acontecer hizo especial hincapié en el verdadero significado de pregonar. Después de ello, dio pase al presentador del pregonero, Pachi Giraldo.

Giraldo, presentó al pregonero dando datos de su vida particular, profesional y cofrade que están a caballo entre su ciudad natal, Cádiz, y la cordobesa. Recordó datos como el centenario de la marcha Pasan los Campanilleros del maestro D. Manuel López Farfán, al crucificado de las Siete Palabras de Sevilla. Y con un bello soneto, jugando con el flamenco y la torera, dejó el atril al pregonero para que embelesara con su pluma y lectura.

Iván Roa Rodríguez, comenzó su disertación con una llamada de atención, para que los espectadores pusieran los cinco sentidos cuan costalero preparados para comenzar su estación. Dio cada puntada de como se siente un costalero momentos antes de comenzar, cuando se ubica en su sitio, bajo un paso y allí encuentra un mundo entero de sensaciones, emociones y percepciones. Describió a la perfección, como buen costalero, lo que se siente y vive en aquella prisión de madera, siendo su confesora, y acercándose al dintel.

“Esas maderas sagradas;
más leales compañeras
no encontrarás en la tierra
ni rebuscando en tu alma.
Cada nudo que se palpa
son los sones de algún rezo
que a lo largo de este tiempo
han retumbado en la aurora
al salirle por la boca
a un cansado costalero.

Ese que reza con fe
y su cuerpo entumecido;
mientras marca su latido
el racheo y el vaivén.
Tú, que eres el sostén
de quien se asoma al balcón
para pedir con fervor,
del que reza en una esquina
o de todas las vecinas
que salen buscando a Dios.”

Continua su presentación en los mismos versos hablando de Córdoba de la siguiente manera:

“Córdoba, niña morena.
la de los ojos cansados,
la que le abre sus puertas
a ese rio “reposao”
que va regando las tierras
y se muere en el atlántico
llevando su vida entera
a los mares gaditanos.
Córdoba, niña morena
que vas montando a caballo
por encima de las piedras
del laberinto callado
que conforman tus callejas
que aquí te dejan soñando
y al llegar a la cuaresma
con un grito “desgarrao”
resquebraja las aceras
por el anhelo en tus manos
de querer ser costalera.”

En su describir de la ciudad califal tuvo memoria para recordar quien quiso ser costalero y no pudo ser:

“¿Qué hacemos, compañero?
Si la fuente en Las Tendillas
llora como una chiquilla
cuando levantas al cielo.
Y quiere ser costalero
el potro de aquella plaza
que firmemente se abraza
al escudo señorial
de la tierra más juncal
donde las penas se cantan.
Y quiere ser costalero
el gran templo romano,
subiendo Claudio Marcelo
entre tambores sonando.
Y quieren ser costalero
cada uno de los patios,
los que se llenan de flores
cada vez que llega mayo,
o el patio de la Mezquita
cuajadito de naranjos.
Y las rojas buganvillas
y las azules macetas;
se van muriendo por dentro
por sentirse costaleras.
Por Medina Azahara
llora Abderramán III
que, aunque llegó a ser Califa
quisiera ser costalero.”

Termina la presentación con una exaltación de nuevo al costalero:

“¡Bueno pararse ahí!
Que va a comenzar este cuento
abriendo de par en par
las entrañas de mi cuerpo
para darte mi pregón
el que se clava en mi pecho
dejando un rastro de sangre
de la puerta al presbiterio.
Deja que este gaditano
se postre sobre tu suelo
y te diga a viva voz
lo que se escribe en mis versos.
Que poco falta Dios mío
para escuchar desde lejos
los tambores retumbando
con el son a paso lento.
Para escuchar oraciones,
para sentir el lamento
de la gente que le pide
a Jesús en el madero.
Para meter los riñones,
y discernir el estruendo
del golpe del llamador
y levantar hasta el cielo.
Solo quedan treinta días
para alcanzar nuestro anhelo;
el de meterse debajo
y sentirse costalero.”

Así fue su presentación en el mundo cofrade cordobés. El aplauso fue emocionado y estruendoso al poner el vello de punta a los asistentes y ver como las emociones salían a escuchar al pregonero.

Sigue con su exaltación al costalero, de ese niño que ve pasos junto a su abuelo y le dice que él quiere ser costalero. En esta parte entregó su verso a la sangre costalera. Así, la vida de ese niño continúa hasta conseguir su sueño, al darle la oportunidad un capataz de entrar en una cuadrilla.

Sigue su pregón recordando a su abuelo, las veces que le dijo “cuanto daría yo por ir ahí debajo”. Seguidamente, estremeció a los asistentes dando las gracias a las madres que parieron a un hijo que se hizo costalero. Al terminar con ese verso, la gente volvió a interrumpir al pregonero con otro abrumador aplauso.

Continuó con la pasión del costalero con un verso por cada una de las hermandades de nuestra ciudad. Pareciendo que fuese costalero de cada uno de los pasos de cada una de las hermandades.

“Y por mucho que pregunten
que es ser un costalero
yo le digo sin reparo
que es un ángel del cielo.
Capaz de dejarse el alma
clavando su corazón
en un palo de madera
que la vida le quitó
para acercarle a la gente
al hijo y la madre de Dios.
Arriba siempre mi hermano,
al cielo con todo el cielo
y presume por la calle
cuando alguien te señale
y susurre suavemente:
ahí va un costalero.”

Después dio el último relevo, y siguió desgranando la vida de un costalero y describió como vive un costalero cada instante en cada uno de los momentos que se sintió costalero, realizando un símil con la vida de ese costalero y la de su otra vida, que llegará el momento de su descendencia bajo el madero y que pronto te harán abuelo, para disfrutar hasta el último momento.

“Y es que queridos amigos;
la vida del costalero,
es el tiempo que transcurre
desde el exacto momento,
en el que tu capataz
pone la mano en tu cuello
y acaricia la cerviz
con las yemas de sus dedos,
y termina cuando el paso
una vez dentro del templo
al sonido del martillo
los zancos tocan el suelo.”

Terminó esta parte del pregón exponiendo el sitio privilegiado del costalero y él dice que privilegiado es aquel que cuenta con la verdad y la entrega de un costalero. Así deja esta pregunta: ¿Merece la pena? Concluye esta parte con un soneto que volvió a levantar una ovación al terminar con esta definición:

“Somos solo costaleros
que sin trampa ni cartón
entregamos los sudores,
armados con el valor,
ese que tienen las flores
pa crecer sin condición
al compás de los tambores
que despintan su blancor.
Solo somos costaleros,
guardas de la tradición,
centinelas de los sones
que sonaron sin temor
golpeando tus bastiones
cuando vibra el corazón,
por la gloria de maría
por todas sus letanías
y por la gracia de Dios.”

Se acercaba el final y dejaba su herencia costalera, volviendo a realizar la misma pregunta ¿Mereció la pena? Aquí vuelve a elevar al costalero con sus virtudes y defectos, volviendo la mirada tras en el recuerdo y elogiando a la mujer costalera cordobesa.

Tuvo un recuerdo final para las dos advocaciones que se encontraban en el altar expuesto para tal ocasión. Ntro. Padre Jesús del Silencio, vecino suyo al lado del Teatro Falla:

“Uno, el que fue mi vecino
al lado del Teatro Falla,
siguió en silencio el camino
con La Caleta a su espalda
dejando atrás un vacío
que hasta el levante lloraba
cuando voló de su nido
hacia Córdoba la llana
agrandando sus dominios
y Fray Ricardo salvara
del más oscuro ostracismo.
Para mí no pido nada,
solo salud pa los míos,
Dios de la dulce mirada.
El obrero más divino,
el que en el cerro descansa
y aquí encontró su sino.
Llora la taza de plata
aquel recuerdo vivido
sabiendo con esperanza
que no existe mejor sitio,
pues Córdoba lo abraza
como al mejor de sus hijos.”

Otro verso precioso le hizo para Ntro. Padre Jesús Caído, donde se pone a la derecha para verle su cara, elogiando que le salvó el alma, sin poder aguantarle la mirada.

Se despidió hasta siempre de Córdoba, alabando de nuevo al costalero, y recordando todo lo que les espera a los costaleros la próxima Semana Santa por cada rincón de Córdoba, con detalles de Romero de Torres y Juan de Mesa y le pidió que, si Dios quiera, volverá a esta tierra a pregonar y sino lo que Él quiera. Al igual que a su madre almonteña, la que marca su camino y le lleva por la senda.

Con este final apoteósico la ovación fue de máxima sensación de emoción, llenos de recuerdos y momentos que casi todos han vivido en esta vida de un costalero.

Ayer, Iván Roa Rodríguez, dejó su impronta y puede decir que no fallaría nadie escogerlo para pregonar a su Semana Santa, imagen o devoción.