El verdadero origen de la Virgen del Rocío

Orígenes históricos de la devoción rociera: del Coto de Doñana a la aparición de la Virgen

En el año 1248, la ciudad de Sevilla fue incorporada a la Corona de Castilla por el rey Fernando III el Santo, dentro del proceso de expansión territorial hacia el sur peninsular. Posteriormente, tras la conquista del Reino de Niebla en 1262, se inició una amplia campaña de repoblación, en la que su hijo, el rey Alfonso X el Sabio, desempeñó un papel determinante en la reorganización del espacio recién conquistado. Como parte de esta empresa, el monarca reservó como coto de caza real el extenso territorio que se extendía desde Mures (actual Villamanrique de la Condesa) hasta las cercanías de las marismas.

La configuración del territorio tras la conquista cristiana

La crónica de esta iniciativa incorpora un dato de relevancia devocional: Alfonso X poseía la piadosa costumbre de erigir templos dedicados a la Virgen María en los territorios reconquistados. Este proceder pudo materializarse en la fundación de una ermita consagrada a Santa María en las tierras conocidas como Las Rocinas, cuya existencia inicial estaría vinculada al citado coto de caza, precedente directo del actual espacio natural de Doñana¹.

Primeras referencias documentales: el testimonio del “Libro de la Montería”

El primer testimonio documental que alude explícitamente a la primitiva ermita de Santa María de las Rocinas se encuentra en el célebre Libro de la Montería, compilado en 1340 bajo el reinado de Alfonso XI. En dicho tratado venatorio se hace mención, en el folio 294v, a una región denominada “las Roçinas”, descrita como “llana, toda sotos, e ay sienpre ý puercos”, destacándose la calidad de sus montes para la caza del jabalí. La cita remata con una alusión directa a una iglesia llamada Sancta Maria de las Roçinas, situada en las proximidades de otro templo denominado Sancta Olalla².

La relación de este espacio con la actividad cinegética se ve reforzada por la concesión, en 1253, de un donadío de 200 aranzadas de olivar en Mures a veinte monteros reales, tal como se documenta en los registros de cancillería de Alfonso X³. Estos monteros, servidores de la casa regia, eran los encargados de preparar el monte para las partidas reales de caza, configurando una geografía sagrada y funcional que enlazaba la práctica venatoria con los espacios de devoción.

El largo eclipse de la devoción y su posterior recuperación

A pesar de esta temprana implantación, la devoción mariana en Las Rocinas sufrió un prolongado eclipse. Las invasiones de los Benimerines en el siglo XIV sumieron estos parajes en la desolación y el abandono, y durante más de un siglo no se conservan testimonios documentales ni de la ermita ni de la imagen que en ella se veneraba. Este fenómeno de ocultamiento y olvido, común en otros santuarios marianos de la Península, guarda similitud con casos como los de la Virgen de la Hiniesta en Sevilla o la Virgen de la Almudena en Madrid⁴.

La tradición oral: el hallazgo prodigioso de la imagen

Es la memoria popular —transmitida oralmente de generación en generación— la que sostiene la narración fundacional del Rocío actual, centrada en el hallazgo milagroso de la imagen mariana en el entorno de Las Rocinas. Según esta tradición, a principios del siglo XV, un cazador de Mures llamado Gregorio Medina, hallándose en tareas cinegéticas, descubrió en el interior hueco de un árbol centenario una imagen de la Virgen maltratada por las inclemencias del tiempo. En la parte posterior de la talla se leía la inscripción: “María de los Remedios me llamo”⁵.

Informado el municipio de Almonte, del que dependía el lugar del hallazgo, numerosos vecinos acudieron al lugar y trasladaron la imagen a la localidad. Sin embargo, la noticia se difundió por toda la comarca y, en especial, Villamanrique reclamó también su derecho sobre la imagen, lo que dio lugar a una célebre controversia sobre la posesión de la Virgen.

Como solución salomónica, y siguiendo una práctica común de la época, se decidió uncir la talla a dos yuntas de bueyes procedentes de ambas localidades. Sin embargo, los animales no lograron moverse en ninguna dirección, lo que fue interpretado como un signo divino, por lo que se erigió una ermita de diez varas de largo en el mismo lugar del hallazgo, costeada mediante limosnas de los fieles⁶.

Disputas territoriales y reelaboración de la leyenda

Este relato, si bien aceptado de manera general en la comarca, presenta variantes significativas según las fuentes. En particular, las Reglas de la Hermandad Matriz de Almonte de 1758 omiten el nombre del cazador y se abstienen de mencionar el conflicto con Villamanrique, defendiendo una versión más neutral y excluyente. En contraste, la tradición manriqueña ha mantenido la identificación de Gregorio Medina como protagonista del hallazgo.

Este conflicto interpretativo responde a una tensión identitaria y simbólica, en la que Almonte aspira a la exclusividad del culto, mientras que los pueblos vecinos, con Villamanrique a la cabeza, reivindican su participación fundacional en la devoción⁷. Todo ello evidencia el proceso de reelaboración simbólica de la leyenda, en el que la piedad popular, los intereses locales y los silencios documentales se entretejen en un relato de raíces profundas.

Fundación devocional y origen de la romería

Con el redescubrimiento de la imagen en el siglo XV se produce una reactivación del culto, que motiva la reconstrucción de la ermita de Santa María de las Rocinas. Desde ese momento, los monteros de Mures, los pastores de Almonte y los carboneros de Sanlúcar de Barrameda comienzan a frecuentar este lugar, donde progresivamente se fue consolidando una romería en torno a la sagrada imagen, que más tarde recibiría el nombre de Virgen del Rocío⁸.

Este culto, originalmente individual o local, fue progresivamente institucionalizado por las hermandades, que comenzaron a organizar celebraciones anuales en la ermita. La articulación de estas fiestas permitió la consolidación de una devoción colectiva, anclada en una combinación de memoria legendaria y documentación histórica, cuyo origen se remonta a la fundación regia atribuida a Alfonso X y a la aparición mariana popularizada en el siglo XV.


Bibliografía y referencias

  1. Zamora Moya, José A. (2000). Vivencias (La Romería del Rocío). Algaida editores, Sevilla.
  2. Argote de Molina (1582). Monarquía de España.
  3. González y González, Julio (1998). Repartimiento de Sevilla, tomo I. Ayuntamiento de Sevilla y Signatura Ediciones.
  4. López Peláez, José L. (1981). Rocío 81. Imprenta Rábida, Huelva.
  5. Rodríguez Becerra, Salvador (1989). “La Romería del Rocío, fiesta de Andalucía”. El Folklore Andaluz, nº 3. Fundación Machado.
  6. Zamora Moya, José A. (2000). Ibíd., p. 20.
  7. Rodríguez Becerra, Salvador (1989). Ibíd., p. 148.
  8. AA. VV. (1979). Gran Enciclopedia de Andalucía. Ediciones Anel, Granada, pp. 2852–2854.