Paco Pardo lleva más de dos décadas ligado al arte sacro y al oficio del dorado, una trayectoria construida desde el aprendizaje junto a maestros de referencia y consolidada posteriormente al frente de su propio taller en Nervión. Su recorrido profesional está unido a intervenciones de especial relevancia en el patrimonio de distintas hermandades, pero también a una manera de entender el oficio asentada en la paciencia, el conocimiento técnico, la humildad y el respeto por la obra.
En esta entrevista, Pardo repasa los principales capítulos de su trayectoria y profundiza en los secretos de un trabajo en el que, como reconoce, conviven la vocación y la obligación. Habla de la conservación del dorado, la relación con las hermandades, el futuro de un oficio sin relevo generacional, su pasión por la música y sus incursiones en la opinión cofrade, al tiempo que reivindica la necesidad de trabajar con perseverancia para preservar unas técnicas cuya transmisión considera esencial.
«Mala Suerte Pal Torero»
Trayectoria y vocación
— Usted comenzó su trayectoria en 2003 como aprendiz de arte sacro junto al maestro tallista Manuel Durán González, con quien permaneció durante dos años. ¿Qué recuerda de aquella primera etapa y qué enseñanzas de entonces continúan presentes en su manera de entender hoy el oficio?
Recuerdo sobre todo el olor, ese olor a cedro, humedad y candela. Dentro del taller teníamos un barril antiguo que hacía de chimenea en el invierno. Recuerdo el dominio de la gubia del Maestro Durán. Tallaba sin ni siquiera mirar la pieza mientras te hablaba de lo jodido que era este mundillo. Allí aprendí la verdad del oficio y, por supuesto, muchos conocimientos de talla en madera que puse luego en práctica para el dorado, en su fase de rascado o retallado.
«El dorado ha sido una vocación obligada (…) lo amo y lo odio»
— En 2005 se adentró en el mundo del dorado de la mano del prestigioso taller de los Hermanos González, donde trabajó durante seis años. ¿Qué supuso para usted aquella experiencia y cuánto de lo aprendido allí sigue aplicando actualmente?
Aquello fue una gran oportunidad. El taller de los Hermanos González buscaba un aprendiz y Javier González me propuso probar y empezar. Durán me animó; me dijo que él no podía darme un futuro, puesto que ya estaba jubilado, y yo no me lo pensé dos veces. Quería trabajar en ese mundo, formarme y empezar a ser válido cuanto antes. Es de las cosas más claras que he tenido en la vida desde que tengo uso de razón.
Allí me hice hombre y aprendí prácticamente todo el oficio. Mi intención siempre ha sido llegar a la calidad de trabajo que aportaba el taller de mis Maestros. Aún a día de hoy, por supuesto, son un referente para mí.
— Después de aquella etapa, trabajó durante otros tres años para distintos talleres de dorado de Sevilla, participando en proyectos para hermandades de la capital y de otras ciudades andaluzas. ¿Qué le aportó esa etapa de aprendizaje y contacto con diferentes formas de trabajar?
Madurez en el oficio y en todos los sentidos de la palabra. Me convertí en oficial de primera y aprendí lo que se debe de hacer y lo que no.
«Mi intención siempre ha sido llegar a la calidad de trabajo que aportaba el taller de mis Maestros»
— En 2015 decidió establecer su propio taller en el barrio de Nervión. ¿Qué motivó aquel paso y qué supuso asumir personalmente la responsabilidad de cada proyecto?
Me establecí por obligación. Las condiciones en los talleres no eran las mejores. Quería formar una familia, comprar una casa, vivir mi vida, etc. Era imposible alcanzar ese objetivo con las condiciones que tenía en aquel momento y opté por buscarme la vida e intentarlo por mi cuenta. Por supuesto, doce años después de empezar a formarme.
— ¿Prefiere que le definan como artista o como artesano? ¿Qué significado tiene para usted cada uno de esos términos y con cuál siente que se identifica más?
Sin duda soy artesano. No creo que ningún oficio te dé el título de Artista o Artesano. Para mí, el arte está en la persona y en la forma de expresarse, ya sea con su trabajo o en el día a día de su vida personal. Lo que sí te puedo asegurar es que artistas quedan muy pocos.
— El dorado exige conocimientos técnicos, paciencia, precisión y una enorme dedicación. ¿En qué momento descubrió que este oficio no era simplemente una profesión, sino una verdadera vocación?
Mi vocación es la talla en madera y la música, ninguna de las dos he podido desarrollarlas. Quizás el dorado haya sido una vocación obligada. Lo amo y lo odio. Aunque le doy gracias a Dios cada día por todo lo bueno que me da.
«Sin duda soy artesano»
Una trayectoria marcada por grandes proyectos
— El paso de misterio de Nuestro Padre Jesús de las Penas de la Estrella, el dorado del paso del Nazareno de Santa María, la nueva bancada de altar de la Hermandad de Santa Marta, el paso del Señor Cautivo de Morón de la Frontera, el paso del Cristo de la Sed o los pasos de San Benito forman parte de un currículum jalonado de intervenciones de enorme relevancia. De todos los trabajos realizados hasta ahora, ¿hay alguno del que se sienta especialmente satisfecho o con el que mantenga una vinculación especial? ¿Por qué?
Todos son parte importante de mi vida y cada uno de ellos ha tenido su momento y aportación a lo que soy a día de hoy. La restauración del paso del Sagrado Corazón de Jesús de Nervión, la restauración de su dosel, la limpieza y restauración del retablo… todo lo que está en torno a Él es especial para mí. Él es el centro de mi vida y de mi día a día.

— Cuando recibe un paso para dorarlo, ¿qué es lo primero que analiza antes de comenzar a trabajar? ¿Hasta qué punto resulta determinante conocer la talla, su estado de conservación y las intervenciones anteriores?
Hacemos un estudio de la talla, los materiales, nos documentamos de todas las intervenciones anteriores y procedemos a preparar un proyecto y presupuesto, valorando la mejor opción para el cliente y la obra.
«El arte está en la persona y en la forma de expresarse, ya sea con su trabajo o en el día a día de su vida personal»
— Para alguien que no conozca los entresijos de este oficio, ¿cómo podría distinguir un buen dorado de otro técnicamente deficiente o manifiestamente mejorable? ¿En qué detalles debería fijarse?
Es algo muy relativo. El dorado es parte de la obra. Para que todo vaya buscando técnicamente la excelencia, la obra tiene que estar bien resuelta desde el papel hasta el montaje. Carpintería, talla, materiales, etc.
— ¿Existe una manera de dorar que pueda considerarse inequívocamente sevillana o cada maestro termina desarrollando una personalidad propia a través de su técnica?
No existe el estilo sevillano en el dorado. Cada maestrillo tiene su librillo. En Malta hay maestros del dorado que ya quisiéramos verlos por aquí, por ejemplo.
— El dorado no solo busca que una pieza brille, sino que forme parte de un conjunto artístico concebido para ser contemplado en movimiento y bajo distintas condiciones de luz. ¿Cómo se consigue ese equilibrio entre riqueza, profundidad y armonía?
He ahí el Arte del dorado.
«No existe el estilo sevillano en el dorado»
El dorador ante su obra
— ¿Qué siente cuando contempla uno de sus trabajos atravesando las calles de Sevilla después de haber pasado tantas horas de trabajo dentro del taller?
En los roces y manuseo que tendrá ya. Yo lo paso mal cuando veo el trabajo en la calle.
— ¿Hay alguna diferencia entre ver una obra terminada en el taller y contemplarla después integrada en una procesión, con la iluminación de la calle, el movimiento de los costaleros y todos los elementos de la cofradía?
No hay nada más bonito y más agradable que el oro con las distintas luces del día. Quizás sea una de mis obsesiones, la luz en el dorado.
— ¿Hasta qué punto siente que el dorador deja una parte de sí mismo en cada obra, incluso cuando esta pertenece a una hermandad y su autoría queda necesariamente en un segundo plano?
En la pregunta está la respuesta: la obra se lleva parte importante de nuestra vida. Y muchos sentimientos que solo ella conoce.
«Yo lo paso mal cuando veo el trabajo en la calle»
El valor del oficio y la relación con las hermandades
— ¿Considera que las hermandades valoran suficientemente la calidad de un trabajo de dorado o, en ocasiones, se tiende a escatimar en este ámbito aquello que no se escatima en otras parcelas de la vida de una cofradía?
Hay de todo, en todos los oficios.
— En ocasiones se afirma que algunas hermandades no dispensan a los artistas y artesanos el respeto que merece su trabajo. Desde su experiencia profesional, ¿considera que existe realmente ese problema? ¿Dónde deberían situarse los límites en la relación entre una hermandad y el profesional al que confía su patrimonio?
Las hermandades son todas maravillosas. Los veinte miembros de junta que están durante cuatro u ocho años, pues como te he dicho antes hay de todo, pero como en todos los ámbitos de la vida.
«Cada maestrillo tiene su librillo»
— ¿Cree que existe suficiente cultura patrimonial entre los responsables de las hermandades para comprender que un dorado no debe contemplarse únicamente desde su coste económico, sino también desde la calidad, la técnica, la durabilidad y la conservación de la obra?
Pues te podría seguir diciendo lo mismo en esta pregunta. Hay juntas de gobierno con personas o equipos de trabajo muy preparados en el ámbito patrimonial y otras que no.
— ¿Hasta qué punto condicionan los presupuestos de las hermandades las decisiones técnicas que puede adoptar un dorador?
Depende mucho de la capacidad económica de la hermandad. También depende de los asesores que tengan.
«No hay nada más bonito y más agradable que el oro con las distintas luces del día»
La técnica del dorado y la conservación
— El dorado es un trabajo que requiere numerosas fases y en el que cualquier error puede terminar condicionando el resultado final. ¿Cuál considera que es la etapa más delicada de todo el proceso?
Todas las fases son igual de importantes. Sin una bien ejecutada no vale para nada la siguiente.
— ¿Qué diferencias existen entre realizar un dorado completamente nuevo y restaurar o recuperar un dorado antiguo? ¿Qué dificultades específicas presenta cada uno de estos trabajos?
Bastante. Cada una requiere de unos conocimientos totalmente distintos dentro de que son el mismo ámbito. Hablamos de dos oficios en uno.
«La obra se lleva parte importante de nuestra vida»
— ¿Hasta qué punto es importante respetar los dorados históricos cuando se interviene sobre un paso? ¿Dónde situaría la frontera entre restaurar y rehacer?
Igual de importante que en conservar la policromía original de una imagen. Restaurar o rehacer dependerá del estado en el que se encuentre la pieza.
— ¿Qué papel desempeña actualmente la investigación de materiales y técnicas tradicionales en los talleres de dorado? ¿Se ha perdido alguna práctica antigua que considere especialmente importante recuperar?
En el dorado diría que no se ha perdido nada. Lo único es que los materiales cada día son de peor calidad, exceptuando el oro.

— Una cuestión que siempre genera preocupación cuando un paso sale a la calle: ¿es realmente tan dramático que un paso dorado se moje? Existe la costumbre de advertir que no debe tocarse el dorado después de haber recibido lluvia e incluso hemos visto a costaleros rodeando el paso para evitar que alguien lo toque. Como especialista, ¿qué sucede realmente cuando un paso dorado se moja y qué debe hacerse exactamente en ese momento?
El oro se aplica con agua, es decir, que el agua hace el mismo efecto para arrastrar el oro. El agua en cantidad es un gran problema, al igual que los cambios bruscos de temperatura, debido a las dilataciones de la madera.
«Hay juntas de gobierno con personas o equipos de trabajo muy preparados en el ámbito patrimonial y otras que no»
— ¿Qué enemigos son más perjudiciales para un dorado a largo plazo: la humedad, la lluvia, la manipulación, la suciedad, los productos de limpieza inadecuados o las condiciones ambientales?
Todos los nombrados en la pregunta son perjudiciales para la conservación del dorado.
— ¿Con qué frecuencia debería someterse un paso dorado a labores de conservación y qué señales permiten detectar que necesita una intervención antes de que aparezcan daños mayores?
Dependiendo de la conservación que se le dé al mismo y, por supuesto, del estado en el que se encuentra durante todo el año.

— ¿Hay determinados productos o prácticas de limpieza que las hermandades deberían desterrar por completo porque pueden deteriorar el oro o las capas que se encuentran debajo?
Esto suele pasar más en la orfebrería.
«Restaurar o rehacer dependerá del estado en el que se encuentre la pieza»
El oficio en el presente y el futuro
— ¿Considera que el oficio del dorador goza actualmente de buena salud en Sevilla? ¿Existe relevo generacional suficiente para garantizar que estas técnicas continúen transmitiéndose?
Hoy en día hay una cantidad de trabajo abismal, con lo cual a día de hoy goza de buena salud. El relevo no existe. La sociedad actual quiere lo rápido y fácil y un oficio como este no representa ninguna de esas dos premisas. No solo el dorado; esta próxima generación va a hacer perder muchos más oficios.
— ¿Qué cualidades debe reunir hoy un joven que quiera convertirse en dorador? ¿Es suficiente con tener habilidad manual o considera imprescindible una formación artística y patrimonial más amplia?
Las habilidades son ganas de aprender y trabajar. Unos tardarán más y otros menos, pero es un oficio que se aprende.
«El agua en cantidad es un gran problema»
— ¿La evolución de los materiales y de las herramientas ha facilitado el trabajo del dorador o, por el contrario, existe el riesgo de que determinadas técnicas tradicionales terminen perdiéndose?
El dorado es de los pocos oficios en los que no se han producido avances tecnológicos.
— ¿Cuáles son sus próximos proyectos? ¿Hay algún trabajo en el horizonte que le ilusione especialmente por su dificultad, su importancia artística o por lo que representa para la hermandad que lo encarga?
Mi proyecto es mantener lo conseguido con humildad y trabajo. Mi ilusión es que siempre nos vaya así de bien y no nos falte el trabajo, venga de donde venga.
«El relevo no existe»
Música, opinión y mundo cofrade
— Su relación con las cofradías no se limita al ámbito profesional, ya que también es músico. ¿Qué semejanzas encuentra entre ambas facetas? ¿Son para usted dos expresiones distintas de una misma sensibilidad artística o constituyen mundos completamente separados?
Son mundos totalmente diferentes, aunque creo que para la Semana Santa igual de importantes. El patrimonio artístico y el patrimonio musical deben de ir de la mano para buscar la excelencia en una hermandad o cofradía.
— Recientemente, solo o junto a su compañero Carli Lora, ha comenzado a plasmar sus reflexiones en una columna semanal que publica este medio. ¿Es fácil mojarse y expresar opiniones en el mundo de las cofradías cuando, al mismo tiempo, se desarrolla una profesión estrechamente vinculada a las hermandades?
Para nosotros sí, somos lo que somos y estamos orgullosos. No tenemos dos caras. Para bien o para mal, Carli Lora y un servidor somos lo que se ve. Siempre que se opine con respeto, no debería haber ningún problema. Y el que lo tenga, pues «Mala Suerte Pal Torero», es una frase muy nuestra.
«Esta próxima generación va a hacer perder muchos más oficios»
— El mundo de los medios de comunicación tampoco le resulta ajeno y han sido varias sus incursiones en este ámbito. ¿Cómo contempla la situación actual de la denominada prensa morada? ¿Qué cree que está haciendo bien y qué debería replantearse?
La prensa hace su trabajo, que es informar. Si una hermandad no quiere que salga algo a la luz, ya le digo que no sale. Con esto quiero decir que la prensa informa de lo que se hace o dice públicamente. Quizás sean las hermandades las que se deban de plantear si es necesario sacar un comunicado para absolutamente todo. Solo nos falta saber a qué hora comen los miembros de junta.

— Y ya que hablamos de mojarse, ¿qué opinión le merece la realidad musical de las cofradías sevillanas? Parafraseando a un conocido polemista sevillano, ¿qué excesos detecta actualmente, si es que considera que los hay?
Mejor que haya excesos de cofradías y de juventud a la que le dé por eso y no por cosas. ¿Qué mal hace un chaval grabando una banda, o treinta cofradías en la calle todos los fines de semana? Por quejarnos que no quede.
Como ya te he dicho, ojalá a toda la juventud le dé por ser cofrade, o como los llamen, y no por cosas tan horribles como las que yo viví en mi juventud con amigos y vecinos de mi infancia. A veces se nos olvida todo lo malo que nos rodea…
«El dorado es de los pocos oficios en los que no se han producido avances tecnológicos»
— Después de más de dos décadas vinculado al arte sacro y al dorado, ¿qué cree que ha cambiado más en el mundo de las hermandades: la manera de entender el patrimonio, la forma de trabajar de los artistas o las exigencias de las propias cofradías?
Creo que las hermandades han mejorado mucho en ese tema y cada día se asesoran mejor y valoran y cuidan mucho más lo que tienen.
— Si pudiera transmitir una sola enseñanza a las futuras generaciones de doradores para garantizar que el oficio conserve su identidad y su calidad, ¿cuál sería?
Les diría que si no están dispuestos a ser una tortuga, se dediquen a otra cosa. El taller es nuestra casa, nuestro cobijo, nuestra vida y nuestra tumba.
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