Entrevista | Rafael Giraldo: «En la vida hay mucho más que ser capataz»

Rafael Giraldo afronta una etapa de su trayectoria que él mismo califica como «dorada». Al frente de los pasos de palio de la Estrella, la Paz y Esperanza y el Mayor Dolor en su Soledad, el capataz cordobés contempla el presente desde la experiencia que proporcionan los años, pero también desde la conciencia de que cualquier responsabilidad es pasajera. La técnica, la gestión de los grupos humanos, la fe, las relaciones personales, las críticas, las redes sociales y la propia evolución del costalero cordobés aparecen a lo largo de una conversación en la que Giraldo reivindica, sobre todo, el valor del servicio a las hermandades.


«La gestión de la llama de la fe, evidentemente, es diaria. Cada uno, en su vida, tiene que avivarla diariamente»

—Como capataz, ¿en qué momento de tu trayectoria sientes que te encuentras actualmente y cómo definirías la etapa que estás viviendo al frente de tus cuadrillas?

Bueno, como capataz, evidentemente, como en cualquier profesión, una vez que la vida te va dando oportunidades y años, consigues estar con mucha más tranquilidad. Puedes conseguir ver las cosas desde un prisma más calmado. No tienes que demostrar nada, puesto que creo que con los años, con la experiencia ya vivida y con los resultados de la calle, realmente hacen que no haya que demostrar nada.

Siempre te exiges, evidentemente, tener una salida donde los titulares se luzcan. Pero, en este momento, yo me encuentro en una fase de disfrute, una fase donde realmente dominamos nosotros los pasos que llevamos. Tenemos, gracias a Dios, gente suficiente y gente en lista de espera para llenar los tres pasos.

Eso también te da la confianza de que las cosas que uno va haciendo en el camino realmente se proyectan en el exterior con agrado y la gente quiere trabajar con nosotros, quiere formar parte de nuestras cuadrillas. Realmente estamos viendo una etapa dorada dentro de este mundo, dentro de mi trayectoria y de la de mi equipo, por supuesto.

«Nada es fácil en la vida»

La fe y la gestión diaria de las cuadrillas

—¿Consideras que la gestión de las cuadrillas de costaleros te ayuda a mantener la llama de la fe encendida o, por el contrario, te la apaga?

La gestión de la llama de la fe, evidentemente, es diaria. Cada uno, en su vida, tiene que avivarla diariamente. Cuando uno se levanta, qué puede hacer por los demás, cómo puedo trabajar para acercar a las personas al Señor y a la Virgen.

Todo ello, si cabe, se proyecta también más a las cuadrillas, porque nuestra labor, aunque realmente es una labor técnica, es una labor de oficio, sí tiene una labor importante de Iglesia, de fe, de transmitir los valores de Jesús y de María.

Somos nosotros, tanto los capataces como los equipos que lideran o que mandan una cuadrilla, los encargados también de intentar transmitir esos valores de fe y de cristiandad a nuestro grupo humano, por supuesto.

«No somos dueños de las personas a las que dirigimos»

—Sí, pero yo te preguntaba si la propia gestión de la cuadrilla, gestionar la cuadrilla de costaleros, estar trabajando todos los días, bregando, desarrollando una labor en la que no dejan de existir conflictos en una cuadrilla como en cualquier grupo humano, te ayuda a potenciar tu propia fe o, por el contrario, hay momentos que te provocan un desánimo, desde el punto de vista de la fe.

No, porque nada es fácil en la vida. Tampoco la situación personal nuestra de intentar potenciar eso en nuestras cuadrillas debe calar negativamente en nosotros mismos.

Nosotros tampoco somos dueños de las personas a las que dirigimos. Nosotros podemos intentar transmitir esos valores, como yo te decía antes, y que la gente los capte, los coja en mayor o menor medida, no debe dañar nuestra vida interna. Al revés. Creo que es un acicate de fe para nosotros mismos.

«La gestión de un grupo no solamente se ciñe a la técnica, las medidas y a las igualás perfectas y a que el paso sea una delicia en la calle»

—Has pasado por momentos en los que estar al frente de un paso no solamente exige saber mandar, sino también saber escuchar, medir los tiempos y entender a las personas. ¿Qué pesa más cuando llega una decisión complicada: la experiencia acumulada o lo que te dicta el corazón?

Evidentemente, la gestión de un grupo no solamente se ciñe a la técnica, las medidas y a las igualás perfectas y a que el paso sea una delicia en la calle. Hay, como tú bien dices, un trasfondo humano en toda la gestión de ese grupo de cuadrillas.

Además, yo creo que un capataz tiene gran parte de su valor precisamente por la capacidad de ese grupo humano, de saber escuchar a todo el mundo e incluso de poder captar ideas si son positivas. No podemos estar con una mente cerrada y creer que lo sabemos todo. Hay que aprender y hay que ser dinámico a diario.

«Estamos viendo una etapa dorada dentro de este mundo»

Cuando se trata de una decisión complicada, evidentemente, nosotros siempre miramos mucho el tema de la persona. Eso es evidente. Sin que ello conlleve que, si la decisión es la que hay que tomar, pues es la que hay que tomar, por mucho que nos duela.

Pero yo creo que en la vida nada es blanco o negro. Intentamos alinear los planetas para no tener decisiones dolorosas, siempre y cuando técnicamente se pueda. Si técnicamente lo impide, por mucho que nos duela y que una persona lleve muchísimos años en una cofradía, o una persona sea muy apegada a la propia hermandad, si técnicamente es inviable, con todo el dolor de nuestro corazón, porque somos personas antes de nada, tenemos que tomar determinaciones. También para eso, digamos, el equipo de gobierno de la hermandad te pone al frente de un paso.

«No podemos estar con una mente cerrada y creer que lo sabemos todo»

—Hace algunos años, por decisiones cuestionables que no vienen al caso, te apartaron de los martillos. ¿Qué aprendiste de esta etapa sin responsabilidades al frente, tanto negativa como positivamente?

Bueno, aprendí que en la vida hay mucho más que ser capataz. Se puede vivir una hermandad desde otros prismas. Yo cogí mi túnica y la verdad que me sentí plenamente satisfecho y aprendí a valorar más, si cabe, lo que tengo.

Sin duda, porque todo es efímero. Pero cuando te encuentras en una dinámica, donde todo te viene de cara y tú además eres consciente de que todo viene de cara, y llega el día en que se pierde, aunque, evidentemente, yo te digo que me sentí plenamente satisfecho con la túnica, es cierto que ahora se valora mucho más.

Además, lo digo porque hoy estamos aquí, estamos de paso. Como decía Rafael Muñoz, el capataz siempre tiene que tener la maleta hecha, pero mientras que estemos, lo vamos a disfrutar a tope.

«Si la decisión es la que hay que tomar, pues es la que hay que tomar, por mucho que nos duela»

—Sin embargo, en poco tiempo volviste con mucha fuerza y has tenido una evolución espectacular. Hoy, cuando miras hacia atrás y te ves ahora, ¿cómo se gestiona esto desde tu interior?

Pues yo creo que es muy fácil: siendo la misma persona que antes. Tu ego no puede ser mayor que la persona. Nosotros estamos, como te he dicho, de paso. Hay que disfrutar del presente.

Hoy nosotros llevamos tres pasos. Mañana puede ser que ninguno. Pero Rafael Giraldo va a ser igual el día que no llevaba pasos, el día que llevaba uno, el día que lleve tres y el día que vuelva a tener cero.

Porque la vida y los amigos son para toda la vida. Los costaleros también son para toda la vida, porque aunque no lleves un paso siempre tienes gente que siempre es tu costalera. Pero el ir por la calle, como yo me encontré en su momento, encontrarte un costalero y estar loco por tomarte un refresco y echar un rato de charla y preguntarte por la familia, eso hoy día no tiene precio.

«Yo cogí mi túnica y la verdad que me sentí plenamente satisfecho y aprendí a valorar más, si cabe, lo que tengo»

Y eso es lo más importante que creo que un capataz tiene que tener. Esa complicidad con su cuadrilla. Esa cuadrilla pone muchas cosas en tu persona, entre ellas la salud, y que termines un día de salida y que el costalero se sienta cómodo con tu trabajo, a pesar de que no lo compartas al cien por cien, porque todo el mundo sabe que los costaleros, pues un simple relevo, una vez hayas dado o tal, siempre tiene sus cositas, pero ese tema que hay de complicidad capataz-cuadrilla creo que es importantísimo y es al que yo me voy a llevar. Yo me siento súper cómodo con la gente que trabaja con nosotros y creo que la mayoría de ellos también conmigo, y eso no hay dinero que lo compre.

«Hoy estamos aquí, estamos de paso (…) mientras que estemos, lo vamos a disfrutar a tope»

—En una cuadrilla hay costaleros que llevan muchos años contigo y otros que llegan por primera vez. ¿Qué buscas en un costalero cuando se mete debajo de un paso y qué cosas son las que hacen que alguien termine ganándose tu confianza?

Yo creo que es muy importante que el costalero tenga un trato por igual. Aquel que lleva veinte años con nosotros, quince años con nosotros, cinco años con nosotros o un año con nosotros. Siempre que ese que entra nuevo se gane tu confianza. ¿Cómo se gana tu confianza? Evidentemente, con trabajo, con honestidad, con disciplina, con cariño, dando lo que tenga.

«Tu ego no puede ser mayor que la persona»

Yo siempre digo, todos los costaleros, en una escala del uno al diez, físicamente no pueden dar lo mismo porque son personas diferentes. Pero si un costalero tiene diez, tiene que dar diez, y si tiene ocho, que dé su ocho. Cuando el costalero da todo lo que tiene, no le puedes pedir nada más.

Intentamos transmitir esos valores a la gente joven. Y lo que intento en nuestras cuadrillas es que no haya ese separación que hay en muchas cuadrillas, esos pequeños grupos que por edades es normal que los haya, e intento fusionar a todos los costaleros con cualquier edad y que además la humildad sea uno de los valores importantes de la gente joven que entra. Que se fijen en la gente antigua. Que no los miren y, como yo les digo, puede ser que un antiguo a lo mejor la ropa la lleve peor que tú. Bueno, puede ser. Pero a lo mejor ese antiguo da mucho más cariño, da mucha más resistencia a lo largo de un recorrido y tiene cosas que nunca en el día de hoy las tiene un chaval joven.

Con lo cual, intento que coexista el antiguo con el nuevo, pero que el nuevo vaya cogiendo muchos hábitos buenos de los antiguos. Y, a su vez, los antiguos también reciben muchas directrices, sobre todo en tema de ropa y posiciones. Nosotros trabajamos mucho técnicamente los hábitos. La persona es de hábitos, no solamente de Semana Santa o en una cuadrilla, en cualquier cosa que haga en la vida. También intentamos que los antiguos, evidentemente, cojan hábitos positivos para la gente joven.

Con lo cual, cohesionamos eso, o intentamos hacerlo: el nuevo con el antiguo. Y la verdad que es una cosa que nosotros intentamos hacer en la cuadrilla y que, si lo haces con cariño y lo haces transmitiendo que nadie es más que nadie, la gente se sube al carro y todo el mundo va uno.

«Yo me siento súper cómodo con la gente que trabaja con nosotros y creo que la mayoría de ellos también conmigo, y eso no hay dinero que lo compre»

—Has mencionado el tema de la edad. ¿Qué opinas de la derogación de la limitación de edad que hace unos días fue noticia en La Esperanza del Diario?

Pues yo estoy de acuerdo con que no haya una edad límite y, si la hay, desde luego que no sean los cincuenta años. Porque hoy día es cierto que la mayoría de la gente se cuida. Hay personas que tienen, evidentemente, un trabajo donde no tienen un movimiento físico, pero esa persona se cuida, va a un gimnasio, hace sus tablas de ejercicios, se prepara para una salida a conciencia.

Y hoy día hay gente con cincuenta, con cincuenta y cinco y con cincuenta y seis que tienen una capacidad física debajo de un paso impresionante. Como media. Luego hay casos excepcionales de gente con sesenta, con sesenta y uno y con sesenta y dos que son tremendos. Pero bueno, las medias hoy día, por supuesto, no están en cincuenta años, por lo menos bajo mi punto de vista.

«Cuando el costalero da todo lo que tiene, no le puedes pedir nada más»

—Hay capataces que entienden el martillo como una responsabilidad, otros como una forma de vida y otros como una prolongación de su propia manera de entender la Semana Santa. Después de tantos años, ¿qué significa realmente para ti colocarte delante de un paso?

Pues evidentemente es una responsabilidad. Yo añadiría que el capataz tiene que dar un servicio a la cofradía. Nosotros no podemos ser un producto independiente. Nosotros tenemos que estar metidos en los engranajes que es una cofradía.

El capataz tiene que estar al servicio de la hermandad para todo lo que se necesite dentro de sus posibilidades y, como tal, intentar que su gente, que los costaleros, se pongan al servicio de la hermandad, por lo menos en las hermandades que nosotros llevamos.

Es muy bonito y hay que vivirlo, estar acompañando a tu hermandad, por supuesto, en un paso, pero también en el trabajo diario. Nosotros, dentro de nuestras hermandades, tenemos convivencias o tenemos, por ejemplo, participación activa en cruces de Mayo, haciendo turnos, vendiendo papeletas… Lo que toda la vida ha sido un costalero, genéricamente hablando, en nuestra ciudad.

Intentamos que esos valores no se pierdan y que nuestras cuadrillas no sean tan profesionales como para decir: «Yo no quiero saber nada del turno de cruz. No quiero saber nada de una convivencia. Yo me limito a sacar el paso y me voy». Intentamos que eso no sea así. La mayoría de las ocasiones se consigue. Tenemos una participación activa en la vida de las tres hermandades que tenemos.

Y, para mí, aparte de la responsabilidad y el servicio a la cofradía, evidentemente es lo más grande, porque puedes llegar a trasladarle a la gente la maravilla que es tener la posibilidad de ir en el mejor sitio y con las mejores condiciones un día de salida. No se puede estar más a gusto que ir con Dios o con la Virgen. Somos unos privilegiados.

«Yo estoy de acuerdo con que no haya una edad límite y, si la hay, desde luego que no sean los cincuenta años«

—Eres de los capataces que tienen una mayor exposición en redes sociales. ¿Consideras que las cuadrillas o los capataces tienen que estar expuestos o, por el contrario, lo consideras algo irrelevante?

Bueno, nosotros nos movemos en redes sociales, pero realmente no es una punta de lanza que nosotros consideremos un valor incuestionable. Nosotros es verdad que exportamos lo que hacemos porque nos gusta que la gente vea cómo trabajamos. Pero realmente las redes sociales nosotros no las trabajamos de una manera como para que sea un valor dentro de nuestro sistema de trabajo. Es un añadido.

«El costalero pinturero creo que es una minoría»

—Córdoba tiene una personalidad muy marcada a la hora de entender el mundo del costal. Después de haber vivido distintas etapas y haber conocido diferentes maneras de trabajar, ¿qué crees que define de verdad al costalero cordobés?

El costalero de Córdoba poco a poco se ha convertido en mucho más técnico que antes. Es verdad que las generaciones que vienen, y son muchas personas, son generaciones que han cuidado mucho la cultura del costal.

En su mayoría, aunque es verdad que en algún caso tienen mucho ruido, son gente honesta, son gente disciplinada, y el tópico del costalero pinturero creo que es una minoría. El costalero de Córdoba, a mi modo de entender, está también en una etapa dorada. No solamente por cantidad, sino por calidad.

Hoy día hay gente muy preparada y grandísimos costaleros. Y nada que ver, evidentemente, con la década que nos tocó a vivir en la década de los noventa, donde había mucho corazón, mucho sentimiento, mucha disposición, pero éramos carentes de otra serie de valores que hoy día hay; tienen más medios, más posibilidades. La verdad que estamos en una época donde el costalero disfruta debajo de un paso.

«El nudo de la corbata va abrochado hasta arriba los tres días»

—Cada cofradía es un mundo y cada paso tiene una dificultad. Pero tú tienes tres buenos ejemplos de diversidad: una cofradía de barrio, con sabor y apoyo de su entorno; una cofradía de solera, donde el valor de lo clásico es su mensaje; y otra cofradía popular, con una devoción que trasciende fronteras. El trabajo está claro y la solvencia es indudable, pero ¿cuál de estos tres pasos te ajusta más el nudo de la corbata?

Yo siempre digo que tener la responsabilidad de sacar un paso es como tener un hijo. ¿Cuál de tus tres hijos o de tus dos hijos es mejor? ¿O te impone más? Yo creo que todo, porque todos tienen su momento. Evidentemente, soy muy de la cuerda de lo que tú acabas de marcar en la pregunta.

Cada paso es único e irrepetible y, como tal, debemos de entenderlo y disfrutarlo. Y el nudo de la corbata va abrochado hasta arriba los tres días. Porque yo siempre soy de los que digo que yo disfruto en el camino. Pero disfruto mucho más viendo disfrutar a mis costaleeros y cuando los zancos se posan en la última mano de la entrada. Ahí es cuando realmente la felicidad nos invade, sobre todo cuando el camino ha sido gozoso.

«Cada paso es único e irrepetible y, como tal, debemos de entenderlo y disfrutarlo»

—Cuando echas la vista atrás después de una Semana Santa, ¿con qué te quedas realmente: con la satisfacción del deber cumplido, con algún instante concreto vivido en la calle o con ese momento en el que sientes que has conseguido que todos los hombres sean uno bajo el paso?

Realmente, con cualquiera de los que tú acabas de nombrar. Yo soy de los que, en todas las citaciones de nuestra cuadrilla, en todas, siempre les digo lo mismo: que la Semana Santa, si se limita al día de salida, es tan efímera y tan rápida que no nos llegaría a llenar.

Entonces yo vivo con mucha intensidad y además así lo transmito cada una de las situaciones previas, desde la igualá. Yo siempre le pongo el mismo ejemplo. Estamos en una escalera imaginaria. Con el primer peldaño que es la igualá, y luego los dos o tres siguientes que son los ensayos, el siguiente que es el retranqueo y el último que es el que te lleva al cielo. Cada pose de tu pie en uno de esos peldaños tiene que ser para degustar cada momento. Y todos son importantes.

Hay que vivir con tanta intensidad un ensayo como un día de salida. No llevas a la Virgen. Pero como se ensaya, como se sale. Con lo cual, nosotros transmitimos siempre: disfrutar de cada momento, porque no sabes cuándo el Señor te va a decir «hasta aquí has llegado».

«Hay que vivir con tanta intensidad un ensayo como un día de salida. No llevas a la Virgen. Pero como se ensaya, como se sale»

—Estás muy expuesto y, como ocurre con todo aquel que ocupa una posición visible, también recibes críticas. ¿Cómo valoras la crítica que recibes, especialmente cuando llega desde el mundo cofrade, y cómo la asumes cuando consideras que puede tener parte de razón? Y, al mismo tiempo, ¿cómo distingues una crítica sincera y constructiva de aquellas que pueden responder a intereses personales, rivalidades o determinadas intenciones?

Sí, eso es evidente. Todo el que tiene un cargo, de mayor o menor importancia, si es público, está expuesto a una crítica. Hay que asumirla con naturalidad y luego tener esa separación del grano de la paja.

Evidentemente, hay gente que, hagas lo que hagas, le va a parecer que todo está mal, al igual que hay gente que, hagas lo que hagas, le va a parecer que todo está bien porque eres muy bueno. Yo creo que ni somos tan buenos ni somos tan malos. En el término medio está la virtud. Uno lo hace siempre con la mejor de sus intenciones.

Si la crítica es constructiva y tú lo notas, hay que escucharla, valorarla y luego tomar una decisión: aceptarla y llevarla a cabo. Yo no soy un negado a decir: «Oye, si me dicen que esto lo estoy haciendo mal y se puede hacer de otra manera, bueno, se puede valorar».

Pero sí que es verdad que, porcentualmente, hay un quince, un veinte por ciento de críticas, hoy día en la calle, que son destructivas. Esas, como dice el refrán, habiendo días enteros, ¿para qué vamos a hablar de medios días?

«Hay que disfrutar de cada momento, porque no sabes cuándo el Señor te va a decir hasta aquí has llegado«

—¿Huyes del peloteo?

Yo creo que el peloteo muchas veces es algo personal. No se trata de alabanzas. Yo creo que hay que ser educados. Hay que ser naturales. Si algo te gusta, hay que decirlo. Si hay algo que tú quieres, hay que decirlo. Hay que dar, como digo yo, hay que darle beso a la gente que quieres. Hay que decirle «lo has hecho bien» a la gente que lo hace bien y, si no lo ha hecho bien, sino que realmente tiene sensibilidades, pues igual: «Yo lo haría de otra manera». También vale.

—Pero, ¿y cuando se hace contigo? ¿Te andas con pies de plomo con esa gente que siempre te dice que todo lo haces bien, que nunca te equivocas, que eres el mejor y que quiere salir contigo de costalero aunque haya soltado el costal hace veinte años?

Bueno, yo creo que, igual que cuando la gente va con malas artes y malas intenciones lo notas, también el excesivo peloteo por cuestiones personales y por entrar en una cuadrilla lo notas. Tú sabes quién está buscando un hueco o lo crees saber y quién no. Entonces, sí, eso hay que tenerlo también en cuenta, en el cargo va también saber distinguir el excesivo peloteo por una cuestión personal.

«Hay gente que, hagas lo que hagas, le va a parecer que todo está mal»

—Algún día llegará el momento en el que tengas que dejar los martillos. Cuando imaginas ese día, ¿qué te gustaría que quedara de Rafael Giraldo en las cuadrillas que has dirigido y en las cofradías a las que has servido?

Hombre, espero que sea de aquí a muchos años (risas). Pues, mira, yo siempre lo que intento es que el costalero que salga con nosotros sea más feliz que cuando sale con otra cuadrilla, con todo mi respeto a los demás. Hacer a las personas más felices, siendo lo mismo, evidentemente.

Y en las hermandades me gustaría que realmente valoraran el trabajo que se ha hecho, no solo a nivel de capataz, porque me parece importante, porque yo soy un hombre de hermandad, que ha hecho muchas cosas dentro de las hermandades.

Me gustaría que me valoraran como ese hombre que intentó que su cuadrilla participara más en la hermandad y que su cuadrilla, además, cumplió y trabajó más en la hermandad. Me gustaría que quedara en eso: una persona que a nivel técnico y de oficio ha llevado bien los pasos y los ha tenido en niveles top, pero, aparte, que ha conseguido integrar a esa gente.

«Siempre intento que el costalero que salga con nosotros sea más feliz que cuando sale con otra cuadrilla»

—No te lo iba a preguntar, pero te lo voy a preguntar. En tu cabeza está retirarte o que te retiren.

De momento, en mi cabeza ni está retirarme ni que me retiren. No me lo he planteado, sinceramente. No me gustaría que me retiraran. Yo creo que cada uno tiene que ver cuándo ya no es capaz de aportar. Porque lo más bonito es ir con ilusión a los sitios. Si no tienes ilusión, entonces es momento de coger y bajar la persiana y decir: «Hasta aquí he llegado». Y mientras que tengas ilusión, todo es más fácil. No me gustaría, evidentemente, que llegara un momento que me retiraran. Pero también lo he vivido: que me retiraron.

«No me gustaría que me retiraran. Yo creo que cada uno tiene que ver cuándo ya no es capaz de aportar»

—Es necesario que haya gente que quiera asumir responsabilidades en todos los ámbitos; las cosas avanzan cuando personas deciden dar pasos al frente. En tu ámbito de trabajo dentro de las cofradías, ¿qué opinas cuando un capataz ofrece su trabajo a una cofradía cuyo puesto está vacante?

Cada persona es libre de hacer lo que crea conveniente. Yo, desde luego, no me ofrecería nunca a una hermandad que tuviese un puesto vacante, porque considero que esto no es como cuando hay una bolsa de empleo para ser administrativo de una empresa. Creo que es totalmente diferente y que nosotros no somos los que nos tenemos que ofrecer. La hermandad tendrá que valorar qué cualidades tiene ese capataz, qué puede aportar a tu hermandad. Que un capataz se ofrezca a una hermandad dice poco de esa persona, porque creo que va buscando un lucimiento personal.

«Yo, desde luego, no me ofrecería nunca a una hermandad que tuviese un puesto vacante»

—Soñar en azul es…

Soñar en azul es el culmen de la felicidad.

—Subir la cuesta de San Cayetano es…

Subir la cuesta de San Cayetano es llegar al cielo.

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La Paz por los jardines es un éxtasis de fe, de color, de sabor, de olor y de los que te llena el alma.