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Sevilla

Fernando Vaquero recrea, en su maravilloso Cartel del Bicentenario, el primer día de vida de la Virgen de la Trinidad

El Salón Colón del Ayuntamiento de Sevilla ha sido el escenario elegido por la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Trinidad para desvelar el espectacular cartel conmemorativo realizado por Fernando Vaquero con motivo del segundo centenario de la bendición de su dolorosa. La infinita creatividad de su arte que asombró y recibió el beneplácito unánime de todo el universo cofrade a raíz del espectacular cartel que creó para anunciar la Semana Santa de Sevilla ha servido ahora para ilustrar esta importante efemérides. Una maravillosa obra que imbuida de esa aura historicista que siempre impregna las creaciones de Vaquero nos retrotrae al instante en el que Juan de Astorga culminó a la bellísima dolorosa hispalense. 

Vaquero ha representado la escena en un taller austero recreando la época en la que se creó la Esperanza, una época de posguerra, de años tristes y decadentes en la que la ciudad de Sevilla intentaba recuperarse de la invasión francesa. En medio de la tristeza y decadencia, Astorga crea la Esperanza. El cuadro de Vaquero recrea una escena singular en la que «Juan de Astorga acaba de terminar a la Esperanza, en su taller de la calle Amor de Dios, 37, mientras continúa trabajando en una nueva obra -quizás María Santísima del Buen Fin de la Cofradía de la Lanzada, realizada ese mismo año-. Sin embargo, no puede reprimir mirarla probablemente convencido de que acaba de crear su obra cumbre». 

Para el escenario del cartel del bicentenario Vaquero se inspira en la estancia de «Las Meninas»: una gran sala en la que unas ventanas situadas a la derecha del espectador aportan luz a la escena. En esa gran estancia de «Las Meninas» podemos ver tanto el suelo como el techo los cuales se van empequeñeciendo progresivamente hacia el fondo por efecto de la perspectiva. Al mirar de frente «Las Meninas», la parte derecha aparece más iluminada mientras que la izquierda aparece más en penumbra y es en esa parte de la penumbra donde Velázquez se retrata trabajando y mirando hacia el frente. En la obra de Vaquero ocurre lo mismo. La luz entra por unas ventanas también a la derecha del espectador, suelo y techo aparecen pintados, la parte izquierda aparece más en penumbra y también en esa zona de penumbra es donde aparece el artista -en este caso Astorga– también trabajando, y también mirando al frente.

No obstante, la verdadera protagonista del cartel es una esperanza que acaba de nacer. Es el primer día de vida de la Esperanza que nace «entre la tristeza y la pesadumbre». Vaquero ha explicado en su discurso que «Juan de Astorga rompió con aquella tradición del Barroco en la que el intenso dolor descomponía el rostro de María, en esta nueva época del Romanticismo se acusa el deseo de serenar las formas mediante la introversión del dolor de la Virgen. En la Esperanza de la Trinidad se observa perfectamente esto: Astorga crea un dolor interno y resignado, la cabeza inclinada, unos grandes ojos caídos de mirada ensimismada y una expresión sosegada que hace que su rostro despida una encantadora dulzura rematada magistralmente por su gracioso hoyuelo en la barbilla».

«No esperen joyas ni ricos terciopelos y bordados -ha subrayado- realmente así la verían por primera vez los hermanos de la Trinidad. Astorga, aquella mañana, la vestiría con lo que tendría a mano en su casa, una tela negra, un pequeño fajín y un encaje. No está vestida por un vestidor, digamos que simplemente la ha puesto presentable para que los hermanos de la Trinidad la vean por primera vez. Y a pesar de ello su belleza permanece intacta. La luz azul de la mañana, que baña el taller en esos momentos, es testigo de cómo Astorga se ha puesto manos a la obra mientras su mirada vuelve una y otra vez a Ella, enamorado de su obra pero también con esa especie de tristeza que embarga a veces a los artistas cuando deben despedirse de una obra de la que se sienten satisfecho», ha recreado con sus palabras. «Cuando llegue la tarde de ese día los hermanos de la cofradía del Decreto verán, por primera vez en la historia, a su Esperanza». Un Astorga que Vaquero ha pintado desenfocado toda vez que se trata de una figura enigmática de la que no existe ningún retrato de su rostro, ni descripción alguna de él.

Vaquero ha terminado su intervención relatando la emoción que sintió el día que en la Casa Hermandad de la Trinidad pudo ver el documento en el que se le encargó a Juan de Astorga la realización de la Virgen: “fue muy emocionante para mi ver aquel papel, aquella era la letra de Astorga, yo nunca la había visto, aquella era su firma, la firma, algo tan exclusivo de la persona como los son sus huellas dactilares o su ADN. Allí estaban sus trazos, allí estaba, grafológicamente hablando, su persona y su personalidad. Es lo más representativo que conservamos de su persona: su rúbrica, que preside y da sentido al cartel del bicentenario de la hechura de la Esperanza. Vaquero ha querido subrayar la fecha que Astorga escribió en aquel documento: 19 de junio de 1819, hace exactamente dos siglos”, justo antes de concluir afirmando: «Los artistas pasan pero sus obras permanecen. Pasó Astorga, pasaremos todos nosotros pero su obra cumbre: la Esperanza permanecerá, enamorando a los sevillanos del futuro cada Sábado Santo por los siglos de los siglos».

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