Un empate absoluto y una resolución tan insólita como excepcional han marcado el desenlace del Cabildo de Elecciones, en el que se contabilizaron 1.222 votos. De ellos, 17 fueron en blanco y 5 resultaron nulos, mientras que Francisco José Valderas Buiza y Rafael Madrigal Castillejo obtuvieron exactamente 600 votos cada uno. Ante esta igualdad, y de acuerdo con lo establecido en la regla 53, ha sido proclamado Hermano Mayor Francisco José Valderas Buiza, al ser el candidato de mayor edad.
De este modo, Francisco José Valderas Buiza será el nuevo hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores del Cerro del Águila tras imponerse este domingo en el cabildo general de elecciones celebrado por la corporación sevillana. El hasta ahora teniente de hermano mayor de la junta encabezada por Manuel Zamora Pulido se convierte así en el responsable de dirigir una nueva etapa marcada por la voluntad de mantener buena parte de las líneas de trabajo desarrolladas durante los últimos años.
Las urnas enfrentaban dos candidaturas con planteamientos diferenciados. Frente al proyecto de Rafael José Madrigal Castillero, antiguo teniente de hermano mayor hasta mayo de 2025, concurría Valderas con una propuesta definida desde el principio por su carácter continuista, asentada en la defensa del legado construido por las sucesivas juntas de gobierno y en la pretensión de seguir desarrollando la relación entre la hermandad, la parroquia y el barrio.
El resultado electoral permite a Valderas asumir la responsabilidad que hasta ahora había desempeñado desde la segunda posición del gobierno de la corporación y da continuidad a una trayectoria vinculada estrechamente a la actual junta. Su candidatura había comenzado a tomar forma con casi un año de antelación, presentándose ante los hermanos como una alternativa destinada a preservar lo construido y, al mismo tiempo, incorporar nuevas iniciativas para los próximos años.
Una candidatura construida sobre la continuidad
La filosofía del proyecto de Valderas quedó expresada desde su presentación mediante una defensa explícita de la herencia recibida de las generaciones anteriores. El nuevo hermano mayor había subrayado que todos los integrantes de la corporación debían sentirse orgullosos del trabajo realizado por quienes les precedieron, atribuyendo a ese esfuerzo colectivo que “la Hermandad del Cerro es hoy una institución querida y admirada en Sevilla”.
Desde esa perspectiva, su candidatura se presentó como un ejercicio de responsabilidad con el legado de la corporación, entendiendo que los hermanos son depositarios de una herencia que debe conservarse y cuidarse con humildad, ilusión y siempre en beneficio de la Iglesia de Sevilla.
El proyecto ha defendido asimismo que la continuidad no debe entenderse únicamente como la permanencia de una determinada estructura de gobierno, sino como la conservación de aquellos elementos que han definido la personalidad de la hermandad. Entre ellos ocupa un lugar esencial la comunión con la parroquia y con los vecinos del Cerro del Águila, que Valderas considera una de las bases sobre las que se ha asentado el crecimiento de la corporación.
Cultos, caridad y formación como pilares
El programa del nuevo hermano mayor sitúa los cultos, la caridad y la formación como los tres grandes ejes sobre los que debe continuar edificándose la vida de hermandad. Valderas ha defendido que son “los auténticos pilares sobre los que debe apoyarse nuestra Hermandad”, planteando reforzar las iniciativas formativas y profundizar en la acción social.
La intención expresada durante la campaña ha sido mantener a la corporación como referente de compromiso cristiano y fraternidad dentro de la Iglesia de Sevilla, sin desvincular ese trabajo de la realidad concreta del barrio que constituye su entorno natural.
El nuevo hermano mayor ha planteado igualmente una estructura integradora, con la incorporación de hermanos y hermanas con experiencia en anteriores juntas de gobierno, junto a colaboradores de dilatada trayectoria que puedan ejercer como auxiliares. La finalidad anunciada era fortalecer la estructura interna y garantizar la continuidad del trabajo realizado hasta ahora.
Continuidad al frente de las cuadrillas
Uno de los primeros compromisos hechos públicos por la candidatura fue el mantenimiento de los actuales equipos de capataces de los tres pasos. Valderas trasladó personalmente su confianza a los responsables de las cuadrillas después de mantener un encuentro con ellos y anunció su intención de ratificar la labor que vienen desempeñando.
La decisión responde a la concepción de la estabilidad como uno de los fundamentos de su proyecto. La candidatura considera que los responsables actuales conocen en profundidad a los hermanos costaleros, al barrio, a la cofradía y a la manera particular de realizar la Estación de Penitencia, factores que entiende vinculados a la preservación de la identidad del Cerro.
De este modo, la nueva junta afrontará el próximo Martes Santo con la intención de mantener la estructura existente bajo las trabajaderas, reconociendo el trabajo desarrollado durante los últimos años y apostando por la experiencia acumulada como elemento de continuidad.
Un cambio de estilo musical para el Señor de la Humildad
La principal modificación anunciada en el apartado musical afecta a Nuestro Padre Jesús de la Humildad. Aunque la candidatura de Valderas ha defendido la continuidad de las formaciones que acompañan al resto de los pasos y abren el cortejo, su proyecto contempla sustituir las cornetas y tambores que acompañan actualmente al Señor por una agrupación musical.
La propuesta pretende reforzar la dimensión de la música como parte del patrimonio propio de la hermandad, concediéndole un papel que trascienda el mero acompañamiento de la Estación de Penitencia. En el planteamiento de Valderas, las composiciones dedicadas a los Titulares deben adquirir protagonismo tanto en los cultos internos como en los externos, al igual que sucede con otros elementos como los altares o el exorno floral.
La candidatura ha manifestado su intención de mantener a la Asociación Filarmónica Cultural Santa María de las Nieves de Olivares tras la Virgen de los Dolores, así como a la Banda de Cornetas y Tambores de la Centuria Romana Macarena tras el Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono. También continuaría la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora de los Ángeles al frente del cortejo.
La formación que acompañaría al Señor de la Humildad quedaría pendiente de concretarse una vez constituida la nueva junta y celebrado el correspondiente Cabildo de Oficiales. Durante la campaña circularon distintas posibilidades, entre ellas la Agrupación Musical Santa María Magdalena de Arahal, la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Salud de Los Gitanos y la Agrupación Musical La Sentencia de Jerez, aunque la candidatura no efectuó un pronunciamiento oficial sobre ninguna de ellas.
El proyecto musical parte, además, del reconocimiento al trabajo desarrollado por la Banda de Cornetas y Tambores Jesús Nazareno de Huelva, cuya vinculación con el Señor de la Humildad ha formado parte de la historia reciente de la cofradía. La sustitución propuesta supone, por tanto, un cambio de estilo concreto dentro de un planteamiento general que mantiene las formaciones vinculadas al resto del cortejo.
Recuperar el diseño original del manto de la Virgen de los Dolores
El patrimonio ocupa igualmente un espacio relevante en el proyecto que ahora deberá desarrollar Valderas. Una de sus propuestas más destacadas consiste en recuperar el diseño original del manto procesional de Nuestra Señora de los Dolores, concebido por Manuel Elena Caro para el taller de Esperanza Elena Caro.
El proyecto parte de una circunstancia histórica concreta: el diseño fue aprobado por los hermanos en 1961 y su ejecución comenzó aquel mismo año, aunque la obra no llegó a completarse en su totalidad. Únicamente quedaron realizados los bordados correspondientes a aquella primera fase.
La candidatura ha planteado ahora recuperar aquella concepción mediante un proyecto sustentado en el rigor histórico y documental, respetando la idea original de Manuel Elena Caro y devolviendo al ajuar de la Dolorosa una parte de la concepción artística que quedó inconclusa.
La iniciativa se plantea asimismo como una forma de preservar la memoria patrimonial de la corporación y reconocer a las generaciones que contribuyeron a construir el patrimonio que hoy conserva la hermandad.
El nombre del Señor de la Humildad en el callejero del Cerro
La relación entre la corporación y su barrio constituye otro de los ámbitos sobre los que Valderas ha construido su programa. Entre las iniciativas anunciadas figura la intención de iniciar ante el Ayuntamiento de Sevilla los trámites necesarios para solicitar la rotulación de una calle del Cerro del Águila con el nombre de Nuestro Padre Jesús de la Humildad.
La candidatura entiende que la hermandad forma parte inseparable de la historia y de la vida cotidiana del barrio y pretende que esa vinculación tenga también una expresión permanente en el espacio público. La propuesta supondría incorporar el nombre del titular al callejero del Cerro, trasladando la devoción más allá de los límites físicos de la parroquia.
El proyecto se presenta bajo la premisa de seguir creciendo en devoción y arraigo, reforzando los vínculos existentes entre la hermandad, sus Titulares y los vecinos que han acompañado a la corporación a lo largo de su historia.
2030, cuatro siglos del Cristo del Desamparo y Abandono
El calendario a medio plazo también aparece definido en el programa de Valderas. El nuevo hermano mayor ha planteado preparar para 2030 la conmemoración de los cuatro siglos de antigüedad del Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono, tomando como referencia la datación situada en torno a 1630 recogida en el inventario patrimonial de la Diputación Provincial de Sevilla.
Bajo el lema “Seguir creciendo en devoción: cuatro siglos del Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono”, la candidatura propuso articular la efeméride alrededor de tres grandes líneas: celebración de la fe, investigación y fortalecimiento de la devoción.
El primer ámbito contempla un programa de cultos y actos conmemorativos; el segundo, un estudio histórico-artístico destinado a profundizar en el conocimiento de la imagen, de autoría anónima y atribuida al círculo de Francisco de Ocampo; y el tercero, el impulso de la devoción al Crucificado como uno de los principales referentes espirituales de la corporación y del barrio.
Medio siglo de hermanos costaleros
Antes incluso de llegar a 2030, la nueva junta tendrá ante sí otra efeméride de especial significado. En 2029 se cumplirán cincuenta años de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de la hermandad, cuyo origen se sitúa en septiembre de 1979.
Aquel año, un grupo de jóvenes hermanos asumió la responsabilidad de portar a la Bendita Madre de los Dolores en unas circunstancias que la candidatura calificó de especialmente difíciles. La iniciativa estuvo impulsada por el entonces hermano mayor, Francisco García Giráldez, y por el director espiritual de la hermandad, Alberto.
Valderas planteó que el medio siglo de aquella primera cuadrilla se convierta en una oportunidad para reconocer a todos los hermanos que han formado parte de las cuadrillas de la corporación durante estas cinco décadas. El proyecto contempla un homenaje “merecido y sincero”, acompañado de un programa de actos conmemorativos en torno a la convivencia, el recuerdo y los cultos de acción de gracias.
La efeméride permitirá así poner en valor una trayectoria construida durante medio siglo bajo las trabajaderas, reconociendo el papel desempeñado por sucesivas generaciones de hermanos costaleros en la historia reciente del Cerro del Águila.
Una etapa marcada por la consolidación
La elección de Francisco José Valderas Buiza sitúa al frente de la Hermandad del Cerro del Águila a quien durante los últimos años ha ocupado la responsabilidad de teniente de hermano mayor junto a Manuel Zamora. Su llegada supone el relevo de este último y la continuidad de buena parte de las líneas maestras que han definido el gobierno reciente de la corporación.
El nuevo hermano mayor deberá convertir ahora en realidad un programa que combina continuidad y nuevos proyectos: la permanencia de los equipos de capataces, el mantenimiento de buena parte del acompañamiento musical, el cambio de estilo tras el Señor de la Humildad, la recuperación del diseño original del manto de la Virgen, la solicitud de una calle dedicada al Nazareno y la preparación de las efemérides de 2029 y 2030.
Todo ello se articula sobre una idea que ha acompañado a Valderas desde el anuncio de su candidatura: conservar el legado recibido para seguir construyendo sobre él. La nueva junta tendrá ahora por delante el desafío de desarrollar esas propuestas sin perder de vista los tres pilares que el propio candidato situó en el centro de su proyecto: cultos, caridad y formación, junto a la relación permanente con la parroquia y con el barrio que da nombre y sentido a la corporación.
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