La sociedad contemporánea vive de las etiquetas y de los prejuicios. Es una realidad llevada al extremo diariamente. Gusta tanto ponerle una categoría a cada persona, animal o cosa con la que nos cruzamos, que a estas alturas se hace complicado existir sin practicarlo.
Los sevillanos también tenemos este problema pues vivimos la prejuiciomanía como un deporte de riesgo. Los cofrades ya ni hablamos. Y cierta prensa morada tendente al desprecio y la banalización constante se enciende como una bengala por tachar a alguien o a algo, que no sea de su cuerda, de cualquier cosa.
Pero hay circunstancias y detalles que consiguen tirar esas etiquetas por el retrete. Y la Asociación Cofrade Abnegación y Cruz del torero y cofrade barrio de San Bernardo, lo ha logrado con creces.
Estas corporaciones han sido desprestigiadas millones de veces por instituciones, medios y cofrades de a pie, tachándolas con saña de «hermandades ilegales o piratas».
Pues bien, Abnegación y Cruz de San Bernardo ha dado un ejemplo no de Asociación, sino de hermandad con varios siglos de historia pese a su juventud.

Los miembros de su junta de gobierno han pagado la estancia en una pensión durante una semana a un padre y una hija que se encontraban viviendo en la calle, sin un techo donde guarecerse de las altas temperaturas que se están alcanzando estos últimos días en la capital hispalense.
Eso es caridad con mayúsculas. Eso es hermandad con todas las letras, conociendo además que la Asociación de la Abnegación, igual que todas la que no cuentan con respaldo de las instituciones cofrades y religiosas, dispone de recursos muy limitados.
¿Qué tienen que decir ante esta actuación los etiquetadores? Pues seguramente nada. Guardarán silencio, que por otro lado es lo mejor que se puede hacer; además de rectificar, por supuesto.
Dijo el Cardenal Amigo la siguiente frase: «La caridad no se pregona. Se hace y punto». Tiene mucha razón Monseñor, pero en ocasiones hay que dar cobertura pública a gestos que dicen mucho, y sobre todo que hacen mucho por el prójimo.
La Asociación de la Abnegación de San Bernardo merece todos los honores y reconocimientos por su magnífica obra social ejemplificada en este acto desinteresado pero también en otros como la campaña de recogida de leche «Ningún niño sin bigote».
Acciones como las que lleva a cabo esta corporación son el camino a seguir por toda la Iglesia, y el verdadero espejo en el que nos debemos mirar todos los cristianos.
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