Desde luego, no son pocas ni discretas las particularidades que hacen que la Hermandad de la Caridad sea única en la ciudad y por tanto difícilmente imitable. Esas mismas características son asimismo el reclamo idóneo para que, cada año, el pueblo cordobés acuda en masa a presenciar la procesión que preside la manierista y hermosa talla del crucificado, fielmente acompañado por la dulcísima dolorosa que tantas veces ha sido atribuida a José de Mora.
Sin ningún género de duda, cada una las peculiaridades que convierten a la antigua cofradía de San Francisco en una de esas sin las que no cabría concebir nuestra Semana Santa bien podrían servir para escribir unos cuantos artículos. Si nos detenemos unos segundos a pensarlo, no es nada extraño teniendo en cuenta que estamos ante la hermandad de historia más extensa en la ciudad califal – fundada en 1469 – u otros hechos de gran relevancia como son la pertenencia a la corporación tanto de los Reyes Católicos como de la nobleza local, entre la que cabe destacar a Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como el Gran Capitán.
Fue precisamente el recuerdo y el reconocimiento hacia este reconocido militar el que incentivó el nombramiento como Hermano de Honor al Tercio Gran Capitán I de la Legión, dando lugar al consiguiente pacto entre las dos partes y que se materializa con la estación de penitencia no solo cada Jueves Santo, sino también con el tradicional Vía Crucis con el que la cofradía del Señor de la Caridad ha venido recorriendo las calles de la capital, haciéndose de nuevo con un protagonismo tan evidente como comprensible por la belleza que se desprende de una ocasión tan reseñable como esta.
Dicha costumbre ha venido realizándose en la mañana del Viernes Santo desde el mes de abril de 1969, en el que el magnífico crucificado fue portado a hombros de los Hermanos Caballeros Legionarios, contando asimismo con la presencia del predicador, Pedro Crespo Hidalgo, quien fue pronunciando un sermón en cada una las Estaciones. Casualmente, en esa misma jornada fue tomada la fotografía que encabeza este artículo en la Calle Lucano – como cabe deducir por el cartel del desaparecido cine, del mismo nombre y en el que se anunciaba la película «Cuanto cuesta morir» que fue estrenada en España precisamente ese año – y en la que la expectación suscitada era palpable frente al Santísimo Cristo de la Caridad.
Sin embargo, el acompañamiento de la legión y más particularmente de Tercio Gran Capitán I se remonta a 1952, año en que este comenzó a participar en el cortejo de la Hermandad de la Caridad durante su estación de penitencia, dando pie a un hábito con el que la cofradía del Jueves Santo siente honrada su vasta historia y que se ha convertido a través de los años en una parte indivisible del sello y la identidad propia de la corporación que, en tiempos pretéritos iniciase una imparable andadura con su labor hospitalaria.
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