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Sevilla

La Amargura convierte en tradición una hermosa iniciativa que se celebra a cien metros de la Puerta del Sol

Loa hermanos de la Amargura Antonio Borrego y Paco Castro han escrito un interesante artículo, inserto en el último boletín de la corporación hispalense, en el que describen cómo se gestó una hermosa iniciativa que se ha convertido en una tradición de cuyo origen se cumplen diez años. Según explican en su artículo, “corrían los primeros compases del verano del año dos mil ocho cuando se ponía en marcha esta iniciativa. La junta de gobierno que comandaba José Luis Pueyo estrenaba mandato y uno de sus oficiales, Alejandro Marchena, que ocupaba el cargo de diputado mayor de gobierno ponía en marcha la idea de realizar una convivencia con los hermanos de la corporación afincados en Madrid. El primer paso fue encontrar a un hermano de confianza que residiese en Madrid y que estuviera dispuesto a encargarse de la organización del citado evento. Para tal cometido recurrió a un hermano, que si bien reside en la capital de España, sigue manteniendo una fuerte vinculación con la corporación, Juan Ollero Borrero. El entonces diputado Mayor de Gobierno se puso en contacto con él para realizarle el ofrecimiento de organizar la convivencia con los hermanos de la Amargura residentes en Madrid no sin antes brindarle otro de los mayores privilegios que a Juan Ollero le ha ofrecido la hermandad. Y no es otro que ofrecerle la oportunidad de ser el primer hermano afincado fuera de Sevilla que pasaría a formar parte del cuerpo de diputados de la cofradía para el siguiente Domingo de Ramos”.

Los autores explican que “Ante tal oportunidad, Juan aceptó con gran entusiasmo, al igual que en ningún momento dudó en aceptar el segundo y no por ello de menor relevancia. Ser el enlace de la Junta de Gobierno con los hermanos residentes en Madrid, los cuales componen un censo de más de 170 personas. Una vez que Alejandro Marchena contó con la aceptación por parte de Juan Ollero, no dudó en plantearle la idea de organizar el citado encuentro entre hermanos de Sevilla y de Madrid. La tarea, en un principio, parecía ardua. Localizar y contactar a todos los hermanos establecidos en una ciudad de las dimensiones de Madrid, encontrar una iglesia que permitiera celebrar la Eucaristía que vertebraría el acto con la solemnidad requerida, así como un local para la posterior convivencia. Sin embargo, ante la disposición mostrada por Juan Ollero desde el principio, la junta de gobierno no dudó en ofrecerle toda la ayuda posible. En primer lugar a través del censo, facilitando de esta forma considerablemente la forma de contactar con los hermanos. Y en segundo, haciéndole saber a nuestro hermano en Madrid que entre el censo de hermanos afincados en dicha ciudad se encontraban dos personas que también se convertirían en pilares fundamentales de esta tradición, Bernardo Toribio y Cayetano Ramirez, ambos capilleres de la Parroquia de San Ginés, la cual acogería la Eucaristía que presidiría la convivencia”.

“Con esta información, – prosigue el artículo – nuestro hermano en Madrid no dudó en contactar desde el primer momento con los capilleres, los cuales mostraron desde el primer momento una predisposición y un entusiasmo con la idea que hicieron que se convirtieran en piezas claves para que todo llegara a buen puerto. Hablaron con el párroco de San Ginés, Don Antonio, quién años después llegó a asistir como predicador a la Función del Aniversario de la Coronación de nuestra Amantísima Titular y volvió como hermano. Y además localizaron un coro que aportara solemnidad a la celebración. De esta forma se ha conseguido que desde el año dos mil nueve, en la iglesia de San Ginés, a escasos cien metros de la céntrica Puerta del Sol, se venga celebrando una solemne Eucaristía presidida por retratos de Nuestro Padre Jesús del Silencio y de María Santísima de la Amargura mientras el párroco predica con la medalla de hermano sobre su pecho. gracias a esta iniciativa, convertida ya en una tradición que este año dos mil diecinueve cumple diez años, se hace posible que un sábado de cuaresma esté marcado en rojo en el calendario de los hermanos de la Amargura afincados en Madrid, porque saben que ese día San Juan de la Palma y su Domingo de Ramos se traslada a su ciudad para hacerles partícipes de las vivencias de esas vísperas que por la distancia ellos viven de manera diferente hasta que regresen de nuevo a la calle Feria para acompañar a nuestros Sagrados Titulares el domingo que los hermanos de San Juan de la Palma esperamos todo el año”, concluye el artículo.

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