Portada, Sevilla

La Amargura dedica en su anuario un interesante artículo a la restauración de los titulares

Enrique Gutiérrez Carrasquilla explica minuciosamente los trabajos a los que se han sometido el Señor del Silencio, la Virgen de la Amargura y San Juan Evangelista

La Hermandad de la Amargura ha publicado hace pocos días el último número de su anuario, incluyendo en él un magnífico artículo sobre el proceso de restauración de las imágenes titulares.

El profesional Enrique Gutiérrez Carrasquilla, que es quien ha intervenido las tres obras escultóricas de la corporación, detalla en el escrito toda la metodología de trabajo.

La primera de las obras escultóricas en someterse al remozado de Carrasquilla fue San Juan Evangelista a primeros de noviembre de 2019. La talla fue trasladada a su taller en un cajón de madera por una empresa especializada. El restaurador procedió al siguiente eje de actuación, tal como explica él mismo en el artículo: «se utilizaron disolventes de baja solubilidad para la retirada de la suciedad superficial y humos, para después con disolventes más potentes eliminar repintes y pátinas artificiales de la última intervención. Con la retirada de estos elementos, se descubre en el lateral derecho del rostro, los daños ocasionados en el incendio de 1893 que se traducen en importantes pérdidas de policromía. también, con la limpieza y repintes aparecen importantes pérdidas con nula adhesión de estratos, en ambos pies, procediendo acto seguido a su correcta fijación en evitación de mas pérdidas de policromía. (…) Con respecto al soporte (…) se comprobó que las maderas estaban muy degradadas, (…) por lo cual se decidió cambiar la peana al completo. La nueva peana se ha construido con similares características que la anterior pero en madera de cedro; indicando Carrasquilla que la nueva base fue unida a los pies por espigas de madera de fresno». Igualmente, Carrasquilla cambió las pestañas a la imagen, eliminando los excesos de pegamento de las pestañas anteriores; reintegró las pérdidas de policromía; se aplicó una capa superficial de policromía y se realizó una prenda de cuero con la que evitar nuevas lagunas de policromía por los alfilerazos.

Seguidamente llegó el turno de María Santísima de la Amargura, que al contrario de la talla de San Juan, fue intervenida en el camarín, al igual que sucedería después con el Señor del Silencio.

En primer lugar se le realizó un TAC a la imagen, esclareciendo así cuestiones tan importantes como la famosa grieta que tiene la imagen en el perfil izquierdo, provocada por la unificación de la cabeza y el cuello en una única pieza a la hora de tallar la escultura; y las pérdidas de estratos de policromía en algunas partes. Hecho este análisis previo en el Centro de diagnóstico del Doctor Arduán, se trasladó a la Virgen nuevamente a la iglesia, donde comenzó la restauración con una eliminación superficial de la suciedad y el humo tanto del rostro y cuello como de las manos, utilizando un disolvente de baja solubilidad para después pasar a otro más potente. Carrasquilla indica que en el rostro y el cuello presentaba dos policromías, por lo que el grado de limpieza dependió del tono equilibrado entre ambas partes. Luego se pasó a uno de los procesos más complicados, el de la mencionada grieta del lado izquierdo, que se explica en el artículo de la siguiente manera: «(…) una vez que supimos su procedencia, se planteó su consolidación por la parte superior en la zona coincidente con el cabello. Anteriormente se procedió a la extracción del clavo de forja alojado en la sien izquierda. Para ello se horadó alrededor de la cabeza del clavo con un micro-torno, para una vez liberado de la madera circundante poder extraerlo con facilidad. El clavo ha sido sustituido por una espiga de madera de cedro de forma cónica ocupando el espacio dejado por el mismo». El procedimiento culminó con la reintegración de las lagunas de policromía y el cambio de las pestañas de la imagen. 


Por último, se trabajó sobre la talla de Nuestro Padre Jesús del Silencio. Enrique Gutiérrez Carrasquilla describe esta intervención con estas palabras: «(…) consistieron en la reintegración de pérdidas puntuales de policromía en manos y pies y la eliminación de exudaciones de resina en las piernas y caderas». 


Es ciertamente sorprendente los datos qué aporta el profesional en las tres páginas en las que aborda escrupulosamente las diferentes fases de estas restauraciones. 

Desde estas líneas agradecemos a la Hermandad de la Amargura su acertada  decisión de publicar este contenido, junto a las fotos que aparecen en el artículo y que aquí les adjuntamos. Cuidar el patrimonio artístico y difundirlo para su conocimiento es una labor esencial y admirable, que empieza a tener su espacio y verdadera consideración en el señor de las cofradías.