La brisa marina inunda las calles de Córdoba

Ha llegado uno de los días esenciales del periodo estival en la ciudad de San Rafael. Una jornada en la que, cuando el ocaso logra paliar los rigores del mes de julio, la ciudad entera se envuelve en una brisa marinera que recorre las esquinas de nuestra propia idiosincrasia, dando rienda suelta a una de las devociones más arraigadas en las entrañas del fervor popular de Córdoba, por más que el mar se halle a cientos de kilómetros, el amor a la Virgen del Carmen que se materializa en dos maneras diferentes de entender la devoción a la Madre de los marineros, la que resplandece con un vigor incontenible en la cima de la Cuesta de San Cayetano y la que permanece invariable a pesar de los vaivenes a los que el oleaje la ha sometido a lo largo de los tiempos en el corazón de Puerta Nueva. Dos caras de la misma moneda de la veneración que florece de manera perenne en el corazón del pueblo.

Todo comenzará a las nueve de la noche, cuando el sol haya enfilado el sendero que conduce al horizonte. A esa hora mágica, el cancel de Puerta se abrirá de par en par para que el cortejo que anticipa la llegada de Nuestra Señora del Carmen avance por el itinerario que proseguirá por la Ronda de Andújar. Historiador Domínguez Ortiz, Prolongación Escañuela, Kiko Pastor, San Francisco de Sales, Ronda de la Manca, María Auxiliadora, Plaza de San Lorenzo, Arroyo San Lorenzo, Plaza de la Magdalena, Francisco Javier Borja Pavón. Alfonso XXII, para regresar a Puerta Nueva en torno a las 12 de la madrugada. La Virgen caminará a hombros de la cuadrilla que dirige Carlos Herencia, uno de los capataces cordobeses que en virtud de su dedicación y trabajo incuestionables se ha hecho merecedor del cariño y del respeto sinceros tanto de los compañeros de profesión como de la gente de abajo, y lo hará a los sones de la Banda de Música del Santísimo Cristo del Amor, en virtud del acuerdo alcanzado entre la formación musical del Campo de la Verdad y la corporación que preside Juan Manuel Vargas Padilla.

A la misma hora, – las nueve de la tarde, que aún o es a estas alturas del año – la hora en que se traspasa la frontera imaginaria que separa lo soñado de lo vivido, San Cayetano estallará de alegría para acoger en sus entrañas la salida de la Emperatriz Cordobesa cuyo cortejo avanzará desde la Cuesta de San Cayetano por Ollerías, Torre de la Malmuerta, Jardines de Colón, Torres Cabrera, Plaza de Capuchinos, Cuesta del Bailío, Alfaros, Pasaje de la Estrella, Plaza de Conde de Priego, Mayor de Santa Marina, Colodro y Cuesta de San Cayetano, estando prevista la entrada alrededor de las 1 de la madrugada. La cuadrilla de costaleros de la Virgen estará mandada una vez más por Rafael Muñoz, leyenda viva del mundo del martillo en la ciudad de San Rafael, y caminará acompañada por la Sociedad Filarmónica Ntra. Sra. del Carmen de Salteras, toda una garantía que conforman un conjunto insustituible que, como sucede cada año, permitirá cuajar múltiples escenas dotadas de una singular belleza, particularmente al paso delos Jardines de Colón, Capuchinos y la Cuesta del Bailío.

Dos procesiones que detienen el latir cotidiano del estío cordobés, con la quietud que lo caracteriza, revolucionándolo todo por unas horas de magia y fe, congregando ante la mirada de la Madre de Dios al pueblo cofrade en una nueva ocasión para precipitarse en su esencia mariana más profunda e inequívoca que se encuentra enraizada en las creencias de una ciudad que respira amor a la Santísima Virgen por todos los poros de su piel y que se materializa en citas maravillosas como la que está grabada a fuego cada 16 de julio en el calendario colectivo la Córdoba Cofrade.