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A paso mudá, Córdoba, Sevilla

La cantidad no siempre vence

Por lo general, en el mundo cofrade, la gente tiende a juzgar en función a la cantidad.

Esta hermandad es mejor porque lleva más nazarenos que aquella otra”, “este paso es mejor que el de ayer porque lleva más costaleros de relevo”, “la banda de ayer era peor porque solo eran 50, y en la de hoy son 90” … Y un sinfín de expresiones de este estilo. Puede ser que en algunos casos se lleve razón, pero hay muchos otros en los que no. Todo esto, una vez más, va en función de la moda que haya de turno.

Primeramente, hay hermandades que, aunque lleven pocos nazarenos, pueden tener un gran patrimonio, quizá con más calidad (hablo de calidad artística, nunca de sentimientos que se puedan tener o devoción) que otras que ponen en la calle a más de 700 u 800 nazarenos. Pero al no tener tantos penitentes, pocos costaleros, o que incluso el paso vaya a ruedas, ya parece que tienen menos calidad o es una hermandad inferior a otras.

El mundo cofrade actual… mejor dicho, el “frikismo” cofrade de turno, no se parará a valorar la calidad artística de las sagradas imágenes al basarse en aspectos como los anteriores.

Por otra parte, lo mismo pasa en las bandas, por lo general en las de Cristo. Si la banda no supera los 55-60 componentes, es una formación mediocre. Si ronda entre los 60 y los 90, es aceptable. Si supera los 90 es una señora banda. Si ya hablamos de más de 120… apaga y vámonos. ¿Y quién crea estos mitos de que una banda de 120 suena mejor que una de 50? Más allá de eso, ¿por qué una banda de 120 es mejor que una de 50?

Ejemplos claros de bandas con pocos componentes son los Afligidos de Puente Genil, por ejemplo. Demuestran que con 50-55 componentes se puede hacer música a un altísimo nivel. Recuerdo también al Despojado de Jaén venir hace años a Córdoba con 60 componentes, defendiendo un repertorio complicado, siempre en su estilo. Y no por ello, por ser menos integrantes, son peores o inferiores al resto.

Con esto no quiero decir que todo lo pequeño sea bueno y que todo lo grande sea malo, pero antes de juzgar por la cantidad, párense a comprobar la calidad. Obvio que, si se es grande y con calidad, pues mejor, pero no juzguéis por las apariencias, porque muchas veces son engañosas y hay sorpresas.

La espera llega a su fin.

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