Córdoba se ha impregnado de aroma de incienso e ilusión, por obra y gracia de cinco cofradías que han demostrado estar a la altura de las expectativas, más allá de las evidentes y lógicas carencias patrimoniales, directamente relacionadas con su juventud, paliadas sobremanera por el esfuerzo colectivo de sus hermanos y la esperanza que destilan sus respectivas puestas en escena, capaces de alimentar los sueños de los más exigentes de que el día de mañana las cuatro corporaciones que pertenecen al casco urbano se incorporen brillantemente a la nómina de Hermandades que realizan estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral y que la corporación de El Higuerón, continúe caminando por la senda de la excelencia, emprendido hace tan solo unos meses, por la que debe perseverar para alcanzar el deseado crecimiento y la consolidación de un proyecto que brilla en el imaginario colectivo de muchos.
La Sangre del Higuerón
Precisamente ha sido en esta barriada, que pese al empecinamiento de quienes niegan la evidencia más incontestable, pertenece por derecho propio a la ciudad de Córdoba, donde se ha vivido una de las escenas que han convertido en histórico este Sábado de Pasión, la primera presencia por sus calles de Nuestro Padre Jesús de la Compasión, obra del imaginero cordobés Manuel Luque Bonillo. Se trata de un Nazareno, que aparece erguido con la cruz basculando hacia atrás, cargándola sobre el hombro derecho. Su cabeza muestra un pronunciado giro hacia el lado izquierdo en busca de quien lo contempla a su paso, imbuida la imagen por el patetismo, pero sin estridencia alguna. La mirada dulce compasiva y abstraída en el supremo esfuerzo de portar la cruz. Porta sobre su cabeza, como añadido, tres potencias inspiradas en modelos dieciochescos las cuales están rematadas por tres flores de lis, realizadas en metal plateado por los talleres sevillanos de orfebrería Castilleja. Carga con una cruz arbórea tallada en madera de cedro y policromada en tonos verdosos con nudos en color natural. Entronizado en el paso de la cofradía, mandado por Álvaro Jiménez y adaptado para la nueva imagen, incorporando candelabros arbóreos, ha estado acompañado por los siempre magníficos sones de la Banda de Cornetas y Tambores de la Salud de Córdoba, lo que ha añadido un toque de espectacularidad a una jornada que ya forma parte de la memoria colectiva de la Córdoba Cofrade.
La O
Aire de fiesta sin matices por las calles de Fátima con fieles y cofrades que esperaban ansiosos la salida, desde la antigua cárcel provincial, de la dolorosa de Antonio Bernal, la vecina más bella del barrio, como la llama el capataz Enrique Garrido, capataz que guía con maestría a la cuadrilla costalera que tiene el privilegio de desarrollar su faena para darle gloria a la dulcísima Madre de Dios. La Virgen brillaba con luz propia, magníficamente ataviada y exornada con un inequívoco aire trianero, que posteriormente se respiró con nitidez por diversas partes de su radiante recorrido, como a la mismísima salida, donde el paso de palio empezó a ronear, festiva y poderosa. La puesta en escena de la O, que estrenaba su erección como hermandad, ha sido magnífica, derrochando alegría por todos los poros de la cofradía, desde el primer instante con las notas de la Banda Villa de Osuna que ha elegido un repertorio muy alegre para acompañar a la dolorosa poniendo su granito de arena a cuajar un día de auténtica fiesta para los habitantes de este populoso barrio obrero que se ha rendido sin condiciones a la belleza magnificente de la Virgen de la O, elegante y sublime a la par que alegre, preconizando un estilo propio que pocos pasos de palio defienden en la actualidad en esta Córdoba cofrade que últimamente se ha decantado por el clasicismo decimonónico. Envuelta en un mar de corazones el cortejo recorrió buena parte de los rincones del barrio, el mismo que un nuevo Sábado de Pasión ha querido ser participe de una muestra inequívoca de apoyo incondicional a la pro hermandad.
Pero, con permiso de la Esperanza de Fátima, todas las mirada se concentraban en el otro gran estreno patrimonial de este sábado para la historia, la primera presencia de Nuestro Padre Jesús de la Victoria, el impactante Nazareno, nacido de la gubia del imaginero cordobés Antonio Bernal Redondo, a quien mucho está tardando la ciudad para darle el reconocimiento que sin lugar a dudas merece, como uno de los máximos exponentes de la imaginería contemporánea. El Señor representa el instante en el que tras caer por tercera vez como consecuencia del peso de la cruz camino del Calvario, Jesús se yergue de nuevo. Conviene reparar en el detalle de que la imagen presenta una rodilla a escasos centímetros del suelo en acción de levantarse. En su hechura, Bernal utilizó con maestría un recurso novedoso al plantear la cabeza y mirada del Señor alzadas al cielo con una facción de dolor tal, que de algún modo, evoca el semblante de una de las máximas expresiones de la imaginería barroca representada en la Expiración de Cristo por Ruiz Gijón.
Se trata de una imagen para vestir, anatomizada, cuyo rasgo principal radica en el planteamiento que el imaginero realiza con la posición del cuerpo, dotándolo de una gran verticalidad para obtener un resultado sorprendente, al dotarlo de una fuerza sobrenatural en el momento de levantarse y una estilización de la Imagen, alcanzando con la combinación de ambas un magistral equilibrio en su composición. La magnificencia en la posición de las manos, el escorzo del cuerpo del Nazareno, y el tratamiento de unos pies que deben soportar un enorme peso por última vez, contrastan con la delicadeza de uno de los talones desnudos que nos muestra el autor. En su cabeza clava una corona de espinas de gran tamaño, esbozando un rostro de belleza sin igual al exteriorizar una extraordinaria armonía entre dolor y compasión. El paso del Señor, mandado por Álvaro Pérez Vázquez, ha contado con el acompañamiento musical de la Agrupación Musical Cristo de Gracia, que ha reparado para la ocasión un coherente repertorio en el que ha trufado marchas clásicas con otras con un sabor aflamencado, acordes con la idiosincrasia que tiene esta hermandad.
Un estreno al que se han sumado dos figuras secundarias de su futuro misterio, que se completará, Dios Mediante, el próximo Sábado de Pasión, Simón de Cirene y un sayón, ambos obra de Juan Manuel Montaño Fernández. Componentes, todos ellos, que se han fundido para que la Corporación de Fátima coseche una elevada nota, por la puesta en escena del cortejo, por el buen hacer de la cuadrilla costalera que ha mandado Enrique Garrido, que dirige una de las cuadrillas más solventes de Córdoba y se ha adaptado con maestría al estilo que demanda la cofradía de Fátima y por la presencia del Señor de la Victoria que, en buena lid, irá sembrando la devoción por los rincones de un barrio, profundamente entregado a su hermandad, entre el sueño de que la llegada a la carrera oficial se produzca más pronto que tarde.
La Presentación al Pueblo de Cañero
El sol observaba veladamente a través del extraño cielo que nos ha deparado el destino en el corazón del barrio de Cañero cuando se abrieron de par en par las puertas de la parroquia de San Vicente Ferrer para que el nutrido y elegante cortejo que, merced al excelente trabajo desarrollado por la diputación mayor de gobierno, responsable de poner a la cofradía en la calle, anticipaba la llegada de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos en su Presentación al pueblo, abriéndose paso con espectacularidad entre el calor popular y el indiscutible aroma de barrio que impregna siempre la salida de esta joven y populosa cofradía. Pasadas las 15:40 el Señor atravesaba el cancel de su templo para entregarse al pueblo al que era presentado. Una salida compleja por los condicionantes derivados de las pequeñas dimensiones de la puerta del templo por el que la cofradía tiene que realizar su salida a la espera de que la burocracia municipal permita la apertura de la puerta lateral que añadirá mayor vistosidad al comienzo de la estación de penitencia de la Presentación al pueblo y que se está retrasando más de lo debido.
No obstante, la espera, derivada de la dificultad mencionada, mereció la pena por el buen hacer tanto de la excelente Redención de Córdoba como de la cuadrilla costalera dirigida con maestría por los hermanos Alarcón. Una combinación perfecta que dejó momentos de especial brillantez a lo largo de todo el itinerario, evidenciando el excelente nivel con el que la banda de la Hermandad de la Estrella afronta esta Semana Santa, apuntado ya el pasado Jueves de Pasión tras el paso del Beso de Judas de la Salud de Puerta Nueva, y regalando al espectador momentos de gran lucimiento en virtud del buen hacer de la cuadrilla. Especialmente destacable, por lo novedoso, ha sido instante en el que la corporación llegó a la Santa Iglesia Catedral para acceder al templo mayor de la Diócesis, para realizar estación de penitencia ante su Divina Majestad. Posteriormente, la cofradía recorrió enclaves tan emblemáticos para la Córdoba Cofrade como el eje Judería, Deanes y Conde y Luque, la Plaza de la Corredera, San Andrés, San Lorenzo o el Alpargate, antes de precipitarse por la encrucijada de callejuelas que conforman este popular barrio que siempre huele cofradías y ahora, también el Sábado de Pasión. Un itinerario histórico porque supone la primera vez que la hermandad rendía pleitesía ante el mismísimo Dios en la Catedral y porque podría ser la última vez que lo haga en esta jornada que es antesala de la Semana Santa.
Lágrimas del Figueroa
Instantes de gran emotividad los que se han vivido en dos puntos esenciales del recorrido de la Hermandad de las Lágrimas por las calles cordobesas este Sábado de Pasión. El primero de ellos, el paso por la Residencia del Parque Figueroa donde se ha notado el sentimiento a flor de piel con las devotas miradas de los más mayores agradecidos porque el Hijo de Dios hubiese acudido a visitarles un año más. El segundo ha tenido lugar con la llegada del Cristo a la Parroquia de San Fernando donde ha sido recibido por los feligreses con oraciones, fervor, recogimiento y agradecimiento por la presencia de quien derrama su gracia como maná del cielo para sanar los corazones afligidos y secar las lágrimas del universo entero.
Especialmente meritoria ha sido la chicotá de la cuadrilla costalera, que ha dirigido Antonio Reverte Villegas, en la calle Isla de Formentera al compás de la Agrupación Musical de la Sagrada Cena de Córdoba, siempre en constante evolución en pos del deseado crecimiento. La ejecución del misterio, empresa que parece haberse detenido definitivamente, propiciaría un enriquecimiento iconográfico para esta cofradía que debería perseverar en el sendero de la paciencia y el paso corto y firme para poder avanzar. Poquito a poco, como los buenos costaleros es como se construye una cofradía. Pero siempre andando.
Traslado al Sepulcro
Sobria la puesta en escena del Traslado al Sepulcro. La cuadrilla, que por segunda vez ha dirigido Eduardo Capdevila, ha vuelto a demostrar altas dosis de autenticidad a lo largo de todo el itinerario que ha desarrollado la cofradía. Autenticidad y sobriedad a través de un elegante paso largo y el aroma inequívoco a verdad costalera que siempre desprende esta cuadrilla que se va construyendo poco a poco, para llegar a ocupar un lugar de privilegio entre las más sólidas de toda la Córdoba cofrade. La escena que, a falta de la culminación del impactante misterio que ha de nacer de la gubia de José Antonio Cabello -una cuenta pendiente del Sábado de Pasión- ya conforman el Cristo de las Almas y la Virgen de la Salud y Traspaso, amén de los candelabros, estrenado el año pasado, que otorgan un punto de brillantez a un conjunto deseadamente austero, es más que suficiente para convocar a la introspección y propiciar la oración en el espectador y devoto que acude a la llamada. No obstante, al igual que sucede con las Lágrimas, se aprecia cierto estancamiento en esta corporación que evoluciona demasiado lentamente como para que el pueblo se sienta atraído por una apuesta difícil, por la idiosincrasia de la cofradía, pero profundamente necesaria en la ciudad de una Córdoba Cofrade a la que sólo parecen incorporarse misterios poderosos y en la que la presencia de cofradías de silencio en una verdadera rara avis.
Todo un acierto la visita de la cofradía, por segundo año consecutivo, a la Parroquia de San Fernando, por lo que supone de ensanchar las miras para potenciar el crecimiento de la corporación y porque una cofradía que debe aspirar a convertirse en Hermandad debe demostrar que, al igual que su cuadrilla, no utiliza la palabra miedo al enunciar sus pretensiones. Como de acierto puede catalogarse regresar a la Parroquia de Nuestra Señora de Consolación con más de una hora de antelación respecto a lo que lo hizo en años precedentes. Una decisión acertada toda vez que rondar la media noche en la víspera del Domingo de Ramos se antojaba una elección compleja para una corporación de estas características. El nuevo horario -la cruz de guía se ha puesto en la calle media hora antes- ha propiciado que el cortejo se haya visto arropado por un mayor público.
Cinco cofradías con cinco estilos diversos y perfectamente definidos. Cinco estampas y cinco maneras de entender la religiosidad popular y cinco formas distintas de construir una cofradía para conformar, entre todas ellas, un maravilloso conglomerado que ha vuelto a regalar a Córdoba un maravilloso e ilusionante Sábado de Pasión, por lo que de sueño futuro representa, aunque con el regusto amargo de saber que el cielo parece haberse empeñado en expulsar del paraíso la imprescindible tranquilidad con la que los cofrades sueñan siempre afrontar una nueva Semana Santa, que se presenta más incierta que nunca.
























































































