La crónica | El Císter regala un vía crucis de las hermandades para la historia

La impresionante estampa del Señor de la Sangre ya era objeto de admiración desde la mañana de este sábado

No se cumplen cincuenta años todos los días y, en consecuencia, cuando de cofradías se trata hay que celebrarlos en la medida de la conmemoración. Una cuantía difícil de objetivar que con, quizá demasiada frecuencia, se escala en salidas extraordinarias, pero este no ha sido el caso de la Hermandad del Císter.

Así, el Señor de la Sangre ha presidido el Vía Crucis de las Hermandades en la Catedral, pero hasta llegar al templo mayor para que el obispo de Córdoba presidiera por primera vez el piadoso acto la corporación ha realizado un camino preparatorio difícil de superar.

Cada detalle ha sido estudiado y ha estado argumentado, para poner en las calles de Córdoba a una imagen que salvaguarda el sueño de la ciudad que despertó a las cofradías de la mano de Fray Ricardo y de Fernando Morillo.

Desde el cartel y la papeleta de sitio, exquisitos en su concepción, conceptualización y gusto, hasta el paso de San Juan Bautista de la Salle que ha portado al Señor de la Sangre, pasando por los sones del quinteto de viento Gregis Mater del redil eucarístico de la Divina Pastora todo han sido simbología y guiños a las cinco décadas de historia de la hermandad.

La impresionante estampa del Señor de la Sangre ya era objeto de admiración desde la mañana de este sábado y, cuando la cofradía se ha puesto en las calles de la ciudad, para buscar Carbonell y Morand, La Compañía y bajar a la Catedral por Deanes; todo ha sido admiración y la certeza del trabajo bien hecho y entregado a realzar un acto que, en más de una ocasión, ha pecado de anodino.

Ya en el templo catedralicio, la espiritualidad ha brotado y se puede decir que la Cuaresma ha estallado en Córdoba, con el Señor de la Sangre regalando la urbe un vía crucis para la historia.