La Crónica | El día en el que Córdoba se vuelca con María, camino de santidad

La tarde comenzaba con un paseo por las Iglesias fernandinas. La primera parada, obligatoria, San Lorenzo. Catequéticos los altares del Besamanos de Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas y el del Quinario del Señor. Ambiente de recogimiento y oración, como siempre. Una verdadera catequesis a través de unos altares efímeros.

Casi sin esperarlo, la Virgen del Carmen de San Cayetano ha aparecido ante nosotros en su Rosario. Iba camino del Santuario de María Auxiliadora acompañada de numerosos hermanos y devotos que no la han dejado sola en ningún momento.

Las calles Santa María de Gracia y Realejo nos han llevado hasta la parroquia de San Andrés. Allí, con su mirada serena y maternal, aguardaba María Santísima de la Caridad en Solemne Besamanos. La bellísima Dolorosa de Miguel Ángel González Jurado hacía que los devotos que se han acercado hasta allí, hayan sentido, a través de su mirada, el verdadero amor de madre.

El clima invita a pasear y nuestros pasos nos llevaban hasta la Real Iglesia de San Pablo. Allí, en su capilla, a pesar de cumplir cincuenta años y no estar en el altar mayor, la belleza de Nuestra Señora del Rosario, sobrecogía a todos los presentes al rezo de la oración mariana por excelencia. Ambiente de Viernes Santo el que se respiraba en el templo.

De ahí, el aire nos llevó hasta la Plaza del Potro a encontrarnos con la procesión elegante por excelencia. La procesión de Nuestra Señora del Amparo. Como siempre, no ha defraudado. Es la elegancia en la calle con mayúsculas. La simbiosis entre cortejo, paso y banda es perfecta. Es una elegancia sin matices, sin medida, que se materializa en múltiples detalles.

Hoy, 1 de noviembre, la catequesis, la sobriedad, la elegancia y la majestuosidad de la Madre de Dios está más cerca de los mortales que nunca. Un día en el que Córdoba se vuelca con María, camino de santidad.