Córdoba, ⭐ Portada

La crónica | Viernes de Dolores, el inicio de todo

La mañana del Viernes de Dolores, del Día de la devoción mariana de Córdoba, comenzaba fresca, pero con una clara invitación a pasear las calles.

El cofrade cordobés, persona de tradiciones que se van forjando año tras año, Cuaresma tras Cuaresma, primavera tras primavera, siente que hoy todo comienza.

El invierno finalizó hace unos días, pero parece que es hoy cuando la primavera se asoma a los balcones y se cuela por las ventanas con un aroma a la flor del naranjo que te despierta de otra manera.

Aún quedan dos días para que acabe la Cuaresma, pero… para dos días que quedan, la damos por finalizada con la impaciencia de quien tiene toda la ilusión del mundo por que llegue un momento anhelado.

Y hoy, ese cofrade cordobés, que hoy toma forma en cualquiera de nosotros, se ha levantado de otro ánimo. Con el ansia de echarse a las calles a sentirse espectador de su pasión y protagonista de sentimientos y emociones que ya no recuerda tras el paréntesis del pasado año.

Se ha puesto el terno de cofrade, arreglado pero informal. No en vano es Viernes de Dolores. ¿Qué vamos a dejar si no para los días mayores de la Pasión? Se ha afeitado, repasado las patillas de hacha, engominado el pelo… y a no dejar pasar ni un momento del día, que esto ya empieza a acabarse.

Las calles tienen otra luz. Los escaparates de las tiendas del centro empiezan a llenarse de pequeños y domésticos altares en los que Dolorosas y réplicas en miniatura de pasos hacen que el cofrade se detenga, con una mezcla de admiración… y con su ramalazo de prioste que todos llevamos dentro, para calificar el efímero altar y darle la puntuación que se merece, a su entender.

Es demasiado temprano para encontrar templos abiertos, pero la lista de hoy es larga. Y ya que ha llegado al centro para tomarse el café y la torrija (el tiempo de la tostada ha llegado a su paréntesis), comienza por donde se tiene que comenzar.

Largas y dirigidas filas de semejantes, con sus geles y tomas de temperatura de rigor, que no encuentran una manera mejor de comenzar este tiempo que visitando el Hospital de San Jacinto a rendirse a los pies de la Virgen de los Dolores. Plegarias y felicitaciones por su onomástica. Admiración ante la peana que sirve de nexo entre la Gloria de Nuestra Señora y Córdoba.

Ya ha cumplido. ¿Y ahora? A ver a la Virgen del más grande de los imagineros. San Agustín espera para dejar embelesado al cofrade con una composición en la que la Virgen de las Angustias no puede dejar de mirar la cabeza de su Hijo. Nos lo enseña y nos lo entrega para que se le venere.

Es la hora de la primera cerveza pero… hay que ver al Rescatado. Es día de las grandes devociones populares. El Señor de los Trinitarios espera con su mirada fija en quien se pone a sus pies. Y este cofrade cordobés cruza la mirada con el que vino a rescatarnos; pero, de reojo ve el primer palio montado de este año. Y no puede reprimir el impulso de sus pies. La Virgen de la Amargura está bajo su palio, dispuesta a que sus costaleros la eleven y la saquen por una puerta que nunca ha transitado y que no va a traspasar por ahora. Imagen que queda en la retina de este cofrade al ver el paso de palio montado no en el patio anexo, sino dentro de la iglesia de los padres trinitarios.

Y junto a Jesús maniatado, Jesús crucificado. El de la larga melena. El Esparraguero. Demasiadas emociones en un pequeño espacio.

Este cofrade, protagonista de los paseos que vamos a dar por nuestra ciudad en estos días, mientras ya sí saborea la primera, con su correspondiente tapa de receta propia de estos días, comienza a ser consciente de que va a presenciar escenas y vivir momentos que van a pasar a la pequeña historia de la Córdoba cofrade.

Y tras este receso por el barrio de la Judería, calles que otrora estarían abarrotadas de propios y forasteros, se encamina a contemplar el estreno de la túnica del Señor de la Pasión, obra del taller de Jesús Rosado bajo diseño de Julio Ferreira. La contemplación de la túnica y la veneración al nazareno que bendecía los campos le hacen perder la noción del tiempo. Aún queda la tarde.

Tras un pequeño descanso y cambiarse el atavío para la tarde noche, vuelve a las calles. Ahora sabe que no será la luz de esta mañana la que va a guiar sus pasos, sino las farolas que le marcan el camino a los distintos templos en los que es día de Via Crucis.

Via Crucis distintos. Via Crucis íntimos. Via Crucis claustrales. Via Crucis llenos de devoción. Corre al casco antiguo, a las iglesias de la Córdoba intramuros.

Jesús Nazareno es venerado en su altar. Los hermanos de la corporación y las hermanas hospitalarias han dado el recogimiento y la devoción al Señor de la Cruz que acostumbra esta cofradía.

En San Lorenzo, el Cristo del Remedio de Ánimas cruza las naves del templo ante su Madre, en nube de incienso y con el acompañamiento musical de la coral de la Hermandad. De Profundis.

Continuando por María Auxiliadora llega a presenciar el Via Crucis de la Hermandad del Prendimiento, realizado por los soportales del Colegio de los Salesianos.

Es tarde de muchos actos que no quiere perderse, por lo que no puede dejar de asistir a la Basílica de San Pedro a ver cómo el Cristo de la Misericordia es portado a hombros por las naves de la iglesia fernandina, acompañado por la Capilla Musical de la Hermandad, mientras se rezaban las estaciones desde el Altar Mayor.

La noche se echa encima y nuestro protagonista quiere ponerle el broche que se merece este día. Primero en San Cayetano, con Jesús Caído y finalmente en La Trinidad, ante el Cristo de la Providencia.

Han sido muchas emociones, muchas imágenes en unas retinas ávidas de fotografiar mentalmente todos estos momentos distintos y que ya han pasado a formar parte de la Historia Cofrade de Córdoba. Demasiadas ganas ante la escasez del pasado año.

Y estos días no han hecho sino comenzar. Nos quedan muchos pasos que andar junto a nuestro protagonista en sus Paseos por la Córdoba Cofrade.

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