La imagen de la Virgen de la Esperanza de Santiago preside una evocadora composición cargada de simbología eucarística
En el marco de los altares efímeros que enriquecen cada año la jornada del Corpus Christi en Sevilla, la Hermandad de la Redención ha vuelto a aportar su sello inconfundible de elegancia, devoción y profundidad teológica con una propuesta especialmente significativa en este Año de la Esperanza, convocado por la corporación con motivo de su 75.º aniversario fundacional.
Para la ocasión, la protagonista indiscutible del altar es la venerada imagen de la Virgen de la Esperanza, titular letífica de la iglesia de Santiago el Mayor, una exquisita obra del escultor Roque Balduque realizada en el siglo XVI, verdadero tesoro del Renacimiento sevillano y símbolo de consuelo y promesa.
Una lectura teológica entre María y la Eucaristía
En un alarde de sensibilidad espiritual, la hermandad ha querido situar sobre la imagen mariana la representación del Espíritu Santo en forma de paloma, remitiendo así al misterio de la Encarnación y a la íntima unión entre María y la presencia real de Cristo en el Sacramento del Altar. Se establece así un recorrido visual y simbólico que conecta el papel de María como primer sagrario con el paso del Santísimo Sacramento que transitará por la Plaza de San Francisco en la mañana del jueves.
Simbología sacramental y pureza floral
El conjunto se completa con una cuidada ornamentación de elementos eucarísticos, entre los que destacan con especial protagonismo las espigas de trigo y los racimos de uva, signos directos del pan y del vino consagrados. Junto a ellos, diversos enseres de culto litúrgico contribuyen a subrayar el carácter sacro del montaje, que ha sido delicadamente exornado con flores blancas, símbolo de pureza, luz y resurrección.
Una aportación de fe y belleza al Corpus sevillano
Con este altar, la Hermandad de la Redención engrandece el itinerario del Corpus Christi y ofrece a la ciudad una catequesis visual profundamente mariana y sacramental, invitando a la contemplación, a la oración y al recogimiento. En plena noche sevillana, entre la arquitectura efímera y el perfume del incienso, la Esperanza de Santiago se convierte una vez más en faro y consuelo, recordando que la Virgen siempre señala al Señor que pasa.
La Sevilla más devota y artística aplaude una propuesta que conjuga tradición y mensaje, estética y fe viva, en el corazón mismo de la festividad eucarística.










