El próximo Martes Santo de 2019, la Hermandad de Santiago de la localidad sevillana de Écija verá materializado uno de los sueños más anhelantes de la junta de gobierno de la cofradía, que verá culminado su mandato en los próximos meses. Se trata de la remodelación del paso de Nuestra Señora de los Dolores -que procesiona sin palio-, pues «de todos es sabido que era necesaria una actualización del paso de Virgen tanto por cuestiones estéticas como artísticas». Con este proyecto se persigue realzar la imagen de la dolorosa, así como barroquizar el diseño completo del paso, uno de los más originales y personales de la Semana Santa astigitana. Estas nuevas andas ya se encuentran expuestas en la Parroquia de Santiago el Mayor para veneración de los cofrades.
Respecto al patrimonio de la corporación, uno de los más ricos entre las cofradías ecijanas, la junta de gobierno afirma que tiene por objetivo «velar por lo que tenemos, mantenerlo, mejorar lo que podamos y que el coste económico para la Hermandad sea el menor posible». No obstante, desde la priostía de la cofradía se aclara que la financiación de este proyecto se ha realizado sin que suponga merma alguna en las tareas encomendadas a la hermandad en cuanto a caridad y obras sociales, ámbito muy activo de la corporación del Martes Santo a lo largo del año.

El nuevo paso remodelado de Nuestra Señora de los Dolores, bellísima dolorosa de autor anónimo realizada en 1713, ha sido tallado en madera de cedro, en el cual se pueden apreciar muchos detalles del anterior que lo hacen mucho más hermoso, imprimiéndole además un gran valor sentimental. El proyecto fue encargado en el verano del año 2017 al tallista Juan Manuel Pérez Pérez y al ebanista Francisco Rosado Borja, mientras que el barnizado ha sido corrido a cargo de Eduardo Cobalea Díaz, hermano de la corporación. El diseño del paso parte desde el estilo barroco de la peana de la dolorosa, que ha sido conservada. Además, buscando un mayor realce de la Virgen, se ha reducido la altura de los candelabros -también mantenidos-, que apoyarán directamente sobre el nivel del baquetón con un entrante semicircular en la canastilla. También para ello se ha realizado una pequeña peana, con lo cual la media luna y los candelabros bajan unos centímetros. El paso también se acorta eliminando una trabajadera, reduciéndose nuevamente a seis, ya que en 1998 se incorporó una séptima.
En la fase de ebanistería se comienza a trabajar en la construcción de la nueva parihuela, baquetón, canastilla y armazón de los respiraderos. También se fortalece el bastidor interno de la peana de la Virgen y se reajustan las ménsulas frontales. El diseño de las molduras está pensado para que tengan contraste de luces y contraluces en todo el momento del recorrido, empleando molduras cóncavas y convexas. La propia canastilla es una moldura cóncava de media caña, compuesta por una sucesión de hojas y volutas para dar elegancia y belleza. El baquetón es una moldura convexa abombada hacia afuera. La talla se compone de tulipanes y hojas de gran formato que se van sucediendo en menor progresión, pretendiendo seguir la línea marcada por la peana pero sin llegar a reproducirla. Del baquetón salen las cuatro maniguetas caladas.

El respiradero está marcado principalmente por los tableros de orfebrería, pretendiendo engarzar o fusionar los elementos de plata con la talla y que se han mantenido del anterior paso Cada uno de los tableros está rodeado por orlas profusamente talladas con hojas de acanto, volutas, tulipanes, carretes, etc., integrados perfectamente con la orfebrería. Entre tablero y tablero, en las entrecalles, un adorno se sucede, compuesto por querubines. En las esquinas también se ha diseñado una cantonera especial para albergar los tableros de orfebrería, de las que nacen hacia abajo roleos y tulipanes, enmarcando y delimitando todo el conjunto.
Nuestra Señora de los Dolores luce una corona imperial ejecutada en 1713 por el platero sevillano Manuel Guerrero de Alcántara y corazón con puñal de plata dorada, realizado hacia 1800 por el platero local Manuel Franco Velasco. Además, porta manto bordado por el taller de Joaquín Ojeda en las últimas décadas del siglo XX.
En 1973, se estrena la peana, obra del sevillano Antonio Martín Fernández, mientras que es el orfebre cordobés Francisco Díaz Roncero quien lleva a cabo los respiraderos y la canastilla en metal plateado y madera. Toda la candelería se ejecuta en 1987 en Orfebrería Villarreal de Sevilla, incorporando también en esta fecha los adornos de metal plateado que lleva la peana. Los faldones fueron realizados por el bordador ecijano José Luis Asencio Muñoz en 1995. En 1989, la peana incorpora dos querubines realizados por el escultor sevillano José Rivera Martínez. Ya en 1998 se estrena una miniatura de Santa Ángela de la Cruz, realizada en bronce por el escultor ecijano Rafael Amadeo Rojas, llevando en su base una reliquia de la santa.







