La Hermandad del Císter se dispone a conmemorar sus cincuenta años de trayectoria fundacional con un programa de actos que será presentado públicamente el próximo 15 de octubre. La corporación dará a conocer en este acto el conjunto de elementos conmemorativos de la efeméride, entre ellos el cartel, el logotipo y la papeleta de sitio extraordinaria vinculada a las Estaciones de Penitencia de 2027 y 2028.
La presentación tendrá lugar a las 20:30 horas en el Patio de las Columnas del Real Círculo de la Amistad de Córdoba, situado en la calle Alfonso XIII, número 14. La cita servirá para poner en circulación la imagen gráfica de un aniversario que hunde sus raíces en los primeros proyectos que desembocaron en la constitución de la corporación.
Tres obras para identificar medio siglo de historia
El apartado artístico de la celebración contará con la participación de varios creadores vinculados a Córdoba y al mundo cofrade. El logotipo del L Aniversario ha sido realizado por los diseñadores Gonzalo Navarro y Manuel Zapata, mientras que la autoría del cartel conmemorativo corresponde al pintor Jesús Zurita Villa.
A estas dos piezas se añadirá la papeleta de sitio extraordinaria correspondiente a las Estaciones de Penitencia de 2027 y 2028, cuyo diseño ha sido realizado por el joven artista cordobés y hermano de la corporación Antonio Navarro Caballero.
La presentación reunirá así tres propuestas artísticas concebidas para acompañar visualmente una efeméride que permitirá a la hermandad volver la mirada sobre cinco décadas de evolución, desde sus primeros pasos hasta la configuración actual de la corporación.
Una historia que comenzó a gestarse en torno a una Cruz de mayo
Aunque el aniversario remite a 1976, los antecedentes de la hermandad se encuentran dos años antes. En mayo de 1974, un grupo de jóvenes promovió la salida procesional de una Cruz por el entorno de Capuchinos con motivo de la festividad de la Santa Cruz. Aquella iniciativa, nacida en el ámbito de la religiosidad popular, terminaría adquiriendo una dimensión diferente hasta convertirse en el punto de partida de una futura Cofradía de Penitencia.
En 1975, los mismos jóvenes participaron nuevamente en el Concurso de Cruces organizado por el Ayuntamiento de Córdoba. En aquella ocasión instalaron su cruz en la Plaza del Cardenal Toledo, mientras comenzaba a consolidarse el proyecto de constituir una hermandad en el Monasterio Cisterciense de la Inmaculada Concepción, conocido popularmente como el Císter. De aquel vínculo con la comunidad cisterciense surgiría el nombre con el que la corporación ha llegado hasta nuestros días.
El proceso de búsqueda de una imagen cristífera condujo al grupo hasta la Iglesia de San Pablo, donde localizaron un crucificado al que se otorgó la advocación del Santísimo Cristo de la Conversión. Poco después, a comienzos de octubre de 1976, la intervención de un religioso claretiano propició el encuentro con Fray Ricardo de Córdoba, cuya presencia quedaría estrechamente ligada a la posterior historia de la hermandad.
Paralelamente, los promotores plantearon la adquisición de una imagen mariana en un taller de imaginería situado en San Juan de Aznalfarache y propiedad de Antonio Eslava Rubio. Tras reunir las 30.000 pesetas necesarias, la imagen fue adquirida y trasladada a Córdoba el 16 de octubre de 1976. Su primera ubicación fue el domicilio de Fernando Morillo-Velarde Chiclana, uno de los hermanos promotores, situado en la Plaza del Cardenal Toledo número 3.
El siguiente capítulo se produjo el 7 de diciembre de 1976, cuando la imagen fue llevada al Monasterio del Císter para recibir la bendición durante una solemne función religiosa presidida por Fray Ricardo de Córdoba, que ya ejercía como director espiritual del grupo. En la preparación de aquellos cultos participaron las hermandades del Santísimo Cristo de la Expiración y de la Paz, en un momento determinante para la consolidación de aquella iniciativa como una corporación de naturaleza cofrade.
La transformación de la hermandad y su llegada a Capuchinos
La evolución de la corporación continuó durante los años siguientes. En 1978 se incorporó Nuestro Padre Jesús de la Sangre, obra de Antonio Eslava Rubio, que durante sus primeros años llegó a procesionar en Viernes de Dolores sobre un antiguo paso cedido por la Cofradía del Sepulcro, dentro de un concurrido Vía Crucis.
La década de los ochenta introdujo cambios sustanciales. La primera imagen mariana pasó a recibir culto como imagen de Gloria y, al mismo tiempo, la hermandad incorporó el grupo escultórico formado por Nuestra Señora Reina de los Ángeles y San Juan Evangelista, realizado por Luis Álvarez Duarte y bendecido en diciembre de 1980 en la capilla del Monasterio del Císter.
El siguiente gran paso llegó en 1986, con el estreno del paso de palio de la Reina de los Ángeles. El 8 de diciembre, coincidiendo tanto con el décimo aniversario fundacional como con la festividad de la Inmaculada Concepción, la corporación salió procesionalmente por el centro de Córdoba acompañada por la Banda de Música Maestro Tejera.
Un año después, la hermandad quedó integrada en la Agrupación de Cofradías, mientras que en la Semana Santa de 1989 realizó por primera vez Estación de Penitencia en Martes Santo desde el Monasterio del Císter.
En 1995 se produjo otro de los hitos patrimoniales de esta trayectoria con el estreno del manto de la Reina de los Ángeles, bordado en oro sobre terciopelo azul pavo real por Piedad Muñoz siguiendo un diseño de Fray Ricardo y enriquecido mediante pequeñas piezas de orfebrería con forma de ángeles.
La permanencia en el monasterio, sin embargo, llegaría a su fin apenas un año después. La modificación del espacio de clausura de la iglesia conventual derivada de la reforma de las normas monacales obligó a la corporación a abandonar su sede fundacional y trasladarse al cercano Convento de los Padres Capuchinos, donde continúa actualmente.
El cambio de sede no supuso la ruptura del vínculo con las Madres Cistercienses, que habían ejercido como madrinas de la Cofradía y de sus Titulares y cuya relación con la corporación se mantuvo después del traslado.
Medio siglo de evolución patrimonial y penitencial
La llegada a Capuchinos se produjo dos años antes de la incorporación del paso de misterio de Nuestro Padre Jesús de la Sangre a la Estación de Penitencia. Desde entonces, la hermandad ha desarrollado una progresiva ampliación y mejora de su patrimonio, con intervenciones sobre el dorado del paso de misterio, nuevas insignias y diferentes elementos destinados al paso de palio.
En este proceso ocupa un lugar fundamental Fray Ricardo de Córdoba, uno de los fundadores de la corporación y su guía espiritual hasta su fallecimiento en 2019. Su trabajo estuvo relacionado con buena parte del patrimonio de la hermandad, tanto a través de diseños como mediante labores de supervisión técnica.
Otro episodio destacado se produjo en 2005, cuando Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios Gozosos protagonizó una salida extraordinaria por el centro de Córdoba con motivo del XXV aniversario de su hechura. La procesión tuvo lugar el 19 de septiembre y volvió a contar con el acompañamiento musical de la Banda de Música Maestro Tejera.
Aquella experiencia marcó el comienzo de una nueva costumbre en la corporación, que desde entonces comenzó a organizar una salida procesional de la imagen durante el mes de mayo.
Actualmente, la sede canónica de la hermandad se encuentra en la Iglesia Conventual del Santo Ángel, en Capuchinos, desde donde realiza su Estación de Penitencia durante la tarde-noche del Martes Santo. El cortejo está compuesto por dos pasos y, conforme a los datos correspondientes a 2024, estuvo integrado por 252 nazarenos, ataviados con túnica y capa blancas, capirote y cíngulo morados.
Un patrimonio escultórico construido a lo largo de varias generaciones
La riqueza patrimonial de la corporación refleja la intervención de numerosos artistas a lo largo de sus cincuenta años de historia. Entre sus titulares figura el Santísimo Cristo de la Conversión, un crucificado de aproximadamente 80 centímetros ejecutado por Antonio Bernal en 2009 e inspirado en una antigua talla del siglo XVII venerada en la Real Iglesia de San Pablo bajo la advocación del Cristo de las Ánimas.
Actualmente, esta imagen abre el tramo situado antes del paso de palio de la Reina de los Ángeles y procesiona sobre un palermo de orfebrería realizado por los talleres Villarreal, acompañado por dos faroles de la misma firma.
Nuestro Padre Jesús de la Sangre en el Desprecio del Pueblo fue realizado por Antonio Eslava en 1978. La talla representa al Señor con una expresión de resignación y tristeza, mientras que la sangre presente en la cabeza y la posición de las manos contribuyen a intensificar el dramatismo de la escena.
El misterio se completó en 1988 con un conjunto escultórico de Francisco Pinto Berraquero, integrado por siete figuras que representan a Barrabás, tres romanos, Poncio Pilatos y Claudia Prócula. La composición recrea el pasaje recogido en el Evangelio de San Marcos (15, 1-41), en el que Cristo es presentado ante el pueblo para su liberación durante la Pascua y la presión popular termina provocando que Pilatos decida absolver a Barrabás.
Todo el conjunto se dispone sobre un paso de grandes dimensiones y dorado, obra de Rafael Barón Jiménez, al que únicamente queda pendiente el dorado del respiradero trasero.
Por otro lado, el grupo escultórico de Nuestra Señora Reina de los Ángeles en sus Misterios Dolorosos y San Juan Evangelista fue realizado por Luis Álvarez Duarte en 1980. Ambas imágenes, de candelero, fueron las primeras que participaron en la Estación de Penitencia de la corporación.
El paso de palio se desarrolló bajo la dirección técnica de Fray Ricardo de Córdoba, mientras que los diferentes elementos de orfebrería fueron incorporándose progresivamente durante los primeros años de la década de los noventa. Las bambalinas, realizadas en terciopelo burdeos y rematadas con crestería de los talleres Villarreal, fueron renovadas en 2016.
La hermandad se encuentra además inmersa en la adquisición de nuevos respiraderos de plata, dotados de una estructura interior de madera cincelada en alpaca plateada. La ejecución corresponde a los talleres Villarreal, siguiendo un diseño de Fray Ricardo.
El conjunto incorpora bordados antiguos sobre malla de oro fino, intervenidos por Antonio Villar. Los paños están bordados sobre terciopelo azul Prusia y malla de oro fino e integran piezas de los siglos XVII y XVIII, enriquecidas por las hermanas filipenses del Convento de Santa Isabel de Sevilla.
La Reina de los Ángeles y la tradición de la salida de mayo
La Reina de los Ángeles en sus Misterios Gozosos, obra de Antonio Eslava de 1977, ocupó inicialmente el lugar de Dolorosa de la corporación. En 1980 pasó a recibir culto como imagen de Gloria y fue entonces cuando Rafael Barbero acometió su restauración.
La intervención supuso la retirada de las lágrimas y la talla del Niño Jesús que actualmente sostiene en sus brazos, ante la imposibilidad de Antonio Eslava de realizar el trabajo debido a su enfermedad.
La imagen protagoniza en la actualidad una salida procesional por la feligresía de Capuchinos y el centro de Córdoba durante el segundo o tercer sábado de mayo. Para esta ocasión se emplean la antigua mesa de salida del paso de palio de la Reina de los Ángeles en sus Misterios Dolorosos, sus respiraderos y faldones, así como los arbóreos del paso de misterio del Señor de la Sangre.
El conjunto se completa con una peana dorada de carrete, tipología característica de las imágenes de Gloria y vinculada a la tradición barroca cordobesa de los siglos XVI y XVII. La pieza fue realizada por los tallistas Miguel Ortiz y Manuel Jurado y continúa sometida a trabajos de dorado en el taller cordobés de Rafael Barón.
Insignias y patrimonio artístico de identidad cisterciense
El patrimonio de la hermandad se extiende también a un conjunto de insignias de especial relevancia. Entre ellas figura la Cruz de Guía de madera con orfebrería de Villarreal, además del Simpecado de terciopelo azul con la Purísima realizada en oro, plata y marfil.
Este Simpecado fue bordado por Piedad Muñoz siguiendo un diseño de Fray Ricardo de Córdoba e incorpora marfiles de Kiernan. A él se suma el guion seráfico, realizado en 1996 con bordados de Antonio Villar y talla de Manuel Luque Bonillo, y bendecido en Asís.
Completan este apartado el guion concepcionista de plata con bordados en oro, las bocinas cinceladas por Villarreal y sus paños, bordados en oro con motivos sacramentales y franciscanos.
Un repertorio musical construido durante décadas
La historia de la corporación también ha quedado reflejada en un repertorio musical propio compuesto a lo largo de varias décadas. Entre las piezas dedicadas a la hermandad se encuentra “Ángeles del Císter”, de Pedro Gámez Laserna, fechada en 1978, y “Nuestro Padre Jesús de la Sangre”, de Casto Contreras López, de 1979.
El repertorio continuó ampliándose con “Virgen de los Ángeles”, de Jesús Cea Samaniego, de 1993; “Ante Pilatos”, de Pedro M. Pacheco, de 1997; y “Cristo de la Sangre”, también de Jesús Cea Samaniego, de 1998.
Posteriormente se incorporaron “Ángeles, Reina ‘Música para un Ángel’”, de José de la Vega Sánchez, de 2007; las cinco piezas de capilla agrupadas bajo el título “Las Cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo”, de 2008; y “Jesús de la Sangre”, pieza de capilla compuesta igualmente en 2008 por Alfonso Lozano Ruiz.
La relación continúa con “Oración a Nuestra Señora de los Ángeles”, de José de la Vega Sánchez, con letra de Fray Juan Jesús Linares, y “Gloria Cisterciense”, también de José de la Vega Sánchez.
A ellas se suman “La Sangre y la Gloria”, de Alfonso Lozano Ruiz, de 2009, con letra de Alfonso Manuel Muñoz Rodríguez; “Dulce Mirada”, de Raúl Rodríguez Domínguez, también de 2009; “El Císter”, de Antonio Tavera Alba, igualmente de 2009; y otra composición titulada “El Císter”, destinada a banda de música, compuesta por Rafael Wals Dantas en 2018.
El Cabildo Extraordinario dará a conocer el programa del cincuentenario
La presentación pública del 15 de octubre estará precedida por el Cabildo General Extraordinario convocado para el 13 de octubre, en el que los hermanos conocerán oficialmente el programa elaborado para conmemorar el L Aniversario Fundacional.
El orden del día de esta convocatoria contempla como único punto la presentación del Programa de Actos Conmemorativos del L Aniversario Fundacional. Será, por tanto, en esta reunión cuando la corporación traslade a sus hermanos el contenido de las iniciativas que vertebrarán una celebración llamada a recorrer medio siglo de historia.
La efeméride conectará así los primeros pasos dados alrededor de aquella Cruz de mayo de 1974 con la hermandad que, cinco décadas después, tiene su sede canónica en Capuchinos, conserva el vínculo con las Madres Cistercienses y mantiene su presencia en la Semana Santa cordobesa mediante su Estación de Penitencia cada Martes Santo.
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