No son pocas ni insignificantes las cuantiosas imágenes que integran el panorama cofrade cordobés. Tampoco lo es la magnífica y a menudo curiosísima historia que se esconde tras cada una de ellas aunque, por alguna razón, mucho sea lo que se nos escape al respecto, bien sea por falta de documentación o, en algunos casos, de interés. Cierto es, también, que las tallas pasionistas suelen alzarse como absolutas protagonistas y centro de nuestra atención, tal vez por la relevancia y el indiscutible peso de sus respectivas hermandades o por formar parte de ese todo maravilloso que se nos antoja con la Semana Santa. En cualquier caso, la cuestión es que, a pesar de que nuestra hermosa Córdoba ha gozado de fuertes devociones hacia imágenes gloriosas como la del Carmen de San Cayetano, estas no parecen ser capaces de mover consigo las masas que siempre arrastra la permanentemente añorada Semana Mayor tal y como lo hiciesen siglos atrás.
Así y todo, la revitalización cofrade a la que parecemos estar asistiendo no ha podido dejar atrás a estas bellas y apreciadas Glorias, con las que se están haciendo grandes esfuerzos para volver a situarlas en el lugar que les corresponde. La prueba más cercana de ello la tuvimos el pasado sábado de la mano de la Virgen de los Remedios, que recorrió las calles de la ciudad califal despertando una gran expectación y comenzando a hacerse un hueco más allá de los muros de San Lorenzo.
Sin embargo, cabe aún la reveladora sensación de estar ignorando, en cierta medida, la presencia de otras valiosas y espléndidas tallas cuya existencia, aunque conocida, sigue manteniéndose ajena a casi cualquier salida procesional o información más o menos periódica que nos haga posar nuestra curiosa y a veces vaga mirada sobre ellas. Y en esta línea cabe sin duda destacar una excepcional gloria como es la de Nuestra Señora de la Alegría de la céntrica Hermandad de la Sentencia.
Para conocerla mejor, es necesario volver sobre nuestros pasos para situarnos a comienzos de un lejano siglo XV, momento en que tuvo lugar la edificación de la discreta Ermita de la Alegría, ubicada en la Calle Menéndez Pelayo y, por tanto, muy cercana a la Parroquia de San Nicolás de la Villa donde reside la antedicha corporación del Lunes Santo.
Al parecer, en sus orígenes, esta inadvertida construcción había ejercido como hospital hasta que, más tarde, se convirtiese en un templo bajo la advocación del Santo Francés, San Roque Amador. Tiempo después, el modesto recinto llegó incluso a albergar una imagen conocida como la Virgen de las Huertas. Así las cosas, el paso del tiempo contribuyó a que la devoción a San Roque Amador se viese fortalecida nuevamente hasta que esa veneración desembocó en la instalación de una cofradía en el año 1510, conocida con el título de Nuestra Señora de las Huertas y Rocamador, derivado este segundo del nombre del santo. La tradición que comprendía tanto la veneración a la Santísima Virgen como al Santo así como el título de la cofradía estuvo ligada a la historia de la Ermita de la Alegría hasta 1640, tal y como acreditan los documentos que se pudieron conservar.
Durante esos años, la ermita había ganado en popularidad debido a los peregrinos que en ella se alojaban intensificando la devoción a Nuestra Señora de Rocamador. Esta consabida tradición dio lugar a una leyenda que, por aquel entonces, se extendió como la pólvora por la ciudad de Córdoba, asegurando que una noche llegaron a la ermita dos peregrinos solicitando refugio y sustento, necesidades que ambos vieron satisfechas, hasta el momento sin ninguna particularidad. Sin embargo, a la mañana siguiente nadie encontró rastro alguno de dichos peregrinos, los cuales habían desaparecido dejando, eso sí, una hermosísima imagen de la Virgen con el Niño Jesús en brazos.
La exquisitez de las tallas se convirtió en motivo de contento colectivo, despertando la admiración del pueblo y de aquellos que aún residían en la ermita. Ese sentimiento de alegría que embargó a la comunidad dio lugar a que en lo sucesivo la ermita pasase a ser conocida con el nombre de “la Alegría” viendo la devoción aún más arraigada y, con ello, recibiendo en su seno una multiplicidad de visitas de aquellos que acudían entusiasmados a contemplar la imagen de la Virgen.
No obstante, la leyenda cuenta con otra versión que es la que asegura que fue en 1640 cuando, al derrumbarse una casa colindante, apareció un bello retrato mural de la Virgen alumbrada por una vela, sosteniendo que fue este el hallazgo causante de la denominación de la ermita.
Sea como fuere, el acontecimiento en cuestión sirvió para revitalizar la actividad religiosa y, a pesar de que el templo había estado en serio riesgo de ruina, se reedificó en 1703 con la inestimable ayuda de Francisco Hurtado Izquierdo, Blas Valdez y de la nobleza cordobesa. El reformado edificio tenía dos entradas: una que salía a la calle Menéndez y Pelayo y otra a un bello patio de columnas, ambas adinteladas y enmarcadas con pilastras. Una de esas se utilizaba para realizar la salida procesional que la hermandad llevaba a cabo y la otra para la entrada de la misma.
En la actualidad la ermita depende por completo de la Iglesia de San Nicolás de la Villa, pues fue parroquia fue la que acometió sus labores de restauración a comienzos del siglo XXI, realizando un trabajo ejemplar y devolviéndola al culto, convirtiéndose con todo ello en la Casa de la Hermandad de la Sentencia. Fue también la propia corporación del Lunes Santo la que adoptó como cotitular a la talla de la Virgen de la Alegría, realizada por Miguel Ángel González Jurado en 1999, bendecida en ese mismo año y sustituyendo a la primitiva del siglo XVII, cuyo estado de deterioro imposibilitó su recuperación.
Por su parte, la efigie del pequeño Niño corrió mejor suerte que la de la original gloria y pudo conservarse como parte y prueba de aquel venerado grupo escultórico fechado en el ya citado siglo XVII.
La actual Virgen de la Alegría junto con el Niño Jesús que porta en sus brazos constituye en el presente la escena fundamental en torno a la que se constituye la recreación del nacimiento de Jesús. Una iconografía completada con algunas de las imágenes del misterio del Señor de la Sentencia – que ya comentábamos en publicaciones anteriores de Gente de Paz – y que toman como escenario la histórica y para muchos inexistente Ermita de la Alegría.
Aunque de hablar de la cotitular de la cofradía Sentencia es hablar sobre una obra distinguida y de evidente belleza, hasta la fecha tan solo hemos tenido ocasión de verla recorrer la ciudad presidiendo el tradicional rosario vespertino organizado por la Agrupación de Hermandades y Cofradías en la fecha del 12 de octubre en el año 2011. La celebración coincidía, pues, no solo con la célebre festividad de la Virgen del Pilar sino también con el décimo aniversario de esta costumbre así como con el mes del Rosario, que realmente sirvió de incentivo para la salida procesional en cuestión.
En aquella histórica jornada, la incomparable Virgen de la Alegría partió desde la ermita del mismo nombre precedida por un cortejo de más de cien personas, compuesto por representaciones de unas 15 hermandades aproximadamente. Este, guió los pasos de la Santísima Virgen hasta la propia Catedral con el rezo del rosario, lugar en el que tuvo lugar la ceremonia pertinente. Finalizada la misa, la cotitular de la Sentencia emprendió el camino de regreso a su ermita, para entonces, ya con el acompañamiento musical de la Banda de Música María Santísima de la Esperanza, junto a la que la procesión culminaba tras un día para el recuerdo y con el hermoso rostro de la Virgen en las retinas del pueblo cordobés.





