Como es habitual, la Imagen de Santa Marta ha presidido el presbiterio de San Andrés desde el altar efímero montado para el triduo que se celebra en su honor. Sin embargo, una vez finalizados los cultos, la venerada titular no ha regresado a la capilla como es habitual, sino que sigue presidiendo el altar principal de la parroquia, ubicada bajo la talla de la Inmaculada Concepción con motivo del septuagésimo quinto aniversario de la fundación de la hermandad y el Año Jubilar que se ha concedido por dicha efeméride. De acuerdo con el equipo parroquial de San Andrés, Santa Marta permanecerá en esa ubicación hasta el inicio de la Cuaresma. En ese periodo y en la Pascua regresará a su altar en el interior de la capilla. Una vez, finalice el triduo a Nuestra Señora de las Penas en el mes de mayo, la imagen volverá al altar mayor donde permanecerá hasta el mes de octubre, para recuperar su ubicación habitual una vez finalice el Año Santo Jubilar.
La imagen titular de Santa Marta fue realizada por el escultor-imaginero Sebastián Santos Rojas (1895-1977) en el año 1950, y vino a sustituir a la primera fundacional de la hermandad, efigie seriada de tamaño menor que el natural adquirida en Olot (Gerona) por Fernando Palacios Tirado. La imagen de Santa Marta es una excelente obra de Sebastián Santos, con la que demostró su versatilidad y amplia maestría para tratar con acierto cualquier tema del arte sagrado. Esta efigie hagiográfica de vestir es admirable por el suave modelado de su rostro, con una mirada certera y la inconfundible nariz de raíz hebraica, enmarcado por el negro cabello que se recoge tras las orejas. Las manos aparecen con las uñas desgastadas por el servicio doméstico, y los pies, calzados con sandalias, simulan un leve caminar por los senderos de Judea en pos del Redentor, al que acompañaría, sin duda, hasta el Sepulcro.
En esta obra su autor plasmó a la perfección la idea del encargo de la hermandad, logrando magistralmente la doble “funcionalidad” requerida para esta imagen sagrada, cuya fisonomía completa, de una belleza y serenidad exquisita, deja vislumbrar tanto la cercanía de la Santa con el Redentor en su casa de Betania como los momentos dramáticos y cruciales de la Pasión, en cuyo postrer misterio se integraría; haciéndola adecuada tanto para recibir veneración letífica como una de las Santas más querida por la devoción popular, como para procesionar en el fúnebre pasaje pasionista que la corporación tiene como titular. La sagrada imagen porta en sus manos durante todo el año los atributos característicos de su iconografía, según “La Leyenda Dorada” de Jacobo de la Vorágine: el acetre del agua bendita en la derecha y el hisopo en la izquierda, que son trocados por los tres clavos del Redentor en el paso procesional para la Estación de Penitencia.





