La imperecedera música del Maestro Cebrián

No cabe duda de que la historia ha estado bien nutrida de grandísimos compositores en el género de las marchas procesionales. Tampoco, de que los autores clásicos permanecen en los repertorios de la inmensa mayoría de formaciones musicales, y ello se debe a que su forma de componer resultaba intachable, debido a su excelente educación musical. Hablamos de compositores como Font de Anta, López Farfán, Beigbeder o Cebrián, por destacar algunos, que provienen de la escuela militar, donde recibían una formación musical de alta calidad.

Fotografía Jaén en la Memoria

Tal día como hoy, un 30 de julio, nacía este último, Don Emilio Cebrián Ruíz. Fue en Toledo en el año 1900, cuando venía al mundo un autor que dejó su huella en el patrimonio musical cofrade a través de distintas marchas que se pueden calificar como míticas en el ámbito de las bandas de música. Cebrián dirigió a la Banda Municipal de Jaén desde 1932, lugar en el que dejó una huella imborrable al situar a la banda entre las más destacadas de todo el territorio nacional, así como por componer tanto el himno de la ciudad del Santo Reino como la marcha «Nuestro Padre Jesús», dedicada a la devoción cristífera por excelencia de Jaén; además, reorganizó a la Banda Municipal de Talavera de la Reina. Compuso gran cantidad de pasodobles e himnos, así como algunas marchas procesionales que aún hoy en día continúan sonando tras los pasos de palio.

Sin embargo, en la faceta en la que más se le recuerda en el orbe cofrade es en la de la composición de marchas, puesto que a pesar de no ser especialmente prolífico en sus composiciones, sí es cierto que todas y cada una de las que compuso poseen una calidad exquisita y un sello de personalidad propia del músico toledano. Quizá sus dos marchas más conocidas son «Nuestro Padre Jesús», dedicada a una de las imágenes cristíferas más devocionales de toda Andalucía, como es «El Abuelo» de Jaén, así como «Macarena», dedicada a otra de las devociones marianas más populares de nuestra tierra, la Virgen de la Esperanza de Sevilla, en la cual se capta a la perfección la esencia la Santísima Virgen.

Con respecto a «Nuestro Padre Jesús», se cuenta que durante el transcurso de la procesión del Viernes Santo de 1934, Emilio Cebrián abandonó momentáneamente su condición de director de la Banda Municipal de Jaén para portar al Nazareno. Una vez salió de debajo de sus faldones, visiblemente emocionado, aseguró que trasladaría todos esos sentimientos que vivió bajo los pies de Nuestro Padre Jesús a una partitura de marcha procesional. Como curiosidad, hay que destacar que el profundo arraigo devocional del pueblo de Jaén con Nuestro Padre Jesús Nazareno quedó plasmado en la famosa composición de Cebrián, ya que algunos acordes del Himno de Jaén -compuesto también por el músico toledano-, suenan en el contrapunto del trío final de la marcha. La composición se estrenó en 1935 y causó gran sensación.

Además, compuso otras excelentes marchas procesionales, como «Cristo de la Sangre», dedicada a la imagen cristífera del municipio de Torrijos, «Jesús Preso», dedicada al titular de la Hermandad de la Vera-Cruz de Jaén, y «María», pieza sacada a la luz por su hermano. Del mismo modo, comparte autoría de la marcha eucarística «Triunfal» con José Blanco, director de la Banda de Música de Torrijos, ya que instrumentó el Himno Eucarístico de este para banda de música. Hizo lo propio con la «Marcha Fúnebre de Chopin», instrmentándola para la plantilla de banda de música.

Estamos ante uno de los grandes compositores del pasado siglo, que rubricó su nombre con letras de oro en el pentagrama del patrimonio cultural-musical cofrade. Sus marchas procesionales han sonado, y afortunadamente siguen haciéndolo, a lo largo y ancho de nuestro bendito territorio, brindando chicotás plagadas de arte y elegancia y permitiendo el diálogo con la divinidad de la mano de la música. Que nunca deje de sonar la música del Maestro Cebrián…