Advertisements
Córdoba

La restauración de su peana propicia en San Jacinto una imagen insólita de Los Dolores

En junio de 2018 el presidente de la Fundación Caja Rural del Sur, José Luis García Palacios, y el entonces hermano mayor de la cofradía de los Dolores, Emilio Molina Gómez, firmaron un convenio mediante el cual la entidad se comprometía a la restauración de la peana de camarín de Nuestra Señora de los Dolores. Una restauración que ya ha comenzado propiciando una imagen insólita de la dolorosa servita. El importe de la restauración asciende a la cantidad de 46.000 euros y el plazo de ejecución rondará los seis meses. Tal y como se explicó entonces, durante los trabajos, a cargo de la empresa Regespa, no se ha retirado del culto la imagen de la Virgen de los Dolores.

La peana de camarín de Nuestra Señora de los Dolores es una pieza singular dentro del patrimonio artístico de Córdoba del siglo XVIII. Por sus dimensiones (1,90 metros de alto por 2,70 metros de base), por la importancia artística y devocional de la imagen para la que se hizo, por el alto prestigio de sus autores, y por haber mantenido en todo momento su uso a lo largo de sus casi tres siglos de historia, así como por no existir una pieza similar en la capital, se puede considerar como todo un referente del exorno de los templos en otros tiempos que no encuentra parangón en la ciudad.

La hermandad decide a mediados del siglo XVIII la realización de una gran peana para realzar la presencia de Nuestra Señora de los Dolores en el camarín que se abre en el altar mayor de la iglesia de San Jacinto. La limosnas recogidas en un primer momento para sufragar su coste no fueron suficientes y la llegada como hermano prior de Bernardo Rubio Barrionuevo en 1753 hizo que el proyecto cobrara nuevo impulso.

“Viendo esta Venerable Congregación lo mucho que faltaba para el asiento del trono dispuso con su acostumbrado celo nuestro hermano don Joseph Borrego el que se hiciese más diligencia entre nuestros hermanos”, como se recoge en el primer libro de actas.

A partir de ese momento se incrementan los donativos de forma considerable, Bernardo Rubio llega a regalar para tal fin un anillo de diamantes y rubíes, y en poco tiempo se logra la cantidad de 1.670 reales que, junto con los 330 reales de un préstamo facilitado por el capellán Manuel de Ayllón, se logra pagar los primeros 2.000 reales al tallista Teodosio Sánchez Cañadas.

En el primer libro de cuentas de la hermandad también figura el pago de 60 reales a Tomás Jerónimo de Pedrajas “por la traza o dibujo que le mandó hacer esta Congregación para el trono”, así como los 44 maravedíes gastados “la tarde que se sentó el trono en el Hospital de San Jacinto por razón de gratitud [en] un refresco que se dio en dicho Hospital a todos los oficiales de tallista y maestro”. Terminada la talla, ahora tocaba el dorado.

En el Cabildo General del 1 de febrero de 1756 se acuerda encomendar tal tarea al dorador Manuel de Arenas al contar la congregación con los fondos suficientes así como con la aportación del marqués de la Vega de Armijo, quien aportó 1.100 reales de su bolsillo. El importe total ascendió a 2.200 reales, con el compromiso de entregar al dorador 100 reales más “en caso de hacerlo a satisfacción”, así como de que estuviese terminada para el Viernes de Dolores de ese año.

Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR
Aviso de cookies