Sevilla

La Virgen de la leche, última genialidad de Antonio Labrador

La delicada escultura ha sido realizada para una familia vinculada a la Macarena

El magnífico imaginero Antonio Labrador ha dejado sin palabras a propios y ajenos con su última obra: La Santísima Virgen amamantando al Niño Jesús, una grandiosa representación de María como fuente de vida y amor.

El propio escultor presenta así este portentoso trabajo: «María, Madre de Dios como fuente de vida y amor incondicional. Me complace presentar este encargo que pasará a formar parte del seno una familia muy ligada devocionalmente a la sevillanísima Hermandad de la Macarena».

El conjunto escultórico, indica el artista, representa la escena popularmente llamada «La Virgen de la Leche», cuya temática fue muy desarrollada tanto en escultura y pintura durante los siglos XVII y XVIII por los grandes maestros del barroco. Dicho grupo muestra una escena cargada de ternura en la cual la Stma. Virgen María da el pecho al Bendito Niño Dios, y en el caso que nos ocupa, se ha quedado dormido arropado en los brazos de Su Madre.

Contempla la escena, precisa Labrador, un angelito niño que, como muestra de la divinidad del Hijo de Dios, porta en sus brazos la palma como símbolo del martirio y la rama de laurel que nos indica el triunfo de la Resurrección.

La pieza escultórica posee una altura de unos 50 centímetros (la figura de la Virgen), siendo realizada en terracota. Posteriormente se la ha dotado de diversas veladuras de pintura al óleo que conforman su acabado polícromo; dentro del cual quiero destacar las tonalidades de lacas rojas del manto, junto a la combinación del verde y amarillo nápoles en la túnica, unificando de esta manera las advocaciones del Rosario y Esperanza, ambas Titulares Marianas de la Hermandad Macarena.

Anteriormente a dicha policromía y una vez modelada, la terracota ha sumado dos terminaciones, aclara el estupendo imaginero. Una elaborada mediante estucos que afecta a las partes anatómicas del Niño Jesús, la Virgen y el angelito. Y otra que se ha desarrollado en los ropajes, la cabellera y las alas, consistente en el pulido (no lijado) del propio barro; buscando con ambas realzar la teatralidad del conjunto.

La obra ha sido presentada a través de una magistral galería fotográfica realizada por el sensacional fotógrafo Arturo Merino.

Antonio Labrador emociona y sorprende a partes iguales con esta tierna obra de la Virgen dando el pecho al pequeño Jesús, una escena muy propicia para el Tiempo Litúrgico que acaba de finalizar.