Las Cigarreras estrenará el ropaje de su Misterio el Jueves Santo

La Hermandad de las Cigarreras presentará el próximo Jueves Santo un interesante estreno patrimonial que se hará evidente en el paso de Nuestro Señor Jesucristo Atado a la Columna. Un estreno que supondrá la culminación del paso de misterio en lo que a indumentaria se refiere.

Tal y como explica en su boletín cuaresmal la corporación de Los Remedios, si bien es cierto que la imagen de nuestro Señor Jesucristo Atado a la Columna, obra de Francisco Buiza en 1974, procesiona acompañada por figuras secundarias ejecutadas por José Antonio Navarro Arteaga en una remodelación que comenzara en 1996 y finalizara en cuanto a la imaginería en el año 2003 quedaba por completar la presentación de los dos romanos flagelantes con unas cotas que fueran más fieles a la realidad histórica y no con las que hasta ahora lo venían haciendo, que estaban realizadas en cuero.

Sendos soldados romanos encargados de la flagelación se dispondrán desde este año con la colocación de una cota de malla fabricada en hierro de Armillum, el taller barcelonés de Jorge Mambrilla. Ambas cotas pertenecen al género de la lorica hamata que consiste en una serie de anillas encadenadas de modo que cada una de ellas está unida a otras cuatro, dos correspondientes a la fila superior y dos a la inferior.

Su realización es completamente manual y han sido adaptados para poder ser colocadas en las tallas de los romanos. Su peso es de aproximadamente unos 9 kilogramos. Como en el caso de armadura que nos atañe, el tipo más habitual poseía mangas cortas siento mucho más rara la manga larga. Cabe recordar que los hombros eran objeto de una especial protección reforzando su defensa mediante unas hombreras abrochadas al frente de la camisa gracias a un doble gancho articulado que descansa sobre el pecho. Dichas hombreras poseen en la zona próxima al cuello un revestimiento protector a base de tiras de cuero.

La hermandad, que ha ofrecido una completa justificación histórica en su boletín, explica que en las legiones romanas era extendido este tipo de protecciones, pues poseían un buen número de ventajas respecto a otras, ya que las anillas proporciona una excelente defensa contra los cortes y también son eficaces contra los golpes de espada, pues son armaduras muy flexibles capaces de absorber las estocadas. Los soldados romanos que figuran junto al Cristo en el misterio de la flagelación, se encuadran en el preciso momento en que el centurión ordena detener por unos instantes el castigo que se está infligiendo, con el propósito de que el reo no desfallezca o muera en el cumplimiento de la pena impuesta. Los cinco soldados romanos rodean la imagen del flagelado, que se erige en el centro de la escena como protagonista principal, y conformando una escenografía conseguida, en la que se aprecia la interacción entre los personajes produciéndose la narración de este episodio narrado en los Evangelios.

En tiempos de Jesucristo en su demarcación geográfica la Palestina del siglo 1 se conocían dos tipos de castigos por azotamiento, la judía, en la que, entre otras particularidades, destaca la colocación del reo tumbado en el suelo, con la aplicación de un máximo de 40 latigazos, quedándose en el número 39 para no incumplir la ley. En cambio en la romana, no existía un cómputo definido de latigazos, pues además en general de los casos, la flagelación conllevaba la muerte del ajusticiado.

En el caso de Cristo, era un castigo intermedio antes de llevar a cabo la crucifixión, de ahí que entendamos por tanto, que el centurión ordene la detención del castigo, para evitar la muerte de Jesús, y por otro lado, que el romano que se encuentra con una rodilla en tierra delante de la figura del Mesías, se muestren actitud de rociar al divino reo con agua, vinagre y sal sobre el rostro y heridas para que no de fallecidos en el martirio, en una costumbre reanimatoria romana para dicho castigo.

El soldado romano restante porta el pillum, lanza habitual del legionario romano, y la túnica púrpura del Señor, en recuerdo de la presencia de la advocación del Cristo de la Púrpura a la que se rindió culto desde mediados del siglo XVII hasta su desaparición a inicios del siglo XX, aunque se ha procedido en el final del pasado año a la recuperación de dicha advocación, en la nueva imagen de José Antonio Navarro Arteaga, bendecida y expuesta al culto público en la sede canónica de la Corporación.

El resto de romanos también aparecen pertrechados con las protecciones habituales de los miembros del ejército romano, pudiéndose incluso determinar como el que detiene la flagelación ostenta el mayor rango de todos, siendo Centurión. La típica indumentaria del centurión era el casco montefortino con cimera transversal (de un lado a otro y no en el sentido de la frente a la zona trasera del cráneo), coronado por cepillo o plumas que distingue a su grado, túnica de lana en su color natural o en rojo, cota de malla, terigues de cuero, cinturones, mandil protector de entrepiernas y grebas espinilleras para proteger las piernas, así como caligas. La capa no existía, y en todo caso, de utilizarse, hubiese sido una especie de capote de campaña con caperuza.

La diferencia con los soldados de menor rango, el resto de los que comparecen en el misterio, se visualiza en la no inclusión de grebas en sus piernas. Eso sí, siguiendo la tradición sevillana, todos llevan cimera y es longitudinal, no transversal, junto al uso de las corazas, aunque en la época ni los centuriones ni los soldados usaban las corazas, sin embargo, los motivos que reproducen las mismas son fieles testigos de la estatuaria romana. Las túnicas y el plumaje negro tampoco son fieles a la realidad histórica, fue una decisión tomada en el seno de la Hermandad a propuesta del escultor e imaginero Navarro Arteaga para otorgar al paso un colorido que dotará de mayor protagonismo y unción a la imagen de Jesucristo.

Con este estreno, que da mayor rotundidad al conjunto, se culmina el proceso que comenzara a inicios de este siglo, cuando se decidió acometer la sustitución del misterio ideado por Francisco Buiza, luego retocado por Francisco Berlanga.