Lo que pasa en Puente Genil que no lo toquen los cofrades

Hay localidades donde la Semana Santa, el famoso mundo de las cofradías, no tiene nada -o casi nada- que ver con el resto. En el caso de la provincia de Córdoba -por número- pasa esto en una elevada tasa de municipios, y uno de ellos es Puente Genil.

En la ciudad de la Campiña Sur te encuentras la identificación propia con unas tradiciones singulares, que van desde el alcalde (sea del signo político que sea) hasta el último cofrade. 

Ya empezando por el nombre que le dan a su Semana Santa, Mananta, se entiende que no es un lugar al uso, aunque del nombre se hablará en otro momento. Y luego está su Agrupación que, si bien comienza a denominarse así, la denominación completa es la de Agrupación de Cofradías, Hermandades y Corporaciones Bíblicas. Incluyendo en ese último apartado a la figura de los judíos, una forma muy personal de participación, que da paso del nazareno a la escenificación real de las escenas de la Pasión de Cristo.

Con esos precedentes se desenvuelven los cuarteles, el plato estrella de este guiso cofrade, que en la Cuaresma (desde el Jueves Lardero) se guisa, paladea y disfruta, incluso más que en la propia Semana Santa. Es el lugar, el enclave donde sus miembros construyen una forma de hermandad basada en la convivencia, en el disfrute del momento donde no hay nada más que la tradición (de una fe) sin mayores pretensiones de las de un grupo de amigos, alrededor de la mesa, eso sí, pero donde llegan a interpretarse cantos espontáneos, saetas inesperadas que traen la brisa de un tiempo pretérito, que aun se atesora en un pueblo de la Campiña Sur cordobesa. 

Y es que lo que sucede en Puente Genil (que se verá, en parte, en las Jornadas de Puertas Abiertas de la Semana Santa de octubre), que no lo toque el cofrade.