El archivo de la Semana Santa, Sevilla, ⭐ Portada

Los crucificados más antiguos de Andalucía

Tres de ellos hunden sus raíces en el siglo XIII

En junio de 2019 las reuniones entre la Candelaria y el Museo de Bellas Artes de Sevilla llegan a buen puerto. La corporación pretendía recuperar el crucificado del Subterráneo, pieza fundamental de la sacramental de la parroquia, fusionada con la penitencial en 1977. Atrás quedaban 43 años en los almacenes del museo, adonde llegó para ser exhibida y donde la oscuridad fue su más fiel compañera. La imagen gótica, realizada entre los siglos XIII y XIV es calificada como la más antigua de nuestra comunidad si nos atenemos a la afirmación que se realiza en «El arte de la reconquista cristiana» un volumen publicado en 1994 que forma parte de la colección Historia del Arte en Andalucía y que fue dirigido por Enrique Pareja López.

En 1941 nace la fundación Rodríguez Acosta. Museo Gómez Moreno. Con sede en un carmen construido junto a la Alhambra entre 1916 y 1930, fue el domicilio de José María Rodríguez-Acosta, uno de los más destacados pintores del pasado siglo. Convertido en espacio para la difusión de la cultura y las artes las piezas que aguarda son de un valor incalculable. Entre ellos un crucificado que mide 115 centímetros sin la cruz, y con esta, 182. Al igual que el anterior, su hechura se enmarca entre los siglos XIII y XIV. Procedente de Toro, en Zamora, responde a los esquemas habituales de estas representaciones en España como la cabeza inclinada ligeramente hacia la derecha y la extensión considerable del paño de pureza, anudado en el lado derecho. En el catálogo de la fundación se hace referencia tanto a la cruz con gajos como a los brazos, que pudieran ser de factura posterior.

De 1521 datan las primeras noticias sobre el Santísimo Cristo de San Felipe. En unos escritos que posee la hermandad de la Amargura de Carmona se recoge que fue descendido para que su lugar fuese ocupado por el Señor de la Amargura, de Fernández Alemán. No se recoge con exactitud su realización, si bien por sus características los historiadores lo sitúan a finales del XIII y principios de la siguiente centuria.

El Monasterio de Santa María de la Rábida cuenta con varios crucificados antiquísimos. Es el caso del Cristo de los Pobres, adquirido por los franciscanos en 1965 y restaurado por Francisco Arquillo a finales de la siguiente centuria. A este, cercano a 1500 le precede otro, quizá el más antiguo de la provincia onubense: el Cristo de los Remedios, del segundo tercio del XIV. Madera de castaño para un Cristo anónimo, cuyas facciones lo sitúan en círculos escultóricos gallegos. En la provincia de Huelva, de la segunda mitad de la misma centuria, destacamos el Cristo de la Vera Cruz —también conocido como de la Sangre— que se custodia en la ermita de Nuestra Señora del Valle, en la Palma del Condado.

Nuevamente Hernández Díaz es quien aborda en un interesante estudio el Cristo del Millón de la catedral hispalense. Data al crucificado en el siglo XIV, siendo una de las obras más antiguas. Acompañado por la Virgen María y San Juan Evangelista, arquea su cuerpo, fijado en una cruz arbórea mediante tres clavos, con los ojos entornados y los labios entreabiertos. En sus inicios a menor altura de la que está en la actualidad, lo que impide que muchos visitantes reparen en una obra colosal.

Fernando García Gutiérrez, quien fue delegado diocesano de patrimonio cultural de arzobispado de Sevilla aborda en otro estudio el Cristo de San Pedro, de Sanlúcar la Mayor, una escultura también del XIV que vino a sustituir a otra anterior y que recuerda al Cristo del Millón. Cabeza inclinada sobre el hombro derecho, alargado paño de pureza y fijado a la cruz con tres clavos, destaca el que une sus pies por las dimensiones. Igual sucede con el Cristo de la Sangre —o de los Maestres— de la parroquia sevillana de San Isidoro. Mayor arqueamiento presenta un crucificado ubicado en la iglesia de Santa María de las Nieves, en Villanueva del Ariscal. Datado en el último tercio del siglo XIV, guarda similitudes con los anteriores, con el esquematismo característico de la época. Vencido sobre la cruz, se cree que los brazos pudieron ser sustituidos en el siglo XVIII.

Finalizando el siglo XIV y comenzando la siguiente centuria se enmarca el Cristo de los Cuatro Clavos. Preside el altar mayor de la basílica y real colegiata de Santa María la Mayor de los Reales Alcázares, en Úbeda, y desde 1976 hasta 1983 ocupó el testero de esta. Cristo muerto sobre la cruz tiene, al contrario que los anteriores, los pies atravesados por sendos clavos, no contando con tres en su totalidad sino con cuatro. Su contorsión es tan pronunciada que deja al descubierto gran parte del madero, encontrando sus devotos explicación a este movimiento tan pronunciado en una leyenda de origen renacentista.

¿Cuáles son los crucificados con mayor antigüedad que procesionan en Semana Santa?

Hasta tres tallas se consideran como las más antiguas de cuantas salen a las calles durante la Semana Santa en Andalucía. Se trata del Santo Cristo de San Agustín, protector de la ciudad de Granada. Según Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz habría sido realizado por el italiano Jacopo Florentino entre 1520 y 1525. En Córdoba la imagen que posee el marchamo histórico de ser la más antigua de las que realizan estación de penitencia es el Santísimo Cristo de las Penas. Diversos autores fechan su hechura en el siglo XIII mientras que otros sitúan su ejecución al principio del XIV, siendo remodelada profundamente con posterioridad para asemejarla al gusto imperante en el siglo XVI.

Por su parte, en Baeza se halla el Santísimo Cristo de la Misericordia, de la cofradía de las Escuelas, el más antiguo de cuantos recorren las calles de la provincia de Jaén, imagen gótica a caballo entre el siglo XV y comienzos del XVI.

Pero de ninguno de ellos está documentada su ejecución por lo que desconocemos exactamente su fecha, acudiendo a referencias que por sus características las engloban en periodos históricos. No sucede lo mismo con el Cristo de la Amargura, de Carmona, que en 2021 cumple el V centenario y del que se recoge documentalmente tanto la fecha como el autor, Jorge Alemán.

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