Córdoba, 💚 El Rincón de la Memoria

Los enigmas en torno al Cristo de la Expiración y el Remedio de Ánimas

Sin ningún género de duda, una gran parte del atractivo de nuestra Semana Santa reside en la innumerable cantidad de incógnitas que aún quedan por resolver y cuyas respuestas, probablemente, continúen estando eternamente perdidas entre los avatares de siglos pretéritos impidiéndonos conocer verdades completas.

Entre esas imágenes que han llegado hasta nuestros días convertidas en el foco de devociones históricas cabe destacar a los dos magníficos crucificados cordobeses del siglo XVII por excelencia: el Santísimo Cristo de la Expiración y el Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas, ambos rodeados de misterios en lo concerniente a sus orígenes y a las respectivas ideas plásticas que inspiraron la concepción de sendas tallas.

El Cristo de la Expiración, al que tuvimos la ocasión de ver recientemente por las calles de nuestra hermosa ciudad con motivo de la celebración de los 100 años de la fundación de su hermandad, recibió culto en su día en el convento anteriormente denominado de San Pedro el Real, tal y como demuestran los testimonios documentales conservados desde principios del siglo XVII.

Muchas fuentes son las que apuntan a las repetidas intervenciones de las que el crucificado fue objeto aunque solo exista constancia de las últimas cinco restauraciones, las cuales tuvieron lugar en el siglo XX por Victoriano Chicote en 1924, Miguel del Moral en 1953, Juan Martínez Cerrillo en 1959, Rafael Díaz Peno en 1965 y, por último, Rivero-Carreras 1985, proceso definitivamente satisfactorio, pues fue este el que logró devolver a la imagen todo su esplendor a través de una acertada policromía que al fin se correspondía con las características de otras obras también realizadas en el significativo siglo XVII.

La anatomía del Santísimo Cristo de la Expiración ha sido también objeto de numerosos debates – cuya hechura se fechaba entre finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII – puesto que, como se ha comentado en anteriores publicaciones, existe una visible incongruencia entre las extremidades del crucificado.

Muchas son las veces que el detenido análisis de la talla ha suscitado los elogios del colectivo cofrade, que no ha dudado en alabar la ejecución tanto del torso como de las piernas del agonizante titular de la corporación de San Pablo, destacando su sencillez a la par que impactante composición. Como brillante ha sido calificado también el esmerado tratamiento del paño de pureza, simulando un tejido suave y delicado. Características de las que carecen los brazos que, en palabras de María Dolores Díaz Vaquero y Alberto Villar Movellán, parece que hubiesen sido extraídos de un Crucificado de Alonso de Mena a juzgar por su rigidez y falta de vida (1991. Córdoba: Tiempo de Pasión. Córdoba, España. Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba).

El rostro del crucificado, por otro lado, ha sido asimismo ensalzado por su enorme fuerza dramática y expresiva, llevando a su máxima expresión la representación del último aliento de Cristo.

La suma de todos los detalles expuestos previamente condujo a asociar al Cristo de la Expiración, sin mucha dilación, a la célebre escuela granadina, caracterizada por su gran belleza, expresividad, sensibilidad y realismo pues, a pesar de la incertidumbre que rodea a la imagen, sus singularidades hacen pensar en la tendencia marcada por el famoso Pedro de Mena, a pesar de que los brazos, como ya hemos dicho, se aproximan más al estilo definido por el padre de este.

El torso del Santo Cristo también ha logrado captar la atención de los estudios realizados en torno a la talla, hecho comprensible si nos fijamos en el familiar arqueamiento de este y que, nuevamente, despertó la admiración hacia la destreza del desconocido artífice que, una vez más, demostraba conocer en profundidad las pautas seguidas en la producción de los Mena y estar especialmente familiarizado con algunas obras en concreto, como se puede deducir por el gran parecido entre el Santísimo Cristo de la Expiración y el que sostiene en sus manos el San Francisco del convento de San Antonio Abad de Granada, realizado en 1675, año en el que se estima que pudiese haber sido realizada la talla cordobesa.

Archivo Hermandad del Remedio de Ánimas

El Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas, por su parte – el cual, como ya explicábamos en antiguas publicaciones, perteneció en su día al denominado Hospital de San Sebastián, próximo a la emblemática Parroquia de San Lorenzo – pasó a ser titular de la hermandad que, fusionada con otras, adoptó una serie de reglas en 1690 en las que se reconocía la advocación del Santísimo Cristo de los Remedios. No obstante, dicha corporación y al igual que otras muchas, terminó desapareciendo a lo largo del siglo XIX. Los documentos que demuestran la citada fusión con la aprobación de aquellas normas, fueron los que inicialmente sirvieron de referencia para dar por hecho que realización de la admirada talla tuvo lugar en fechas anteriores.

El titular de la cofradía se ha caracterizado a lo largo del tiempo por su impactante e imponente aspecto, cargado de dramatismo, gravedad y solemnidad. El también anónimo autor del Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas fue capaz de dotar al bellísimo crucificado de una anatomía estilizada, realista y detallada – como se aprecia por el tratamiento de músculos, venas y tendones – y, su vez, otorgarle un efecto arcaico, hierático y profundamente místico que parece poder distanciarlo del espectador, cualidades todas ellas que, con toda probabilidad, se encontraban entre las intenciones del habilidoso y desconocido imaginero.

El rostro del Señor queda enmarcado por la falsa melena que oculta buena parte de sus rasgos, dándole un aire íntimo, misterioso y aún más oscurecido que ha logrado despertar la devoción de la comunidad cofrade a lo largo del tiempo. La boca queda entreabierta y el ceño ligeramente fruncido, también escondido tras la inconfundible corona de espinas, transmiten más una sensación de paz y serenidad que otra cosa.

La hipótesis del experimentado artista cobra fuerza al observar detenidamente la minuciosa técnica de tallado tanto de la barba como del bigote, ambos estrigilados y poco poblados, de gran calidad y tal vez de inspiración granadina.

Fue en el año de 1949, con motivo de la refundación de la hermandad del Lunes Santo, cuando la estética del Cristo del Remedio de Ánimas fue modificada con el firme propósito de adaptarla a las voluntades de los miembros fundadores, quienes buscaban potenciar al máximo el aire arcaizante de la imagen a través de la espesa melena y el llamativo sudario, detalles sin los que la sociedad cordobesa no sería capaz de imaginarse a la representativa talla y que, indudablemente, han dificultado un análisis más completo del enigmático titular de la cofradía.

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