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Los «sacapasos» y la patrona

La tumultuosa semana ha tenido como protagonista a la Virgen de los Reyes, Patrona de la Archidiócesis, por la suspensión de su procesión anual como ya presagiaba Gente de Paz hace unas semanas.

Justo después de la siempre polémica decisión de la no salida por segundo año consecutivo, se nos tachó de cobardes a los sevillanos por no rendir culto externo a la Virgen.

Y, al día siguiente, empezaron a subir los contagios. Primero fue en Cataluña y después en el resto de la Península, confirmando que el Covid, le duela a quien le duela, sigue con nosotros.

Teniendo en cuenta esta coyuntura, ¿quién piensa en este momento en sacar un paso a la calle?

Explíquenme quién cuernos atisba a meter a 30 o 40 señores en una ratonera a sudar como monos con fajas y costales a mediados de verano.

Detállenme como someten a cientos de sevillanos de la capital y la provincia a una férrea limitación de movilidad para evitar aglomeraciones y por ende subida de contagios.

Respóndanme, valientes. Seguro que pueden. Venga.

Pero seguramente la única manifestación sea la del silencio, y no hablo del hermano mayor de los primitivos nazarenos de San Antonio Abad.

Ese colectivo echado para adelante que quiere sacar pasos a toda costa no ve ningún peligro ni miedo a los rebrotes que afectarían a su propia salud, la de sus familiares, vecinos y quién sabe cuánta población más.

Su único fin e interés es el tachan tachan de los tambores y platillos mientras ven alejarse un buen palio o una Imagen de Gloria hasta que llegue una nueva y ansiada Semana Santa.

Lo que desconocen es que el tachan tachan sale cada día a la calle en forma de diputados de caridad, ayudando a tantas familias, organizaciones y colectivos que las están pasando canutas desde que empezó esta horrible epidemia.

Los forofos sacapasos tampoco son conscientes del dinero que supone abrir una iglesia cada mañana y cada tarde, un trabajo monumental que bien padecen los mayordomos de muchas cofradías, quienes han de asumir gastos de cera, flores, iluminación, aire acondicionado, mantenimiento, personal … Y tantos detalles en los que no reparan los entendidos de las procesiones.

Las corporaciones penitenciales, de Gloria y sacramententales siguen, gracias a Dios, actuando con sensatez frente a los fanáticos de las salidas procesionales y las extraordinarias.

Ellos, sin embargo, siempre intentarán caer en comparaciones banales con provincias como Jerez (en Cádiz) o Huelva capital. Pero es inútil comparar la incidencia del virus en un lugar o en otro, porque no hay criterios científicos a día de hoy para entender por qué en un lugar hay más números de enfermos de coronavirus que en otro. Cada lugar geográfico es distinto, y por tanto tampoco es viable medir el termómetro moral de dos ciudades en función de si sacan pasos a la calle o no.

La suspensión de la procesión de la Virgen de los Reyes era un secreto a voces desde hace tiempo, no porque nadie lo haya largado a algún medio de comunicación; sino porque las condiciones sanitarias no son las adecuadas para que pueda salir una devoción a la calle con todas las garantías.

La solución, al menos de momento, son esas pequeñas alegrías que dan corporaciones como la Pastora de Capuchinos o el Sagrado Corazón de Jesús en Nervión, acercando a sus Titulares a la puerta del Templo e incluso llevándolos en andas hasta el patio para volver a entrar minutos después, lo cual también hará el próximo 16 de julio la Hermandad del Carmen de San Leandro con su Titular Mariana.

La situación es complicada y todos debemos asumir que, más allá de esos gestos de cercanía a los fieles, las cofradías han de dar ejemplo en un contexto tan duro como el de una pandemia sanitaria mundial que aún forma parte de nuestro entorno.

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