Málaga

Málaga estalla en fervor y júbilo con su Cautivo

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No hizo falta su renovado trono, ni su excelente banda, ni las interminables filas de nazarenos o penitentes flanqueándole. Ni tan siquiera resultó necesario que fuera Lunes Santo. Bastaron unas sencillas andas y dos decenas de hermanos que abrían cortejo. Lo demás, lo hizo el corazón de Málaga, que late al compás del vaivén de la túnica de su Cautivo. Él lo llenó absolutamente todo con la dulzura de su mirada, sus maniatadas manos y su inconfundible túnica de blanco pureza. La ciudad malagueña lo sabe, y lo esperó como siempre y, a la vez, como nunca.

Desde su salida de San Pablo, donde el estallido de júbilo y devoción fue histórico en el momento en el que la efigie del Cautivo hizo acto de presencia, los aplausos y los vítores se fueron contagiando uno tras otro, sin cesar en prácticamente ningún momento de su transcurrir por las calles de su barrio, para luego desembocar en el centro de la ciudad, arribando a la Catedral malagueña, donde ya descansa a la espera de recibir a los fieles a partir del día 21, cuando comienza la exposición «El Verbo se Hizo Carne».

Parecía que no había pasado el tiempo. Faltaban muchos, que perecieron por la fatal enfermedad, pero quienes acudieron a las plantas de su Cautivo no olvidarán jamás el momento en el que la imagen de sus amores retornaba a las calles de una ciudad que se había visto huérfana durante más de año y medio de sus más arraigadas tradiciones y devociones. Es cierto que Jesús Cautivo nunca se fue, y recibió incontables visitas en su templo durante esta oscura y triste época. Pero la ciudad necesitaba de su presencia por las calles.

La nocturnidad a la que el Cautivo, así como las distintas hermandades que han realizado sus traslados en la madrugada de hoy, se han visto obligadas a acogerse, no ha impedido en ningún caso que el cofrade malagueño se aferre con gran fervor a las imágenes sagradas, arropándolas en cada punto de los itinerarios, ávidas de su presencia. Desde luego, a Málaga no le ha importado madrugar para reencontrase con las imágenes que cautivan su alma. Era evidente.

Málaga estalló de júbilo a la par que el Cautivo le dirigió su mirada, tras la época tan oscura que, por desgracia, nos ha tocado vivir. Un idilio sin parangón, el de la capital de la Costa del Sol con su Cautivo, que por fin ha podido reencontrarse en la calle, esperamos que para que nunca vuelva a suceder algo así.

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