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Granada

Manuel Madroñal Isorna desvela su última obra

El imaginero sevillano Manuel Madroñal Isorna ha presentado su última obra, realizada para la localidad granadina de Motril. Se trata de un centurión romano para el grupo escultórico de la hermandad del gran poder de dicha localidad. 

La imagen mantiene un diálogo con el cirineo y le va marcando el camino que tiene que seguir Jesús. Está realizada en tamaño natural en madera de cedro real, policromado al óleo. Los ropajes han sido realizados y diseñados por Oscar Torres y Juan M. Jurado y la orfebrería ha sido ejecutada por Orfebrería Bernet.

El autor

Manuel Isorna Madroñal (1981) nace en la sevillana localidad de Mairena del Alcor al compás procesional de las marchas andaluzas y la jondura de la saeta mairenera. No se conoce a sí mismo sin una estampa, una figura o una caja de zapatos hecha misterio santo y toma conciencia desde muy pequeño de un futuro ligado al costal, al sonido metálico de unas bambalinas y a la mezcla de olores del incienso con la cera que arde.

Así con 14 años ingresó en la Escuela de Arte Sevillana con el único currículum de haber jugado con el barro y sus dedos buscando la vida de miles de diminutos Cristos, romanos y san juanes. Va en busca del arte y el oficio, del reconocimiento de las tres dimensiones, del estudio de las escuelas de imaginería, sus aportaciones, su belleza…pero también en busca de la gubia, reina del imaginero, o del compás, ahora como instrumento, pero también de serrucho y el martillo, es decir, del arte y el oficio.

Empezaba a entender y manejar la artesanía pero buscaba la mayúscula, imaginaba modelar la humildad y la compasión por los hombres de Cristo con sus propias manos y comenzó a llamar con la mano abierta a las puertas de las más insignes imaginerías sevillanas hasta que Lourdes Hernández, escultora y maestra de nuestro protagonista se las abrió de par en par a modo de Academia aristotélica en la que aprendió a bruñir y dar lustre al suelo y la imagen mientras terminaba sus estudios en talla de madera y el Grado Superior de escultura en piedra.

Formación, estudio y afición, sus maneras y madera de imaginero empezó a dar frutos profesionales comenzando a encontrar su sitio dentro del barroco y seducido por la escuela granadina de Pedro de Mena o José de Mora y por los matices castellanos para crear una forma particular y definitoria del artista, sin salir de los códigos de la imaginería apuntala su propio camino.

Inauguró taller propio con 23 años y su obra procesiona por todas y cada una de las provincias andaluzas, por muchas ciudades españolas desde Logroño a Badajoz, desde Albacete a Salamanca e incluso han echado el pie izquierdo adelante en América como la María Magdalena que procesiona en Caracas (Venezuela)

El estudio anatómico de cada fisonomía, de cada músuclo, la policromía certera y austera, dolorosa, el uso del espacio en la escena, la gravedad del pelo o la estética del vestuario definen a un autor maduro que sigue creciendo y que encuentra su leitmotiv en el hecho devocional, de crear para sentir, para rendirse ante la misericordia, a través de un concepto de realismo y una riqueza ornamental precisa que van detrás de la oración, la lágrima, la felicidad. Una vez alcanzada, la imagen forma parte del imaginario y los fieles, y se desprende del autor que deja de sentirla suya. Paternal y justo, artista y creyente… imaginero.

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