Manuel Martín Nieto presenta la nueva imagen del Señor de la Humildad en su Expolio para la Agrupación Parroquial de Barbadillo en Jerez de la Frontera

Una obra concebida entre el silencio del taller y la reflexión artística

En el tramo final del calendario de trabajo del imaginero Manuel Martín Nieto, cuando el ritmo de encargos comienza a descender y el cansancio acumulado a lo largo de los meses se hace más palpable, el ambiente de su estudio se convierte en un espacio dominado por el silencio, la concentración y el recogimiento. En ese clima de introspección ha visto la luz su más reciente creación: la imagen de Nuestro Señor de la Humildad en su Expolio, realizada para la Agrupación Parroquial de la Humildad de la barriada de Barbadillo, en Jerez de la Frontera.

La presentación pública de la obra ha llegado acompañada de un amplio reportaje fotográfico realizado por el artista Jorge Cabrera, hermano del escultor, cuyas imágenes permiten contemplar con detenimiento cada uno de los matices de esta nueva talla. El conjunto fotográfico muestra tanto la imagen ya vestida como diferentes instantáneas en las que la escultura aparece sin atavíos, permitiendo apreciar la riqueza de su anatomía y el estudio formal que sustenta la composición.

El instante del Expolio en el Monte Calvario

La escena representada se sitúa en uno de los episodios más dramáticos de la Pasión de Cristo: el momento en el que el Señor es despojado de sus vestiduras antes de la crucifixión, ya en el Monte Calvario. Este instante, cargado de intensidad simbólica y espiritual, constituye el eje narrativo sobre el que gira la concepción iconográfica de la obra.

Tras largas jornadas de estudio, reflexión y numerosos bocetos previos, el escultor decidió abordar la representación desde una perspectiva diferente a la habitual. La intención fue mantener el respeto por la tradición iconográfica, pero introduciendo al mismo tiempo una interpretación que subrayara con mayor claridad la naturalidad y la dimensión humana del momento.

Con ese propósito, el artista optó deliberadamente por apartarse de la representación más extendida de Cristo con los brazos abiertos, una postura frecuente en este pasaje, para plantear una composición más dinámica que evocara con mayor veracidad el instante descrito en los Evangelios.

Una composición dinámica que sugiere el movimiento del grupo escultórico

Tal y como puede observarse en las imágenes del reportaje —especialmente en aquellas en las que la talla aparece sin vestir—, la figura del Señor adopta una posición corporal cargada de movimiento y tensión narrativa. El pie izquierdo se adelanta mientras el derecho queda retrasado, generando un leve desplazamiento del peso corporal que refuerza la sensación de acción.

El torso gira hacia el lado izquierdo y el hombro derecho se adelanta, configurando una línea compositiva que anticipa la interacción con las figuras que completarán el futuro grupo escultórico. Los brazos aparecen descolgados, como si acabaran de ser tirados con violencia hacia el lado izquierdo por los sayones, gesto que cobra pleno sentido en el contexto de la escena completa.

El gesto del rostro y la dirección de la mirada

El busto del Señor se inclina ligeramente hacia la derecha mientras la mirada se dirige hacia la izquierda, una disposición que responde a un gesto instintivo: el del cuerpo que reacciona al brusco tirón de quienes lo empujan. En esa reacción, primero gira la mirada y solo después la cabeza, reproduciendo así un movimiento natural que aporta verosimilitud a la escena representada.

El cuerpo aparece levemente semiflexionado, reforzando la sensación de desplazamiento y tensión. Esta solución formal permite transmitir simultáneamente humildad, dignidad y una profunda humanidad, incluso en medio del sufrimiento que define el momento del Expolio.

El sudario y la anatomía de la imagen

La imagen porta un pequeño sudario tallado al modo judío, concebido como un sencillo paño de pureza que acompaña discretamente la anatomía de la figura. Este elemento, lejos de restar protagonismo a la composición corporal, subraya la intención del autor de respetar la estructura anatómica y la naturalidad del gesto escultórico.

La talla presenta una altura de 1,80 metros en la posición representada, aunque, si la figura apareciera completamente erguida, alcanzaría aproximadamente los 1,85 metros. Pese a su notable presencia física, el escultor ha buscado una anatomía estilizada y armónica, pensada para reforzar la elegancia y el equilibrio del conjunto.

La talla en cedro real y el proceso de policromía

Toda la obra ha sido tallada íntegramente en madera de cedro real, incluyendo la peana y la propia corona de espinas, que forma parte estructural de la escultura. Tras el proceso de talla, la imagen fue estucada y posteriormente policromada mediante técnica al óleo, siguiendo procedimientos tradicionales propios de la imaginería sacra.

La policromía revela una notable riqueza cromática y una cuidada gradación de matices, destinados a reflejar los signos de la Pasión que Cristo ha padecido antes de alcanzar el Gólgota. Entre estos detalles se encuentran los profundos flagelos, las heridas en las rodillas y la llaga del hombro provocada por el peso de la cruz.

Para lograr una mayor profundidad visual, el escultor ha trabajado diferentes planos de talla y relieves, combinando el modelado escultórico con los recursos pictóricos de la policromía. Las veladuras permiten percibir con claridad por toda la anatomía los azotes sufridos durante la flagelación, reforzando así el realismo del conjunto.

La expresión del rostro

El rostro del Señor transmite dolor y sufrimiento, pero al mismo tiempo una marcada dulzura que suaviza la crudeza de la escena. En los ojos verdes de la imagen se percibe la intensidad del camino hacia el Calvario, aunque también una serenidad que se asocia a la humildad infinita y a la entrega redentora de Cristo por la salvación del mundo.

Esta dualidad emocional constituye uno de los rasgos centrales de la obra, en la que el dramatismo de la Pasión convive con una expresión de paz interior que matiza el impacto visual de la composición.

Un reportaje fotográfico iluminado únicamente con luz natural

El conjunto de imágenes que acompaña la presentación de la obra ha sido realizado exclusivamente con la luz natural que entra desde la calle al interior del estudio del escultor, sin el empleo de flashes ni retoques posteriores. Esta elección responde a la intención de mostrar la policromía tal y como se percibe en la realidad, evitando cualquier alteración cromática.

La iluminación ambiental del sol, sin incidir de forma directa sobre la escultura, permite observar la textura de la talla, las veladuras pictóricas y los matices cromáticos con total fidelidad al resultado final.

Reconocimiento al equipo de trabajo y colaboradores

El imaginero ha querido expresar públicamente su agradecimiento al equipo que ha participado en el proceso creativo dentro del taller. Entre ellos se encuentran su oficial Juan José Fernández Almagro, su ayudante Antonio Jesús Ángel Verdugo y su discípulo Gonzalo Quesada, a quienes reconoce su dedicación, apoyo constante y trabajo diario en el desarrollo de la obra.

Del mismo modo, ha agradecido la colaboración de José Carlos Arroyo y Pablo Villalba, a quienes considera una fuente de inspiración tanto en el estudio anatómico como en la dimensión expresiva de la imagen.

Gratitud a la Agrupación Parroquial de la Humildad de Barbadillo

El escultor también ha trasladado su reconocimiento a los hermanos de la Agrupación Parroquial de la Humildad de la barriada de Barbadillo, a su Hermano Mayor, a la Junta de Gobierno y al conjunto de sus miembros, destacando de manera especial la confianza depositada en su trabajo.

Entre los agradecimientos menciona particularmente a Juan Jacinto y Francisco, señalando el afecto y respaldo recibido durante el proceso de creación de la imagen.

Una obra concebida como instrumento de evangelización

El artista concluye su presentación señalando que, por encima de cualquier reconocimiento personal, considera que su labor solo es posible gracias a la acción de Dios, que permite que de sus manos puedan surgir imágenes destinadas a representar a Jesucristo.

En ese sentido, expresa su deseo de que esta nueva talla del Señor de la Humildad en su Expolio pueda convertirse en un instrumento de evangelización y un camino de encuentro espiritual, invitando a quienes la contemplen a dirigir una oración o una petición al Señor a través de la imagen.

Asimismo, anima a quienes lo deseen a difundir la obra entre sus allegados y en las redes sociales, con la esperanza de que la devoción hacia esta representación de Cristo continúe extendiéndose entre los fieles.