Maquinaciones, trapos sucios y ladridos sobre los muros

Suspira el querubín, sobrevolando el ego de quienes piensan que una vara dorada es un título de propiedad de la hermandad de la que se sirven, observando con detalle las maquinaciones de unos y los trapos sucios de otros, que han convertido en desencanto la ilusión del único valiente que se atrevió a dar la cara. Suspira avergonzado por quienes medran en la penumbra y por quien ladra sobre los muros.

Suspira el ángel, sorprendido porque solo han sido dos de tres, sin comprender del todo por qué se espera a la decisión de quien hace tres, preguntándose, si en el fondo, se prefiere que la cosa queda en dos para buscar otro tres que minimice el presupuesto. Suspira recordando que llegaron a ser tres para contentar a los mismos que ahora podrían quedar descontentos.

Suspira el serafín por quienes aprovechan conversaciones privadas, conseguidas a salto de mata, para lograr exclusivas que cierran puertas y desvelan miserias. Suspira por quien olvida que la palabra es más importante que la primicia ocasional y que los enemigos de quien se encuentra enfrente se acaban y con ellos la posibilidad de ser destino de la filtración soñada.