Córdoba, La vara del pertiguero, Opinión

Mejor quien cumple la Palabra

Ya conocemos por redes sociales y medios de información el desafortunado incidente verbal que se vivió durante el via lucis de la hermandad de la Paz y Esperanza. Su propia Junta de Gobierno ha expresado su malestar y su firme determinación de poner coto a tales manifestaciones. Para quien no lo sepa, en un momento determinado de la procesión pudo escucharse una desentonada alabanza a la Paloma de Capuchinos en la que, de forma velada, se deshonraba a otra dolorosa. Aunque no se decía claramente su nombre, la referencia era sencilla de comprender.

Hay quienes, dentro de su frenesí inusitado, lanzan «piropos» a sus «vírgenes» y «señores» con tanta intensidad y drama que olvidan los límites del decoro. El problema se acrecienta cuando se llega a la chabacanería y minusvaloran cualquier otra imagen de la Virgen que, en definitiva y para mayor tragedia, representa a la misma Virgen que supuestamente se venera. Porque Virgen solo hay una, al igual que solo hay un Dios, siendo pues las imágenes meras representaciones de ellos. De este modo, al agraviar a una de estas imágenes, no en cuanto a lo material, sino en cuanto a lo que representan, están desprestigiando la figura de María, de un santo o de Dios. Es así de simple el razonamiento.

Estas exaltadas actuaciones y vivencias de la «fe», muy cuestionables por otra parte, se están convirtiendo en un hábito demasiado recurrente dentro la Semana Santa andaluza. Raro es que no salga un vídeo donde se escuchen ciertas manifestaciones devocionales desaforadas, ya sea por su mal gusto o porque rayan la grosería. Son nuevas modas, como la del cangrejeo, que deberían ponerse en cuarentena; pues no hemos de olvidar que se producen durante el ejercicio de un acto de culto, es decir, de espiritualidad y religión, el cual es signo de adoración, veneración y adhesión. Por tanto, es evidente que no todo vale.

Del mismo modo que el auriga de Platón, que debía conducir el carro tirado por dos briosos corceles que simbolizaban las pasiones, nosotros debemos procurar que el ímpetu irracional no guíe nuestro camino y nos convierta en meros altavoces de emociones pasajeras. En otras palabras, si tenemos razón y conciencia es para dirigir nuestros actos, incluyendo aquí lo que decimos, sobre todo cuando tiene que ver con nuestra fe e implica a otros muchos, como es el caso de las hermandades. Así, hemos de tener muy presente la mesura, ya que no podemos convertir las cofradías en hinchadas de hooligans.

Hasta los evangelios nos dan una muestra de esto. Estando Jesús rodeado de gente, una mujer le dijo en voz alta: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron» (Lc 11,27). Tal expresión, traducida de una forma coloquial y muy propia de nuestro día a día, sería idéntica a aquella que dice: «¡Viva la madre que te parió!». Todos apreciamos la bondad de la frase y su sano propósito, ya que encierra muchísima emoción. Sin embargo, Jesús le contestó a aquella mujer de una manera lapidaria: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 11,28). No se puede ser más conciso ni tener más razón.