Sevilla

Nunca llueve a gusto de todos

Nunca llueve a gusto de nadie. Eso debieron pensar los sevillanos cuando se enteraron de la reestructuración del calendario laboral y sus festivos votados en el pleno del Ayuntamiento. 

Los políticos, esos elegidos por el pueblo o puestos en ese sillón por pactos del diablo, son los encargados de quitar y poner los festivos de una ciudad con sus tradiciones y costumbres. Pero como en botica… hay opiniones para todos los gustos.

Resulta que el día de San Fernando, Patrón de Sevilla para algunos y no para otros, deja de ser festivo a favor del miércoles de feria, esa feria que este año no ha estado exenta de polémica entre los mismos habitantes hispalenses.

Bueno, que resulta que el 30 de abril deja de ser festivo. Un día en el que muchos aprovechaban para darle una vuelta a la casa de la playa y ponerla a punto para el período estival; otros para ir a Ikea y remodelar la vajilla o la mantelería; pocos eran los que acudían a la Catedral a los actos organizados cuando clareaba la mañana. Temprano, muy temprano, para muchos.

Sin embargo, otros quieren seguir manteniendo ese día festivo por todo lo que representa en sus creencias y su fe. Un día en el que rendir pleitisía, honores y culto a aquél que reconquistó Sevilla. Defienden que el día de los patrones de un lugar debe ser festivo.

Aquí, en Córdoba, son muchos los que no conocen el nombre de nuestros patrones, San Asciclo y Santa Victoria (no San Rafael ni la Fuensanta), mucho menos su día por no ser festivo.

Con esto no estoy defendiendo, ni mucho menos, la decisión del Ayuntamiento de Sevilla. A ellos sólo les puedo decir que respeten las costumbres arraigadas de la ciudad y que se dejen de hacer mini referéndum en los que participan sólo sus simpatizantes y allegados.

Menos mal que no tocan el Corpus y que por lo menos se cuenta con su presencia. No como en la ciudad que custodia San Rafael, que aprovechan para salir por patas o quedar y maquinar otra nueva metedura de pata u ofensa hacia los cofrades.