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El Rincón de la Memoria

Paloma de Capuchinos, El Vito y el capataz que se durmió en la Campana

Soñábamos con mejorar la manera de procesionar a nuestros titulares y el equipo de capataces profesionales de Rafael Muñoz hacíamos lo posible por aprender y contrastar con todo lo que se pudiera ver en cuanto a costaleros. Así recuerdo que deseosos de ver algo el Miércoles Santo, después de pagar a la cuadrilla y entregarles bocadillo y vino, salíamos corriendo para ver a la otra cuadrilla cordobesa, la de los Sáez, en su entrada a San Pedro. Allí me quedé sorprendido al ver una levantá diferente a lo que conocía. No llamaba el capataz sino que desde dentro los propios costaleros levantaban a la voz de “a-rri-ba”. Lo importante era ver algo más de lo que hacíamos nosotros y aunque fueran diferentes aprendías algo.

El Jueves Santo una vez encerrada La Reina nos íbamos a Sevilla a ver la Madrugá para volver a Córdoba por la tarde del viernes con hora de ducharnos volver al traje negro e ir a sacar al Santo Sepulcro. Tanto queríamos vivir y ver, y tan intensa era la semana que Ignacio Torronteras se quedó dormido en una silla de la Campana al sentarse a tomar un leve descanso. Quedábamos impresionados al ver aquellas maneras de andar con acompañamientos musicales de mucha perfección y teníamos la esperanza de poder disfrutar de una banda detrás de nuestros pasos de manera similar a lo que veíamos en Sevilla. ¡Qué tiempos de ilusión!, descubriendo y soñando con una Córdoba de Semana Santa brillante.

Desde aquellos comienzos de las cuadrillas de hermanos, todos nos íbamos frecuentemente a Sevilla para aprender, contrastar, coger ideas nuevas. Pues también como pasó en el siglo XIX en muchos aspectos nos llevaban ventaja; no habían tenido el decreto Trevilla ni los altibajos posteriores en los que perdimos el tren. Leí hace tiempo que en el año 1903 en Sevilla salían 35 hermandades con 55 pasos, sus correspondientes bandas, protocolos de entrada en Carrera Oficial… mientras en Córdoba en 1930 salían sólo 9 de las que Expiración, Sepulcro y Dolores formaban una sola procesión, que iba a la Catedral el Viernes Santo.

Algunos nuevos capataces se apuntaron a salir de costaleros en Sevilla o visitaban los ensayos de aquellas, también jóvenes cuadrillas de hermanos pero con una tradición muy consolidada, para aprender de la experiencia sevillana. Recuerdo que el primer conocido que lo hizo fue Javier Romero en “La Bofetá”.

Y por fin llegó la incorporación de la música al acompañamiento de los pasos, pero no todos tuvimos la suerte de tenerla en los primeros años. Concretamente en Jesús Caído desde el 79 hasta el 82 fuimos sin acompañamiento. La Banda Municipal tocaba en la Carrera oficial a un paso cada día y si te tocaba eras el rey. Nuestro decano Costalero Rafael Madueño se acordará de cómo disfrutamos aquella noche de 1982 cuando nos tocó a nosotros. El director D. Luis Bedmar nos felicitó al término de la Carrera Oficial.

Las primeras bandas que vinieron eran de cornetas y tambores o “mixtas” que se les llamaba entonces a las agrupaciones. Pero llegaron las bandas. Los palios fueron los primeros y se produjo, durante años, la moda de los palios. El costalero prefería salir en un palio, como ahora les llama más la atención los misterios.

Recuerdo las primeras agrupaciones. La de Arahal (La Magdalena) en la Alegría o la de Alcalá de Guadaira en la Soledad de San Cayetano. La primera Banda de Música no llega hasta el año 82. Fue la de Herrera que acompañó a Ntra Sra. de los Desamparados y a Ntra. Sra de las Lágrimas.
Al Caído la primera buena fue en el 85, “El Sol”. Habíamos pasado en años anteriores por bandas de escasa categoría, hasta una banda de encapuchados de Alcalá de Henares que no sabían lo que era la granadera.

Comenzaron a venir bandas mejores y a crearse las primeras bandas de Córdoba. La del Huerto (Cornetas y tambores) que después fue de la Esperanza, la banda del Císter (base de la Estrella después), la Banda de música del Cristo del Amor… Totalmente analfabetos del tema “marchas”, durante aquellos primeros de los 80, se daba la paradoja que en Sevilla se tocaba Paloma de Capuchinos, hecha por Melguizo para la Paz, y aquí ni se conocía tal marcha.

Producto de la poca cultura musical cofrade y a los momentos de euforia que se vivían se daban situaciones inapropiadas. Hubo bandas que tocaron marchas de todo tipo que no eran procesionales. Recuerdo que “Alma de Dios” con los “dindones” volvía loco al personal y entonces era un fragmento de zarzuela. Villancicos adaptados, sardanas, incluso se llegó a tocar “El Vito”. Poco tiempo después llegó la cordura y la prohibición por parte de la Agrupación de estas no marchas. Todo llegó a su lugar pertinente con una reglamentación adecuada en el año 82 y un tiempo de aprendizaje de los responsables de estas cuestiones.

Ahora, llegados a la madurez cofrade se puede decir que está cumplido el sueño de aquellos capataces que querían ver a su Córdoba con una Semana Santa brillante.

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